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04/05/2019

EMOCIONES ENCONTRADAS : Que las hay, las hay

EMOCIONES ENCONTRADAS : Que las hay, las hay

Estoy del lado de los que escriben versos y les ponen música (no fabrica de canciones)
De los que escriben sus obras entrelazando las palabras en papel
De los que cantan con el alma enredada en su voz
Me gusta mas que tener con que cantar, tener de que cantar...

Estoy del lado de los que escriben versos y les ponen música (no fabrica de canciones)
De los que escriben sus obras ... (+ Info)

Más de uno ha protagonizado episodios que tienen que ver con fantasmas o aparecidos. Capaz que se cae en ese lugar para explicar cosas que no tienen explicación; algún ruido inesperado, un objeto que se cae, alguien que ve pasar como una sombra o concretamente figuras humanas.

Pasa lo mismo que con nuestro Nahuelito, uno no cree pero ha escuchado a gente que no es de mentira fácil decir que vio algo. Mi amigo Cacho, un día estaba recostado en la playa junto a su kayak, luego de haber remado largo rato, cuando escuchó a una señora que gritaba “¡miren, miren!”, advirtiendo a quienes se encontraban a su alrededor. Cuando miró, vio a lo lejos, entre la playa y la isla Huemul, un borbollón de agua que agitaba al lago calmo. Sin pensarlo demasiado, Cachito abordó su kayak y remó presuroso hasta ese lugar, girando alrededor de los círculos que habían quedado en el agua, donde lo que hubiese sido se hundió. Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo remó nuevamente hacia la orilla. Mi amigo no es de mentir ni fabular, pero algo raro pasó ese día y él estuvo allí.

Pero volvamos a los fantasmas o aparecidos, que según los testimonios no andan envueltos en una sábana blanca ni mucho menos, visten ropa común. En el edificio donde funciona un colegio privado, en nuestra ciudad, dicen que anda penando el alma de quien fuera su propietario. El señor se encarga de abrir puertas que estaban cerradas o de desacomodar elementos que quedaron ordenados el día anterior. La cosa se le pone difícil al portero que debe abrir a la mañana temprano. Javier, uno de ellos, solía comentar: “Yo cuando abro lo saludo. Digo bien fuerte: Buen día Carlitos ¿Cómo le va?, ¿descansó bien? Porque hay que tenerlo de amigo” dice sin ningún rigor científico, más bien para darse coraje.

Hay un restaurant que funciona en lo que fuera una casona antigua en el que han visto a una niña, inclusive algunos averiguaron y efectivamente corroboraron que en esa casa vivió una familia que perdió a una hija a temprana edad, lo que abona la teoría de que es ella la que anda por allí. Quienes han entrado temprano a abrir el local, encontraron huellas de zapatos pequeños en el piso de madera, pese a haber dejado todo limpio la noche anterior.

Un muchacho que trabajaba en la cocina como bachero, una noche, en pleno despacho, escuchó que su compañera cocinera le decía.

- ¿Adónde va esa pibita? -mirando hacia la puerta que da al patio trasero.
- ¿Qué pibita? -preguntó su compañero, seguro de no haber visto a nadie.
- ¡Pasó una nena, corriendo! -dijo la cocinera con asombro.

Ambos se asomaron al patio y no vieron nada. En ese mismo local un mozo asegura haber visto, al pasar rumbo a la cocina, a una niña sentada a la mesa de unas personas y que al volver comprobó que ya no estaba. No volvió a verla por el resto de la noche.

Alguna vez contó un chofer de la recordada 3 de Mayo, que una noche, subiendo por Onelli, rumbo al barrio Arrayanes, al ir bajando los pasajeros observó a una señora sentada en uno de los asientos, a la que no recordaba haber visto subir. Grande fue su sorpresa cuando le tocó el timbre para descender justo en la puerta del Cementerio e ingresar allí.

Un señor comentó que en Colonia Suiza, donde construyó una cabaña sobre lo que fuera una parte de la pista de motocross, varias noches escuchó el ruido del motor de una moto, que cruza por el inmenso parque y hasta asegura que ha quedado en el aire el olor del escape.

En el edificio del canal de televisión dicen que anda el fantasma de un hombre mayor que alguna vez fue cuidador del predio y que hace de las suyas. La gente lo ha bautizado “El sereno”. Se ha dejado ver y varios testigos hasta describen su vestimenta, coincidente en cada aparición. Un periodista contaba que antes de salir al aire, ya sentado en el escritorio junto a su compañera, la oyó decir, mirando hacia la puerta de ingreso al estudio:

- Señor ¿busca a alguien?
- ¿A quién le hablás? -dijo su compañero, seguro de que allí no había nadie.
- Había un señor en la puerta, mirando.

Un editor cuenta que una noche se hallaba solo, trabajando, mientras esperaba el cierre de la transmisión. Hacía poco que había comenzado a trabajar y nada sabía de las visitas y andadas de “El sereno”. Como era el único que quedaba en el edificio a esas horas, tomaba la precaución de cerrar con llave la puerta de ingreso. Abstraído en su labor de pronto sintió que alguien le tocó el hombro. Se asustó, no había sentido la puerta y no había manera de que ingrese alguien, todo estaba cerrado. Giró a ver quién era. Se trataba de un hombre mayor que le preguntó por un periodista de la casa. Al decirle que no estaba, el visitante dio media vuelta y se marchó. El editor no lo pudo seguir, debía estar atento a las pantallas, pero minutos más tarde comprobó que el hombre había desaparecido y la puerta estaba cerrada con llave, tal cual él la había dejado.

Que las hay las hay. Por las dudas, después de todo lo expuesto, cuando escuche algún ruido extraño e inexplicable, tome sus recaudos. Así le pasó a don Ramírez, quien estaba de sereno en un depósito mayorista. Una noche escuchó detrás de uno de los galpones, que daba a un baldío, una voz que decía: “a vos te vamos a venir a buscar”. A nadie le gustaría oír en la oscuridad de la noche una voz que manifiesta semejante amenaza. El hombre se armó de coraje y con mucho sigilo se acercó, temiendo encontrarse con un alma en pena o fantasma. Nada de ello ocurrió. Eran dos borrachos que jocosamente le hablaban a unas damajuanas de vino que se hallaban estibadas contra la pared.

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