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22/10/2018

Soy exigente conmigo mismo

Por Dr. Bernardo Stamateas
Soy exigente conmigo mismo
Soy exigente conmigo mismo

La persona autoexigente es impulsada por el perfeccionismo que la lleva a vivir enfocada en lo negativo. De esta manera, condiciona el ambiente a su alrededor negativamente. “No tendría que haber dicho eso”… “¿Cómo puedo haber actuado así?”… “Debería hacerlo de este modo”… “¿Qué van a pensar de mí?”… “Soy un verdadero fracasado”… tales son los pensamientos que giran por la mente de quien se exige a sí mismo todo el tiempo.

Te invito a responder sí o no, según corresponda:

- Si hago algo, me preocupa mucho cometer un error…
- Me fijo metas muy altas que me resulta difícil lograr…
- Creo que, incluso cuando doy lo mejor de mí, nunca es suficiente para otros…
- Cometer un error, para mí, es sinónimo de fracasar…
- Siento que no soy la clase de ser humano que debería ser…
-Cuando era chico, nunca podía complacer a mis padres, hiciera lo que hiciera…
Tres preguntas con un sí como respuesta es un indicio que hay una tendencia a ser autoexigente. Pero todos tenemos la capacidad de cambiar perfeccionismo por excelencia para vivir vidas satisfechas. Actualmente muchos expresan: “Soy exigente conmigo mismo y con los demás”. Quienes actúan así equiparan exigencia con excelencia. Pero son justamente conceptos opuestos.

Ser exigente con uno mismo jamás nos conduce a ser excelentes. Estos son los principales rasgos de una persona que se autoexige y espera lo mismo de otros:

• Nunca está satisfecho con sus acciones. Esto es porque siente que, aunque actuó bien, podría haber actuado un poco mejor. Tal actitud nos roba la paz y no nos permite disfrutar nuestros logros. Mujeres y varones, no necesitamos ser padres perfectos, ni parejas perfectas, ni hijos perfectos, ni amigos perfectos, ni profesionales perfectos. Lo cierto es que nadie es perfecto, todos nos equivocamos a veces y, si somos lo suficientemente sabios, siempre podemos aprender del error. Alguien autoexigente se critica a sí mismo y a los demás porque se concentra en los errores pero nunca aprende de ellos.

• Funciona lentamente. Esto es así porque, en su afán por hacer todo perfecto, precisa chequear todo más de una vez y tiene la sensación de que siempre le falta poco para llegar a la perfección.

• Tiene baja o cero tolerancia a sus errores y los de los demás. Quien se exige a sí mismo equipara su estima con sus logros. Entonces se siente bien, si logra algo; y se siente mal, si no logra nada. No se valora por quién es sino por lo que es capaz de producir.

• Sus metas son irreales. Si, por ejemplo, se dispone a bajar de peso, quiere perder diez kilos en una semana. O si es una persona mayor, desea seguir comportándose como si fuera un adolescente. Se trata de metas inalcanzables.

• Se fija plazos de tiempo que de ningún modo es capaz de cumplir. Por esta razón, termina sintiendo frustración porque nunca llega a la meta en el tiempo que se propuso. A esto se le suma el hecho de que se preocupa grandemente por lo que los demás piensen de él. Por eso, busca agradar a todo el mundo y que no lo critiquen, algo que nadie es capaz de hacer. Tal actitud le provoca mucho sufrimiento.

• Posee una mentalidad negativa y rígida. Piensa en términos de “todo o nada”, de “blanco o negro”. A esto se lo denomina “pensamiento polarizado” e implica que la persona siempre tiene dos únicas opciones, no existen los grises. Por eso, la innovación lo deprime.
Quien es autoexigente debe desaprender todo lo aprendido y tener la humildad como para incorporar a su vida creencias verdaderas que le permitan crecer y avanzar. Y sobre todo, saber que si se equivoca en el camino a la cima, no es el fin del mundo. Todos podemos ponernos de pie y volver a intentarlo todas las veces que sea necesario hasta dar a luz ese sueño que nos desvela.
¡Sé excelente, no autoexigente!

Si tenés alguna consulta, podés escribirme a [email protected].