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24/10/2018

Nostalgia por los 80 en Washington y Moscú

Éramos pocos y volverá la carrera armamentista… En los últimos días, tuvimos que aprender que el Tratado INF es el que firmaron en 1981 Estados Unidos y la entonces Unión Soviética. Cobró actualidad porque Donald Trump anunció que su país piensa retirarse del acuerdo, decisión que se interpreta como una profundización del espíritu bélico que reverdeció en el país del norte desde su llegada a la Casa Blanca.

Su nombre completo es Tratado entre los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la eliminación de sus misiles de alcance medio y de más corto. También es conocido como Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio o precisamente, Tratado INF. Se pensó para destruir los misiles balísticos y de crucero que ambos países podían lanzar desde tierra firme, con alcances que oscilaban entre los 500 y los 5.500 kilómetros. Involucraba a sus lanzadores, estructuras de soporte y equipo de apoyo.

El Tratado INF condujo a la destrucción de casi 2.700 misiles y sus lanzadores hasta el 1º de junio de 1991, fecha límite que estipulaba. Se trató del primer acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Soviética cuya finalidad consistió en reducir el arsenal nuclear de las superpotencias y permitir inspecciones in situ para verificar la destrucción de los misiles. Permaneció en vigor después del colapso de Moscú, en 1991.

Las conversaciones habían comenzado una década antes, entre el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan y el líder soviético Leonid Brezhnev. Las tratativas y el tratado resultante surgieron ante la preocupación occidental por los esfuerzos que hacía la Unión Soviética para modernizar su arsenal de misiles. A mediados de los 70, los soviéticos habían alcanzado “paridad estratégica” con su archirival, gracias a los misiles SS-20, capaces de alcanzar el oeste de Europa, el norte de África y Oriente Medio, entre otros destinos.

El Tratado INF se firmó en diciembre de 1987 por el propio Reagan y otro recordado líder soviético, Mijaíl Gorbachov. Washington quiere salir del acuerdo porque junto con sus aliados de la OTAN, sospecha que Rusia viola sus preceptos. La desconfianza no es nueva: en 2014 Barack Obama acusó formalmente a Moscú de transgredirlo, al producir y probar un misil de crucero que había lanzado desde tierra.

En 2017, la administración Trump renovó las acusaciones pero Rusia las negó sistemáticamente y como contrapartida, expresó su preocupación sobre el cumplimiento del acuerdo por parte de Washington. En medios especializados, el asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, John Bolton, es bien conocido por su postura crítica sobre el control de armas. Hace tiempo que pide una retirada estadounidense del Tratado INF.

Por su parte, Trump expresó que tiene la intención de abandonar el acuerdo y que solo reconsideraría su decisión si Rusia y China aceptaran participar en las conversaciones sobre un nuevo pacto, que involucre a las tres naciones. Tanto en Estados Unidos como en Rusia, funcionarios gubernamentales y analistas especializados expresan su preocupación ante el aumento de la influencia y el poder militar de China. De ahí la preocupación por avanzar hacia un nuevo acuerdo que incluya a Beijing.

Las informaciones que circulan destacan que Rusia posee 6.850 ojivas nucleares, apenas por delante de Estados Unidos, que tiene 6.450. Después pero muy lejos, sigue Francia, con “solo” 300. El gigante asiático recién aparece cuarto en la desagradable nómina, con apenas 280 ojivas nucleares, cantidad que permite esbozar suspicacias sobre las preocupaciones reales del Pentágono. El ranking se completa con las 215 que posee Gran Bretaña, mientras que son ambiguos los datos en relación a las potencias regionales: Pakistán tendría entre 140 y 150 e India entre 130 y 140. Por su parte, Israel cuenta con 80 y Corea del Norte, entre 10 y 20.

Las acusaciones son cruzadas pero las dos partes tienen una parte de la razón. El problema es que Trump no entiende de sutilezas y que sus políticas preferidas pasan por el desafío o la amenaza. Además, se aproximan las elecciones de medio tiempo en Estados Unidos. Por su parte, Putin no va a contentarse con callarse la boca y admitir que sí, que ante la presión de la OTAN, tuvo que violar el Tratado INF.

Desde Europa, se sugiere negociar en lugar de rescindir el acuerdo, como pretende Estados Unidos. Si pudieron hacerlo Reagan y Brezhnev, ¿por qué no? Pero hay una serie de razones: Rusia aprovechó la crisis en Ucrania para recuperar Crimea e invadió el este del país. Por otro lado, por estos días se llevan a cabo en Escandinavia las mayores maniobras militares desde que finalizara la Guerra Fría. Nadie confía en nadie… Vuelven el rearme y el clima bélico. Aquellos y aquellas que recuerden los 80, saben de qué se trata.