Editorial
09/05/2019

Hoy se acaban los recursos naturales del planeta

Si todos los habitantes del planeta consumiéramos con el ritmo que llevan en la Unión Europea (UE), hoy agotaría la Tierra los recursos naturales disponibles anualmente. La información la difundió ayer la ONG Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) al conmemorarse el Día de Europa (9 de mayo). El dato ratifica que no se trata de repetir los criterios de desarrollo que priman hasta hoy, sino de poner en juego un cambio de paradigma civilizatorio.

Según el WWF harían falta 2,8 planetas equivalentes a la Tierra para sostener el consumismo que caracteriza a los países pretendidamente desarrollados. Cada año, la entidad ubica en el calendario al Día del Rebase de la Tierra, es decir, la fecha en que se supera la capacidad del planeta de abastecer de bienes y servicios a la humanidad. En 2019, la jornada se adelantó en 83 días a su precedente de 2018, cuando cayó el 1º de agosto.

En el ejercicio teórico del WWF, las consecuencias del exceso en la demanda de bienes comunes o recursos naturales incluirían deforestaciones globales, pérdidas de biodiversidad, colapso de las reservas pesqueras, escasez de agua, erosión del suelo, polución del aire y cambio climático. Como ya sabemos, la combinación desemboca en catástrofes naturales como sequías, inundaciones e incendios.

La fecha que establece el WWF varía en función de los modelos de consumo de cada país. En efecto, si todos y todas lleváramos el cuestionable estándar de vida de Luxemburgo, el planeta agotaría sus reservas anuales el 16 de febrero. En tanto, en Alemania ocurriría otro tanto el 3 de mayo, en Francia e Italia doce días después, en España el 28 de mayo y en Hungría el 14 de junio. Los menos despilfarradores parecen ser los rumanos, con quienes tiraríamos hasta el 12 de julio.

La evaluación de la ONG que se difundió en la víspera solo tuvo en cuenta a los Estados que son parte de la UE, pero si la comparación se efectuara contra los hábitos de los estadounidenses, los recursos naturales se acabarían más pronto aún: el 15 de marzo. En cambio, si todos y todas los humanos consumiéramos como en China, superaríamos las reservas el 14 de junio. Si el estándar a comparar fuera el brasileño, el Día del Rebase se produciría el 31 de julio.

Para tomar en cuenta otros países de Latinoamérica, mencionemos que la fecha tope operaría el 17 de agosto en México y el 23 de septiembre en Perú. Llamará la atención que los modelos de consumo más sostenible, siempre en referencia a la gestión sustentable de los recursos naturales, son Cuba, Marruecos y Níger. En los tres países, el Día del Rebase caería el 1º de diciembre, el 16 del mismo mes y el 25, respectivamente.

La ONG contextualizó su advertencia: “Hasta inicios de la década de 1970, nuestro planeta era capaz de proveer lo que la humanidad demandaba. Desde entonces, nuestra tasa de consumo se ha incrementado y ahora es significativamente mayor que la tasa de renovación de la Tierra, alcanzado al equivalente de 1,7 planetas Tierra”. No deja de ser una especulación intelectual pero es muy ilustrativa y útil para graficar las consecuencias de la cultura del despilfarro en la que estamos inmersos.

También hay que entender la injusticia del cuadro actual. En la UE solo reside el 7 por ciento de la población mundial pero sin embargo, ésta demanda el 20 por ciento de los recursos globales. Está claro que el modelo no es sustentable porque si todos viviéramos como en el mal llamado Viejo Continente, harían falta casi tres planetas (2,8) para sostener la demanda de la humanidad. La noción se vincula con el concepto de huella ecológica, del cual ya hablamos en varias oportunidades.

Uno de los creadores del esquema y presidente de la Global Footprint Network, Mathis Wackernagel, comparó el modelo de consumo con un “sistema piramidal” que se vale de recursos del futuro “para dirigir la economía de hoy”. Formuló la siguiente advertencia: “como lo hacemos para las finanzas, necesitamos una contabilidad cuidadosa en el ámbito de los recursos. Necesitamos saber cuánta naturaleza usamos y cuánto tenemos. Tenemos opciones. La elección de agotar nuestro futuro no nos sirve”.

En países como la Argentina debemos tomar nota de tales aseveraciones. Cuando se habla de “volver al mundo”, además de renunciar a toda experiencia de desarrollo original y autónomo, de forma implícita se aspira a reproducir un paradigma económico que a esta altura de las circunstancias, no resiste el menor análisis en términos de equidad y su sustentabilidad. No solo reproduce a escala interna la desigualdad global, además compromete seriamente la vida de las generaciones futuras. Pero mala noticia: ese futuro, llegó hace rato.

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