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17/12/2018

El secreto de nuestra fuerza

El secreto de nuestra fuerza

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

La mayoría de nosotros le tenemos miedo al fracaso porque creemos que los demás nos van a rechazar. A nadie le gusta ser rechazado. Si bien es cierto que existe la posibilidad de que una circunstancia que nos causó dolor se repita, quedarnos paralizados por el temor que hace que este crezca cada vez más.

Pero que nos haya ido mal antes en alguna área no debería llevarnos a huir decepcionados cada vez que nos encontremos en la misma situación. La mayoría de las personas sienten rechazo hacia aquel que intenta parecer perfecto ante el mundo (nadie lo es), y no hacia aquel que comete errores (todos los cometemos). Hay vida después del error.

El temor a la desaprobación, el rechazo y el aislamiento por los errores cometidos, por lo general, surge en la infancia en forma de una voz interior que nos juzga y nos critica. Entonces, con el tiempo, empezamos a confundir esa voz que vive dentro de nosotros con las voces de quienes están a nuestro alrededor.

¿Por qué a veces no podemos reconocer nuestros errores?

Casi siempre a causa de la relación que tuvimos con nuestros padres cuando éramos chicos. Ambos ejercen una gran influencia (en este caso negativa) en la capacidad de los hijos para ver que se han equivocado, que son humanos, que no son infalibles. Cuando un niño comienza a caminar o a comer, no le marcan el error sino que lo animan a hacerlo, sin importar si no lo hace bien y comete errores. Lentamente le van mostrando la forma adecuada de hacerlo.

Esta actitud de papá o mamá permite que el día de mañana esa persona adulta sea capaz de aceptar los errores, propios y ajenos. La única manera de crecer y madurar emocionalmente es a través de la confianza en uno mismo. Necesitamos creer que somos capaces de aprender aunque, de vez en cuando, nos equivoquemos, y avanzar por nosotros mismos para no tenerle miedo al fracaso.

Lo que mucha gente ignora es que reconocer los puntos débiles nos fortalece. Cuando nos permitimos ser débiles, somos fuertes. Esto sucede porque, al reconocer las inseguridades, las vulnerabilidades, los temores, podemos armar una estrategia para superarlos. No negamos eso negativo (nuestras sombras) porque, si lo hiciéramos, nos volveríamos inseguros. El temor siempre trae debilidad.

Para avanzar a pesar de los miedos, es fundamental reconocer que tenemos miedo, saber qué cosas nos generan esa emoción y nos convierten en seres humanos vulnerables. Alguien con una autoestima sana, no se avergüenza de ser vulnerable. Sabe dar y pedir. A diferencia de quien tiene baja autoestima y se caracteriza por su inseguridad y su incapacidad de pedir consejo o ayuda. El motivo es que no desea parecer vulnerable.

Como consecuencia, en su ser interior la tensión aumenta y no logra avanzar. Esto puede derivar en un estado constante de hipervigilancia. La persona desconfía de todos y tiene la sensación de que el mundo entero está complotando contra él o ella. De ahí, la importancia de desarrollar una imagen adecuada de nuestras fortalezas y debilidades.

¿Cómo te ves a vos mismo/a? ¿Sos consciente de tus debilidades? Todos tenemos algunas. Se convertirán en fortalezas, si las reconocés y abrazás como parte de vos mismo, de vos misma. En este tiempo especial de fin de año, te animo a tener la valentía de hacer una mirada introspectiva para reconocer tus puntos débiles y hacer las paces con todo ello. No les temas, no intentes disfrazarlos, no los ignores. Porque solamente cuando somos débiles es que nos volvemos fuertes.

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