Editorial
14/03/2019

En 2100, un metro del Litoral argentino estará bajo las aguas

El deterioro adquirió velocidades más vertiginosas de las calculadas inicialmente. Cuando cundió la preocupación por el calentamiento global, los científicos prestaron atención a medir la evolución de la temperatura global en la atmósfera y a realizar pronósticos, en relación al volumen de las emisiones de gases de efecto invernadero. Fue bastante después que comenzaron a reparar en las temperaturas marinas.

Los primeros que alzaron sus voces fueron los pequeños estados insulares: sin una acción global urgente, el nivel del mar se elevaría hasta un metro. No solo pondría en peligro a las ciudades costeras, sino también la supervivencia de múltiples ecosistemas cercanos a las orillas. Nuevas investigaciones demostraron que los océanos se calientan más rápido y que además, esas consecuencias se sentirán en la Argentina.

Según averiguaciones del Grupo de Energía de la Universidad de California, el ritmo de calentamiento oceánico para el período 1991-2018 fue aproximadamente cinco veces más rápido que el registrado entre 1970 y 1991. El análisis refuta otras afirmaciones, según las cuales, el fenómeno tendió a ralentizarse en los últimos 15 años. Y además, ratifica la realidad incontrastable: el asunto depende de la actividad humana.

Para los investigadores de California, la totalidad del calentamiento desde 1970 a la actualidad es atribuible a los quehaceres económicos de la humanidad. Inclusive, comportamientos como la energía del Sol o el ritmo de las erupciones volcánicas, habrían ayudado a que la Tierra se enfriara tenuemente en las últimas cuatro décadas. Pero las potencias industrializadas y las emergentes decidieron que las cosas marcharan en sentido contrario.

En la Argentina, desde fines del siglo XIX hasta el año pasado, el calentamiento fue de 1,3 grados y se aguarda que arribe a 4 grados para 2100, si las emisiones de gases contaminantes continúan al ritmo actual. Si se diera por hecho que éstas no se reducirán, las temperaturas de los océanos se incrementarán a 0,78 grados para fines de siglo. La consecuencia: una elevación del nivel del mar de 30 centímetros, adicional al que ya deriva de la fusión de los glaciares y las capas de hielo.

Las repercusiones que puedan provocar el calentamiento de los océanos, el crecimiento de la temperatura de la atmósfera y la suba del nivel del mar es todavía objeto de conjeturas que se resuelven a través de modelos científicos, pero en general se asume que el impacto será contundente y global. En general, se sabe que la superficie terrestre se calienta más rápido que los océanos y que el fenómeno se advierte más en las áreas cercanas a los polos que en zonas aledañas al ecuador.

Para la Argentina, las consecuencias de las previsiones que apuntamos dos párrafos atrás, serían las mismas que si los aumentos se limitasen a 1,5 o 2 grados, es decir, fuertes inundaciones y sequías extremas, pero más severas. Pronósticos que hay que tomar muy en serio, cuando centenares de miles de hectáreas están bajo las aguas en tres provincias argentinas, con las consiguientes consecuencias económicas. Y en vidas…

El aumento del nivel del mar a raíz de la expansión térmica y la fusión de las capas de hielo podría significar más de un metro para 2100, es decir, una inundación significativa en áreas costeras. Sin embargo, en la Universidad de California no caen en el fatalismo porque aseveran que todavía hay tiempo para reducir las emisiones globales y evitar un calentamiento de más de 2 grados, en relación a las épocas preindustriales.

El tema es que cuanto más se demore en practicar esa reducción, más importante debería ser en el futuro para evitar peores daños. Con laconismo, uno de los integrantes del grupo razonó que el planeta con un calentamiento de 3 grados, estará en peores condiciones que si éste no superara los 2 grados. De la misma manera, uno con calentamiento de 4 grados, será menos vivible que uno con 3 grados.

Las perspectivas no son muy halagüeñas porque 2018 sería el período de mayor calidez para los océanos, aunque restan procesar las mediciones. De todas maneras, existen atenuantes teóricos porque recién desde 2000 se toman las temperaturas en los fondos marinos, a 2.000 metros de profundidad, aproximadamente. Además, se miden la salinidad y el pH, entre otras características. Pero más allá de los flacos consuelos a los que podamos abrazarnos, se nos pasa la hora.

No solo es necesario trabajar para moderar o disminuir el aporte de emisiones desde la Argentina, además se torna imperioso asumir otra actitud en los foros internacionales: exigir a las grandes potencias y a las emergentes que tomen con seriedad y premura la cuestión del cambio climático. Difícil si se tienen en cuenta las genuflexiones recurrentes de la actual gestión. Pero no quedan muchas alternativas.

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