Editorial
13/06/2019

Sangre segura para todas y todos

El Día Mundial del Donante de Sangre se celebra cada 14 de junio. El acontecimiento es útil para agradecer a los donantes voluntarios y no remunerados, quienes aportan un regalo que permite salvar vidas. La jornada también viene bien para concientizar sobre la necesidad de hacer donaciones regulares y así, generar acceso oportuno y asequible a sangre y productos sanguíneos seguros y de calidad.

Su disponibilidad es parte integral de la cobertura sanitaria universal y componente fundamental de los sistemas de salud eficaces porque las transfusiones de sangre y sus productos salvan millones de vidas cada año. Son elementos esenciales para el tratamiento apropiado de las mujeres con hemorragias que se asocian al embarazo y al parto, al igual que para niños y niñas que padecen anemia grave a causa del paludismo o la malnutrición.

Desde ya, también son centrales para los pacientes con trastornos hematológicos y de médula ósea o para los trastornos hereditarios de hemoglobina e inmunodeficiencia. Qué decir de las víctimas de un traumatismo, emergencias, desastres y accidentes; o de los pacientes que se someten a intervenciones médicas y quirúrgicas avanzadas. El suministro de sangre y productos sanguíneos es una necesidad universal.

A pesar de esa universalidad, existen diferencias marcadas en cuanto al nivel de acceso a la sangre y productos sanguíneos seguros entre los distintos países y dentro de los mismos. En muchos, los servicios de sangre tienen problemas para ofrecerlo y garantizar su calidad y seguridad. Por ejemplo, el 42 por ciento de los 117,4 millones de unidades de sangre que se extraen se donan en los países de altos ingresos, donde vive solo el 16 por ciento de la población del planeta.

Por su parte, en los países de ingresos bajos, el 52 por ciento de las transfusiones de sangre se realiza a los niños menores de 5 años, mientras que en los países de ingresos altos los pacientes más transfundidos son los mayores de 65 años, con un 75 por ciento del total. La tasa de donación de sangre por cada 1.000 personas es de 32,6 en los países de ingresos altos; 15,1 en los de ingresos medios altos; 8,1 en los de ingresos medios bajos y 4,4 en los de ingresos bajos.

Entre 2008 y 2015 se registró un aumento de 11,6 millones en las unidades de sangre que aportaron donantes voluntarios no remunerados. En 78 países, este grupo suministró más del 90 por ciento de las unidades de sangre pero en 58 países, más del 50 por ciento del suministro de sangre fue aportado por familiares, allegados o donantes remunerados.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo 50 de los 173 países que presentaron datos obtienen productos medicinales que derivan del plasma mediante el fraccionamiento del que se recoge en el propio país. Como contrapartida, 83 países importan todos los productos medicinales que derivan del plasma, en 24 países ninguno de los productos en cuestión fue utilizado durante el período y 16 países no respondieron sobre el tema.

Por las dudas, recordemos que las transfusiones de sangre salvan vidas y mejoran la salud, pero muchos pacientes que las necesitan no tienen acceso a sangre segura cuando recibirlas es imperioso. Las infraestructuras y políticas sanitarias nacionales deben incluir el suministro de sangre inocua y adecuada. La OMS recomienda que los países cuenten con una organización eficaz y redes de suministro integradas para coordinar a nivel nacional todas las actividades que se relacionan con la extracción, verificación, tratamiento, almacenamiento y distribución de sangre.

El sistema nacional de transfusiones debe regirse por políticas y marcos legislativos nacionales para promover la uniformidad de las normas, la calidad y la seguridad de la sangre, junto a sus productos derivados. En 2015, el 71 por ciento de los países que informaron de sus cifras (123 entre 173) tenían una política nacional sobre la sangre. En conjunto, el 60 por ciento de los países (104 de 173) cuentan con una legislación específica.

En alrededor de 12.700 centros de donación de sangre que existen en 170 países, se recogen 100 millones de donaciones. Su número varía según el PBI de cada país. El promedio anual por centro es de 1.300 donaciones en los países de ingresos bajos, de 4.100 en los países de ingresos medios bajos y de 8.500 en los de ingresos medios altos. En los países de ingresos altos, la cifra se eleva a 23 mil. En cuanto a los donantes, las mujeres efectúan el 32 por ciento de las donaciones, si bien el porcentaje es muy variable según los países. Pero retengamos un concepto: muchas veces, la diferencia entre donar y no donar, puede ser la misma que media entre la vida y la muerte.

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