Editorial
13/05/2019

La Revolución de Mayo no nació de un repollo

A fines de 1780 comenzó la rebelión de Túpac Amaru, la mayor que conocieran hasta entonces las colonias de todas latitudes. Durante su transcurso se armaron aproximadamente 100 mil americanos de origen y pertenencia indígena. Treinta años antes de la emancipación del Río de la Plata, los seguidores del inca proclamaron la libertad de América. Fue el golpe más fuerte para el imperio español.

El jefe del gabinete de Carlos IV y favorito de la reina, Manuel Godoy, exclamaría: “Nadie ignora cuánto se halló cerca de ser perdido, por los años de 1781 y 1782, todo el virreinato del Perú y una parte del de la Plata cuando alzó el estandarte de la insurrección el famoso Condorcanqui, más conocido por el nombre de Túpac Amaru”. En efecto, entre el 4 de noviembre de aquel año y el 18 de mayo de 1781, una parte importante de los pueblos indígenas recuperó la libertad que había perdido con la llegada de los ibéricos.

Al período hay que extenderlo hasta 1784, ya que hasta entonces continuaron las rebeliones que comandaron diversos jefes indígenas, tanto en Perú como en el Alto Perú e inclusive, el actual norte de la Argentina. La insurrección alcanzó una longitud de 1.500 kilómetros y fue secundada por Micaela Bastidas Puyucawa, esposa de Túpac Amaru; Julián Túpac Katari; Diego Cristóbal Túpac Amaru; Mariano Túpac Amaru; Miguel Túpac Amaru; Andrés Túpac Amaru y Dámaso Katari, entre otros. Todos ellos y sus familias completas sufrieron el mismo tormento.

Condorcanqui no hizo más que retomar el estandarte de Juan Santos Atahualpa, quien se había levantado entre 1742 y 1761. Nunca fue vencido por los españoles. Santos Atahualpa llegó a crear un estado libre de la dominación realista en la selva central del Perú con extensiones hacia el Mato Grosso, en alianza con varias etnias guaraníes. Como puede advertirse, la Revolución de Mayo no nació de un repollo pero en el perfil de país que diseñó la Generación del 80, los antecedentes indígenas de la gesta de la Independencia no cuadraban.

Suponemos todavía hoy que la emancipación nacional fue obra de unos cuantos comerciantes y abogados que habían leído a Rousseau cuando en realidad, los intentos libertarios tenían al menos seis décadas de existencia cuando se reunió el célebre Cabildo Abierto. Aquel 4 de noviembre, el inca detuvo al odiado corregidor Arriaga y seis días después, mandó ejecutarlo en la plaza de Tungasuca, ante una multitud de indígenas y mestizos que no daban crédito a los hechos. Continuó Túpac Amaru al mando de sus hombres con la liberación de esclavos en las encomiendas y obrajes. Las riquezas de las fincas se repartían entre los pobres americanos y la rebelión se extendió como reguero de pólvora.

“Causa admiración al ver la prontitud con que obedecieron la voz de este Rebelde en todo el Reino del Perú, pues se sabe notoriamente que en toda la costa de Arica, Tacna y Huantajaya hicieron los indios iguales muertes, robos y atrocidades que en la Sierra, manteniéndose sin sujeción alguna. Y hasta los bárbaros Mocovíes y Pampas de la parte de Jujuy y Salta, tuvieron noticia de esta rebelión, y salieron de sus términos insultando e intentando asolar estas dos ciudades, en donde tuvieron la fortuna de haber llegado a ese tiempo la Compañía de Granaderos del regimiento de Saboya, que venía de Buenos Aires, con la cual pudieron resistir sus terribles invasiones.

También los Chiriguanos de la frontera de Tomina, hicieron sus salidas costosos con los deseos que tuvieron de conocer al Titulado Rey Túpac Amaru.(...) Pocas veces se habrá visto desolación tan terrible, ni fuego que con más rapidez se comunicase a tantas distancias, siendo digno, de notar, que en 300 leguas que se cuenta de longitud, desde el Cuzco hasta la frontera del Tucumán, en que se contienen 24 provincias, en todas prendió casi a un mismo tiempo el fuego de la rebelión”. Testimonio de dos relaciones españolas...

En el curso de la insurrección, los rebeldes proclamaron la Independencia de América. Su declaración es uno de los documentos que no debería dejar de leerse a la hora de estudiar el camino que terminó en julio de 1816. Túpac Amaru no fue original: prácticamente repitió los argumentos del Manifiesto por la Independencia de América que había elaborado Juan Vélez de Córdova y se proclamó en la revolución de Oruro del 8 de julio 1739. Claro que la diferencia entre el proyecto de Condorcanqui y el que luego triunfaría en el siglo siguiente, radica en que el inca se refería a una nación india, mestiza y criolla con hegemonía indígena, en lugar de una hispana, blanca, criolla y británica, que luego exterminaría -o querría exterminar- a los pueblos indígenas.

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