Columnistas
03/06/2019

¿A quién estás escuchando?

¿A quién estás escuchando?

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Todos los seres humanos escuchamos dos voces todo el tiempo: aquella que proviene de afuera (voz externa) y aquella que proviene de nuestro interior (voz interna). Ahora, cuando nos dicen algo negativo (voz externa) y esto coincide con lo que nosotros nos decimos a nosotros mismos (voz interna), esas palabras nos afectarán a nivel emocional.

Pero nos digan lo que nos digan, por duro que sea, si la voz de afuera no encuentra asidero en la voz de adentro, no habrá molestia. Si las dos voces que nos hablan constantemente no coinciden, no hay sufrimiento ni reacción negativa. Por ejemplo, si alguien me dice: “Sos un inútil” y yo me digo a mí mismo: “Sos una persona muy capaz”, el dicho del otro no me afectará. Pero si yo me digo a menudo que soy un inútil, sin duda, eso me dolerá. Si bien, no somos capaces de controlar las voces externas: lo que los demás nos dicen, todos tenemos la capacidad de controlar nuestra voz interna: lo que me digo a mí mismo a diario.

Mucha gente vive pendiente de las voces externas. Incluso, cuando no saben qué hacer o qué camino seguir, consultan la opinión de más de una persona, ya sea que se trate de familiares, amigos y aun desconocidos. La opinión se basa en la ignorancia. Por eso, rara vez resulta útil. En cambio, la experiencia se basa en el conocimiento. Cuando tenemos dudas, deberíamos buscar el consejo de una persona que sepa porque ya estuvo en ese lugar y lo atravesó con éxito. Entonces puede ayudarnos de verdad y su voz externa nos podrá guiar correctamente.

¿Por qué alguien se aferra o se apega de manera poco sana a las voces de los demás? Por lo general, porque no confía en sí mismo y cree que no posee la capacidad de decidir bien. Es así que esa persona pierde (o carece de) autonomía. Una señal clara de que existe dependencia del afuera es sentir ansiedad. Dicha emoción surge según estas dos modalidades:

1. Por la ausencia del otro
La ansiedad por separación nos hace emocionalmente dependientes y llegamos a creer que “sin vos no puedo vivir”. La persona apegada vive temiendo perder el “objeto de su apego” y piensa que necesita del otro para todo y no es capaz de hacer nada sola. Esto no es así. Todos nacemos con un potencial ilimitado que necesitamos reconocer y soltar para poder confiar en nosotros mismos.

2. Por la presencia del otro
En este caso la ansiedad se produce porque la persona, que también está apegada al otro, se siente observada y exigida. Esto sucede porque se percibe como vulnerable y débil y les ha entregado a los demás “poder de control y castigo” sobre su propia vida. Es como si fuera un niño o una niña, emocionalmente hablando, en espera de que mamá o papá lo/a regañe.

¿A quién estás escuchando? ¿La voz de alguien más o tu propia voz interna? Solo podemos ser capaces de recuperar o adquirir autonomía cuando soltamos el miedo y comenzamos a percibirnos como de verdad somos: seres humanos creados a imagen y semejanza de un Creador amoroso con la capacidad para lograr todo aquello que nos propongamos y aspirar siempre a lo mejor.
Por consultas, podés escribir a [email protected]

Noticias Relacionadas
Dejar un comentario
Ranking de noticias
Más Leidas
Seguinos en Instagram
Seguinos en Facebook