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20/08/2019

¿Por qué nos enojamos?

¿Por qué nos enojamos?

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Mucha gente, impulsada por la ira, se niega a obedecer las normas de convivencia e intenta imponer su voluntad peleando, gritando, golpeando, etc. En el fondo tienen la creencia de que de este modo están “marcando el territorio” y dejando en claro cuáles son sus intenciones. Lo cierto es que, cuando recurrimos a la violencia, agotamos todos los argumentos que poseemos para resolver lo que tenemos por delante.

¿Por qué nos enojamos y nos violentamos a veces?

La respuesta es porque carecemos de recursos para enfrentar una situación. Como resultado, levantamos la voz para apagar la reacción de la otra persona. Por lo general, lo único que conseguimos es que el otro reaccione de dos posibles formas: que se retire o que doble la apuesta y nos devuelva más de lo mismo. La violencia nunca es un camino aconsejable.

Toda vez que alguien nos provoca, nos ataca, lo que está haciendo es invitándonos a pelear “su” batalla. Si nos enlazamos reaccionando mal, ingresamos en una batalla que no elegimos, que no es “nuestra”. Y aunque ganemos una batalla equivocada, perdemos. Nadie gana en la guerra. Nadie gana en una separación o un divorcio. Todos pierden. Por eso, lo ideal cuando nos invitan a una batalla equivocada es no responder a esa emocionalidad negativa con emocionalidad del mismo tipo.

No permitamos que la gente escoja nuestras batallas.

Te invito a considerar ahora dos ideas erróneas sobre el enojo:

1. Si exploto, me libero. Falso
Explotar solo hace que nos recarguemos y generemos más ira. Muchos creen que viven en un modo de “encendido y apagado” y solo pueden estar en alguno de estos dos estados: alterados (violentos) o tranquilos (pasivos). Todos podemos aprender a manejar la ira para que no nos termine manejando a nosotros. El mal carácter solo aleja a los demás de nuestro lado.

2. Tengo que reprimir mi enojo. Falso
Esto no sirve en absoluto, pues la ira reprimida se transforma en resentimiento que, tarde o temprano, saldrá agresivamente en forma de palabras que hieren o reacciones equivocadas. Quienes guardan lo que sienten durante mucho tiempo casi siempre acaban por explotar en algún momento.
La mayoría de los seres humanos nos enojamos porque le tenemos miedo al otro, tememos su posible reacción, y somos incapaces de ponerles límites a los demás. En realidad, es a nosotros mismos a quienes no podemos ponernos límites. Esta actitud nos conduce a enojarnos con alguien más (explosión emocional) o con nosotros mismos (implosión emocional).

¿Qué deberíamos hacer entonces con el enojo? Básicamente lo siguiente:

Gastarlo de manera corporal. Es decir, con alguna actividad física porque, aunque evitemos pelear mentalmente, la emoción puede quedar guardada en el cuerpo. Ponerlo en palabras con tranquilidad, expresarlo limpiamente: sin insultar, ni culpar, ni amenazar, ni rotular, ni humillar a nadie. Huir de los disparadores: esas cosas que sabemos bien que nos pueden hacer enojar. Y, sobre todo, recurrir al humor. Cuando nos reímos de las situaciones difíciles, la vida nos resulta mucho más fácil.

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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