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02/09/2019

Ese miedo no me pertenece

Ese miedo no me pertenece

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Converso con mucha gente que se queja de haber sido sobreprotegida por sus padres u otros parientes. Y la mayoría de ellos han sido afectados de alguna forma. Por ejemplo, alguien a quien su mamá o su papá nunca dejaba solo o sola, de grande puede tener dificultades para organizarse en la vida diaria. O alguien a quien no dejaban hacer nada en casa, luego será dependiente de otros porque se sentirá inútil.

¿Qué consecuencias suele traer aparejada la sobreprotección?

Por lo general, la persona que fue sobreprotegida, en todas o en algún área de su vida, se convertirá en un adulto con baja autoestima. Entonces le costará mucho tomar decisiones. Siempre tendrá dudas de lo que haga y tenderá a aislarse del mundo porque cree en su ser interno que todo es “peligroso”. Además, mostrará baja tolerancia a los conflictos porque todas sus necesidades fueron siempre satisfechas en la niñez y nunca tuvo que preocuparse por nada.

¿Cuál es el mensaje que alguien sobreprotector entrega?

Vos nos podés, no sos capaz, y yo tengo que hacerlo por vos.
Casi siempre una persona que ha atravesado una experiencia negativa y dura (como la pérdida de un hijo o una mala relación con sus padres) luego adoptará una actitud sobreprotectora, no solo con un hijo sino con todo el que esté en su vida: pareja, padres, amigos, etc.

Estas son tres conductas típicas de alguien que fue sobreprotegido:

-Se preocupa excesiva y obsesivamente por los demás.
-Responde en lugar de los demás.
-Se aísla de la gente y carece de vida social por miedo a que le hagan daño.
Quien sobreprotege, en especial a los hijos, es alguien tóxico que les transmite sus propios miedos. Es por eso que en ocasiones sentimos que tenemos miedos que no nos pertenecen. Muchos viven, sin darse cuenta, con “miedos prestados” que nunca logran reconocer. El miedo, que es el opuesto del amor (no el odio como muchos creen) nos paraliza y no nos permite avanzar y crecer en la vida.

¿Podemos ser libres de los miedos que no nos pertenecen?

¡Claro que sí! Si tenés miedos prestados desde la infancia debido a la sobreprotección que recibiste, seguramente serás obsesivo, obsesiva, con tus pensamientos. Tal vez pases días o semanas dándole vueltas a un mismo pensamiento negativo. Para lograr ser libre, es importante aprender a deshacernos de esas ideas que nos perturban rápidamente y reemplazarlas por otras positivas que nos resulten útiles.

Todos podemos desarrollar el hábito de ponerle un alto a nuestra mente con autoridad y ponernos de acuerdo con lo positivo. Nadie tiene poder sobre nuestra mente, excepto uno mismo y gran parte de nuestros conflictos no están afuera sino en nuestra cabeza. Y nada cambia hasta que la mente (que puede ser nuestra amiga o nuestra enemiga) es transformada.

Alguien que ha sido sobreprotegido posee un yo afectado y precisa no solo trabajar con su mente sino con todo su ser interior, con ayuda profesional si es necesario, para superar esos miedos que no son suyos y así lograr tener autoconfianza.

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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