Editorial
21/05/2019

Remover obstáculos que atentan contra la diversidad cultural

Según una cuantificación de la ONU, las tres cuartas partes de los conflictos más significativos tienen una dimensión cultural. En consecuencia, detenerse en la diversidad cultural importa porque superar la división entre las culturas es urgente y necesario para la paz, la estabilidad y el desarrollo. El concepto se trae a colación al conmemorarse hoy el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo (21 de mayo).

En su rica diversidad, la cultura posee un valor intrínseco, tanto para el desarrollo como para la cohesión social y la paz. Se considera que es una fuerza motriz del desarrollo pero no solo en relación al crecimiento económico, sino también como manera de tener una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual más enriquecedora. El principio está presente en siete convenciones internacionales que celebró la comunidad internacional.

Tales textos proporcionan una base sólida para la promoción de la diversidad cultural, que se considera un componente indispensable para reducir la pobreza y alcanzar la meta del desarrollo sostenible. En la actualidad, existe un dispositivo normativo completo que comenzó a elaborarse en los ámbitos culturales. Simultáneamente, el reconocimiento de la diversidad cultural mediante una utilización innovadora de los medios y de los TIC en particular, eleva al diálogo entre civilizaciones y culturas.

Hay que recordar que la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural se aprobó en 2001 y a continuación, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 21 de mayo como el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Una década después, la UNESCO y la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas lanzaron la campaña “Haz un gesto por la diversidad y la inclusión”, con el propósito de animar a las personas y a las organizaciones en todo el mundo a que tomen medidas concretas de apoyo a la diversidad.

Se trata de concientizar sobre la importancia del diálogo intercultural, la diversidad y la inclusión; de lograr que todas las personas se comprometan y apoyen la diversidad mediante gestos reales en el día a día; de combatir la polarización y los estereotipos para mejorar el entendimiento y la cooperación entre las gentes de diferentes culturas; entre muchas otras acciones que puedan a contribuir al objetivo.

Desde ya, también hace suya la conmemoración la UNESCO, cuya directora general consideró que “la diversidad cultural es lo que aporta a nuestra vida su riqueza, color y dinamismo. Es una ventana cognitiva e intelectual y un motor de desarrollo social y de crecimiento económico”. Admitió Audrey Azoulay que “evidentemente, la diversidad cultural no es en sí misma un factor de paz y de progreso. Para ello es necesario un aprendizaje: el aprendizaje de la alteridad, la aptitud para salir de sí mismo y para dialogar, el reconocimiento del valor que atesora cada cultura”.

El propósito de la fecha “es precisamente sensibilizar sobre estas cuestiones”, añadió la diplomática francesa. La invitación consiste en “ir más allá de la simple constatación de la diversidad y a reconocer los beneficios del pluralismo cultural, entendido como un principio ético y político de respeto igualitario de las identidades y tradiciones culturales”. El principio es central en la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural que aprobó la UNESCO en 2001, texto que reconoce a la diversidad cultural como un componente del patrimonio común de la humanidad y como un factor de paz y de prosperidad.

El acuerdo se elaboró después de los atentados del 11 de septiembre de ese año y tiene cada vez más vigencia. Habla de la necesidad de proteger las diferentes formas de expresión cultural -lenguas, artes, artesanía, modos de vida-, en particular las de los pueblos minoritarios, “para evitar que sucumban al movimiento de uniformización que acompaña a la mundialización”, alertó Azoulay.

Se trata de “elementos esenciales que definen las identidades individuales y colectivas y, por tanto, su protección tiene que ver con el respeto de la dignidad de la persona humana”. Como segunda cuestión, planteó la directora de UNESCO el “acceso a la vida cultural de la comunidad o el país de cada cual”, derecho que está consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En efecto, el artículo 27 dice que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”, derechos que dicho sea de paso, cada vez más se transforman en privilegios en la Argentina. Sin embargo, es a escala global que aún existen “un gran número de obstáculos para un acceso igualitario a los bienes y servicios culturales”. Removerlos es uno de los tantos desafíos de la hora.

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