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CASI 100 AÑOS DE VUELOS

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01/09/2018

El primer avión aterrizó en estancia San Ramón en octubre de 1921

El primer avión aterrizó en estancia San Ramón en octubre de 1921
El primer avión aterrizó en estancia San Ramón en octubre de 1921

En los últimos días, una nueva aerolínea comenzó a operar hacia y desde Bariloche. Para la zona, la historia de la aeronavegación arrancó 97 años atrás, cuando llegó a buen término el primer vuelo exploratorio.

En la próxima primavera, se cumplirá el 97º aniversario del primer vuelo de exploración sobre el lago Nahuel Huapi. Aquella misión fundacional fue llevada a cabo por un aviador inglés, Shirley Kingsley, quien despegó de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, el 26 de octubre de 1921. El piloto aterrizó con alivio en las inmediaciones de Bariloche dos días después, sin combustible en sus tanques.

Según Oscar Rimondi, que publicó un artículo al respecto en la desaparecida “Revista Patagónica”, hace poco menos de tres décadas, el británico protagonizó “una exitosa demostración, adelantada en veinte años a su época”. Es que hubo que esperar mucho tiempo más para que Bariloche quedara vinculada al resto del país por vía aérea. Claro que la hazaña de Kingsley no pasó desapercibida.

El hombre había peleado en la Primera Guerra Mundial y alcanzado “el grado de mayor en el naciente Royal Flying Corps. En esa ocasión (el viaje hasta aquí), piloteó un robusto biplano Airco DH-4 A, llevando dos pasajeros de excepción, el médico dentista Jorge Harkness Newbery, norteamericano de Nueva York, pionero patagónico, criador de ganado y precursor, colaborando con su amigo el perito Francisco P. Moreno, del Parque Nacional Nahuel Huapi”, informaba Rimondi. El otro viajero era un corresponsal de “La Nación”.

El historiador aeronáutico explicaba que “el vuelo comenzó en San Isidro, Buenos Aires, el 26 de octubre de 1921, a las 6:30 de la mañana, con rumbo a Bahía Blanca. Ya a la altura de Las Flores, se encuentra con fuerte viento contrario que, por momentos, sólo le permite avanzar a 60 kmh. Al avistar la población de Coronel Pringles, tiene que aterrizar por falta de combustible”. El itinerario prosiguió hacia el sur.

“Una vez reabastecido, continúa el vuelo, llegando sobre Bahía Blanca al mediodía. Hace evoluciones sobre el centro de la ciudad y arroja, según lo programado, volantes de propaganda de lámparas eléctricas. Luego aterriza en Maldonado, un suburbio cercano”, señala el trabajo de Rimondi. “Al día siguiente, vuela en línea recta hasta divisar Choele Choel y luego, siguiendo el río Negro, llega hasta Neuquén, que sobrevuela, pero aterriza en Cipolletti, en el establecimiento vitivinícola de la familia Peuser, sus amigos, pernoctando en la mansión que es réplica del Petit Trianon, hoy monumento histórico provincial”. 

Medio pueblo 

Kingsley logró su objetivo al día siguiente. “El 28 de octubre inicia la última etapa, volando sobre el río Limay con rumbo a San Carlos de Bariloche. El tiempo es bueno, pero el rudo viento del sudoeste lo enfrenta, demorando la navegación. Media población ha ido a esperarlos a una pequeña planicie, cerca de la costa del lago, en inmediaciones del actual Aeroclub Bariloche. Para muchos será la primera vez que pueden ver y tocar un aeroplano”.

Pero el aterrizaje a orillas del Nahuel Huapi no tuvo nada de placentero. “El piloto ya tiene a la vista el gran lago, está a punto de terminar su raid, pero otra vez se agota la nafta y el motor se detiene. Con mano firme, realiza un impecable aterrizaje de emergencia cerca del casco de la estancia San Ramón, distante siete leguas de Bariloche. Así llegó el primer avión al Nahuel Huapi”.

Luego sí, sobrevino la fiesta. “Por una semana, Kingsley es agasajado en Bariloche y estancias vecinas. Hay vuelos de bautismo. Entre los que sintieron esa nueva sensación están Juan, Justo y Matilde, jóvenes hijos de Jarred Augustus Jones, el cowboy tejano pionero de Tekel Malal, estancia situada cerca del nacimiento del río Limay, territorio del Neuquén”, recordaba el especialista en aquella publicación.

A título de reflexión, Rimondi expresaba que Kingsley había concretado con hechos la idea que lo llevó a organizar este raid, a sugerencia del doctor Newbery. Ahora el proyecto era el establecimiento de una línea aérea entre Neuquén y Bariloche que, por esos tiempos, sólo era servida trabajosamente por la mensajería ‘La Veloz’ de los hermanos Jacinto y Amaranto Suárez, bravos pioneros neuquinos, que hacían el trayecto con automóviles Mercedes Benz y FN, tardando dos días y medio cuanto todo salía bien, y hasta una semana durante las nevadas invernales, siendo el costo del pasaje de 125 pesos. La línea aérea proyectada lo haría en 3 horas por 200 pesos”.

Era hora de pegar la vuelta. “El 5 de noviembre, Kingsley inicia el regreso. Esta vez el viento lo ayuda. En sólo 2,30 horas llega a Cipolletti, confirmando la buena impresión que la gente de la región tiene sobre el proyecto. La próxima etapa es Bahía Blanca, para finalizar en San Isidro”, afirmaba en su recuerdo, el autor de la nota. “Semanas después, las noticias del Neuquén traen la novedad de la constitución de ‘una sociedad de aviación con fines comerciales, que ya ha suscripto 25.000 pesos para completar un capital de 250.000, a fin de comprar dos biplanos Breguet XIV-T para 4 pasajeros, y también tierras para aeródromos’”. Esa historia, todavía continúa.

Espíritu “low cost” 

Hacia 1920, “’Neuquén está unido a Buenos Aires por el Ferro Carril Sud, moderno y eficiente. La línea aérea, además de solucionar el aislamiento del sufrido poblador de las zonas de los lagos, facilitará la llegada de turistas a estas tierras, que nada tienen que envidiar a Suiza’”, decía un periódico neuquino. Pero “el proyecto no tuvo suerte. Los trámites se alargaron, se perdió el entusiasmo inicial y, lentamente, fue cayendo en el olvido”.

Según Oscar Rimondi, era importante rescatar “la visión de algunos pioneros del Nahuel Huapi sobre la importancia de la naciente aviación comercial en el futuro de esa región. Por esos días, daban también sus primeros pasos en Europa y Estados Unidos las que hoy son grandes líneas aéreas internacionales. Kingsley creó, en 1919, la ‘The River Plate Aviation Co.’ Con once aeroplanos. Unos de sus accionistas era Aaron Anchorena, pionero de Isla Victoria desde 1902”.

Recordaba el hombre que “cuando aquella compañía se fusionó con la ‘Franco Argentina de Aviación’ para crear la ‘Compañía Rioplatense de Aviación’ el 21 de septiembre de 1921, que también dirigió Kingsley, integraron la lista de accionistas Carlos y Nicolás Ortiz Basualdo, primeros pobladores de la estancia Huemul a orillas del lago Nahuel Huapi”. Lejos en el tiempo de las aerolíneas “low cost”, pero con un espíritu similar.