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23/09/2019

Soy masoquista

Soy masoquista

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Todos los seres humanos, ya sea que lo deseemos o no, alguna vez experimentaremos dolor emocional en nuestra vida. Pero es importante saber que existe un dolor que es útil (el dolor del crecimiento) y otro dolor que es totalmente inútil (el dolor del masoquismo).

El dolor útil es el que se genera en la persecución de un sueño grande porque, para lograr eso que tanto anhelamos, hay un precio que debemos pagar. Aceptarlo nos aleja del sufrimiento. En cambio, el dolor inútil es el que siente aquel que “paga con dolor” por adelantado. ¿Qué significa esto? Que la persona busca sufrir y se genera esa emoción que no le sirve en absoluto (es un pseudopago porque nunca logra pagar nada).

Cuando perseguimos un sueño, una meta, el dolor nos encuentra en algún punto del camino. Cuando somos masoquistas, nosotros mismos buscamos el dolor y creemos merecerlo.

Es inútil el dolor que no nos conduce a accionar. Es inútil el dolor que proviene de la actitud de víctima porque nos aleja de la solución. Es inútil el dolor que no genera un cambio en nuestra vida. Es inútil el dolor que nos paraliza y no nos permite avanzar y experimentar la mejora continua.

¿Cuál es el comportamiento típico de un masoquista? Básicamente adopta estas actitudes:
-No se permite disfrutar nada (por ejemplo, no usa nada de lo que le regalan).
-No siente placer por nada (¡ni aunque se encuentre en un hotel cinco estrellas!).
-Se aleja de personas, lugares y actividades que le hacen bien.
-Se lastima a sí mismo con culpa cuando la vida le sonríe.

En muchos casos el dolor se transforma en un hábito, sobre todo, cuando aprendimos a experimentar dolor psíquico en la niñez. Hay gente que cree que “siempre sufre más que los demás”. Son incapaces de sentir empatía por alguien, pues lo único que importa es “su” dolor y harán todo lo posible por llamar la atención hacia ellos.

¿Qué podemos hacer para dejar de sufrir innecesariamente? Comparto algunas ideas:

Procurar un balance entre placer y dolor. Si en nuestra vida todo es dolor, deberíamos prestar atención.

Cercar el dolor psíquico con emociones positivas. Para que el dolor no nos abrume y nos derribe, es importante construir el contexto. Es decir, rodear esa emoción negativa con momentos de felicidad que nos traigan alivio.

Tratarnos con amabilidad. ¿Cuál es el trato que te das a vos mismo a menudo? ¿Te creés merecedor de lo bueno? Sé amable con vos mismo, tal y como lo sos con otros. No te critiques, no te juzgues, no te hieras sin sentido.

Adoptar una actitud de esperanza siempre pero, en especial, cuando sufrimos. ¿Cómo te relacionás con el dolor emocional que surge en tu vida? Eso marcará la forma en que lo experimentes. Podés compartir tu dolor con alguien pero que no sea tu tarjeta de presentación.

Si bien, cuando tenemos dolor, necesitamos aceptarlo para que no se transforme en sufrimiento, debemos ser conscientes de que su función en nuestra vida es llevarnos a la acción, no a la reacción. Es decir, motivarnos para ser mejores personas y aprender para crecer y avanzar. Ese es el dolor útil.

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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