Editorial
26/06/2019

Con el cambio climático vuelve el apartheid

Pensar que el sector privado puede asegurar la lucha contra la crisis climática producirá una nueva diferencia entre ricos y pobres: mientras los primeros podrán escapar o mitigar los peores efectos del calentamiento global, los segundos sufrirán hasta las últimas consecuencias. Tal es el escenario que tiende a dibujarse, según avizoran expertos en la temática, ya que a pesar de las múltiples advertencias, los gobiernos reaccionan de manera tenue o inclusive, profundizan los daños.

Días atrás se dio a conocer el informe “Cambio climático y pobreza”, a cargo de la Relatoría Especial de la ONU sobre la pobreza extrema. El texto avisa que “el cambio climático tendrá consecuencias devastadoras para las personas en situación de pobreza. Incluso en el mejor de los casos, cientos de millones se enfrentarán a la inseguridad alimentaria, la migración forzada, las enfermedades y la muerte. El cambio climático amenaza el futuro de los derechos humanos y corre el riesgo de deshacer los últimos 50 años de progreso en materia de desarrollo, salud mundial y reducción de la pobreza”.

Según Philip Alston, el funcionario internacional al que aludimos, no solo tendrá mayor impacto sobre quienes viven en la pobreza, también amenaza a la democracia y a la vigencia de los derechos humanos. El informe trae varias reflexiones a colación, por ejemplo, al aceptar el Premio Nobel de Economía de 2018, William Nordhaus describió al cambio climático como un “coloso que amenaza nuestro mundo”, al que equiparó como “el último desafío para la economía”.

Más recientemente, otro Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, equiparó al cambio climático con el advenimiento de la Tercera Guerra Mundial. El informe también recuerda que el papa Francisco declaró la “emergencia climática” mundial y advirtió que si no se toman medidas urgentes, habrá “un acto brutal de injusticia hacia los pobres y las generaciones futuras”. Por su parte, Alston añadió que “el cambio climático amenaza con consecuencias verdaderamente catastróficas en gran parte del mundo y los derechos humanos de un gran número de personas estarán entre las víctimas. Con mucho, la mayor carga recaerá sobre los pobres, pero de ninguna manera serán las únicas víctimas”.

En tono crítico, advirtió el diplomático que “hasta la fecha, la mayoría de los organismos de derechos humanos apenas han comenzado a lidiar con lo que augura el cambio climático. Sin embargo, a medida que una crisis en toda regla se apodera del mundo, continuar como si nada pasara es una respuesta que invita al desastre”. Impecable razonamiento. Para que se aprecie la real magnitud del asunto, el informe también cita juicios de David Wallace-Wells, autor del libro “La Tierra inhabitable”. Éste señala que el carbono se agrega a la atmósfera 100 veces más rápido que en cualquier momento de la historia humana preindustrial.

Desde 1988, cuando se estableció el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC), se sumó más carbono que en toda la trayectoria de la humanidad. Los resultados: temperaturas récord; derretimiento de glaciares; incendios sin precedentes; las peores inundaciones de los últimos 1.000 años; millones de personas malnutridas a raíz de las sequías que acaban con las cosechas; el aumento del nivel del mar; y la desaparición de ecosistemas marinos que son sustento para millones de personas. Todas estas consecuencias tienen sus equivalencias económicas y sociales.

Para los niveles generales de información, a veces no se termina de entender la diferencia que existe entre el medio grado que existe entre las previsiones científicas y las metas del Acuerdo de París. Pero la distancia es similar a la que media entre la vida y la muerte: “Un aumento de solo 1,5 °C en lugar de 2°C podría significar reducir hasta 457 millones el número de personas vulnerables a los riesgos relacionados con el clima, rebajar en 10 millones las personas expuestas al riesgo de aumento del nivel del mar; frenar la exposición a inundaciones, sequías e incendios forestales; limitar el daño a los ecosistemas y reducciones en alimentos y ganado; reducir a la mitad el número de personas expuestas a la escasez de agua; e impedir hasta 190 millones menos de muertes prematuras a lo largo del siglo”, señala el informe.

Según el Banco Mundial, con 2°C grados de calentamiento, entre 100 y 400 millones de personas más estarán en riesgo de pasar hambre y entre 1.000 y 2.000 millones ya no tendrán suficiente agua. El cambio climático podría dar lugar a pérdidas en el rendimiento mundial de los cultivos del 30 por ciento para 2080, incluso si se toman medidas para adaptarse. El nuevo apartheid hará que entre 2030 y 2050, se produzcan 250 mil muertes adicionales por año a causa de la desnutrición, la malaria, la diarrea y el estrés por calor. Más que una grieta, un abismo.

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