Editorial
08/04/2019

Antes o después de octubre: la única cuestión

La perspectiva es un tanto desalentadora: una gran crisis antes o después de octubre. Parece que el interrogante se limita a precisar cuándo se producirá su desencadenamiento, de ahí que la tasa “riesgo país” siga en la estratósfera y que el gobierno nacional asuma como única meta aguantar hasta después de las elecciones. ¿Por qué? Porque no se podrá pagar la deuda externa. Desde el exterior, medios especializados subrayan la incapacidad casi a diario.

Entre los especuladores internacionales, a quienes a manera de eufemismo se denomina “mercados” o “inversores”, no es tan importante un triunfo de la actual oposición, sino más bien el estallido de la bomba financiera que activó solito el oficialismo. El gobierno elevó los pasivos externos un 76 por ciento en algo más de tres años, hasta llevarlos a una magnitud similar al total del PBI. En números, de 157 mil millones de dólares a 278 mil millones.

La abrumadora mayoría de los compromisos está en moneda extranjera e implican desembolsos muy superiores a los promedios de años atrás. La significación de los intereses se duplicó mientras los ingresos fiscales marchan cada vez peor, a raíz de la recesión. En las últimas dos semanas, tenedores de bonos argentinos comenzaron a desprenderse de tales papeles porque dan por descontada su inminente desvalorización.

El sistema de bandas que se estableció para restringir la venta de dólares frente a cada corrida demostró su insuficiencia a la hora de frenar la fuga de capitales. De hecho, por esa vía se fue el auxilio que otorgó el FMI el año pasado. La conducción económica del país pidió una flexibilización en el manejo de las divisas pero las concesiones que logró son mínimas y ahora todos en la Casa Rosada miran hacia el campo, un sector que suele demorar ingresos de divisas si hay devaluaciones a la vista.

Para contener la demanda de dólares, el Banco Central aspira los pesos que circulan en el ámbito doméstico con tasas de interés que duplican la inflación. Pero el mecanismo demuele el aparato productivo: la caída del 2,6 por ciento del PBI durante 2018 muy probablemente se reitere en 2019. Como lógica consecuencia, la recesión destruye puestos de trabajo con énfasis en el sector industrial, cuya producción está 14 por ciento debajo de 2011.

El “mejor equipo económico” de las últimas décadas consiguió desmentir a los manuales de economía: el consumo se contrae, no se emite moneda y se apunta al déficit cero pero sin embargo, persiste la inflación a niveles estratosféricos a raíz de la permanente devaluación y los incrementos en las tarifas de los servicios públicos. Más allá de los deseos gubernamentales, la inflación se va a ubicar una vez más en el 40 por ciento, niveles similares a los de 2018.

Con su discurso de “volver al mundo”, el gobierno de Cambiemos dolarizó las tarifas, un auténtico atentado contra todos y todas las usuarias que perciben sus ingresos en pesos. Desde octubre de 2015, la electricidad aumentó entre 1.053 por ciento y 2.388 por ciento. En tanto, el gas trepó entre 462 por ciento y 1.353 por ciento. Por su parte, el gas hizo otro tanto, entre 554 por ciento y 832 por ciento. Lisa y llanamente, increíble fuera de un país que no sea la Argentina.

La espiral ascendente en los precios genera inclusive mientras se escriben estas líneas, una extensión de la pobreza. Hay que recordar que el actual presidente pidió que se juzgara a su gestión a partir del indicador… En el sector asalariado, la pérdida del poder adquisitivo oscila entre el 15 y el 20 por ciento, mientras el desinfle de las jubilaciones es el más grave desde 2002. Está todo puesto al servicio de la exclusión.

La regresión social indisimulable se va a agravar si irrumpe en escena un nuevo colapso cambiario pero la tormenta se convertirá en perfecta si la convulsión alcanza al sistema bancario. Hasta el momento, el gobierno otorga insólitos rendimientos al sector a través de las tasas de interés de las Letras de Liquidez (LeLiq), a las que renueva semanalmente a una tasa del 70 por ciento. Esa deuda pública cuasi-fiscal equivale a otros 5 puntos del PBI.

Un solo incumplimiento de pago por parte del gobierno hacia sus acreedores o la profundización de la fuga de capitales, terminarían con el precario equilibrio que a duras penas, mantienen el BCRA y el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. De hecho, ya se habla de un canje compulsivo de bonos para socorrer a los banqueros, a costa de los ahorristas. El único objetivo claro que estimula la Casa Rosada es octubre y conseguir una continuidad del mandato. Con estos números, sería insólita su consecución.

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