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12/05/2018

Aperturas que duelen para “volver al mundo”

El que se quema con leche… Que el gobierno recurra al FMI para financiarse induce a realizar comparaciones entre la actualidad y los momentos de mayor descalabro económico que sufrió el país, en particular, la crisis de 2001-2002. En aquella oportunidad, el contexto internacional era de inestabilidad, pero la Argentina sufrió con creces a raíz de la debilidad que provocaban sus niveles de endeudamiento y la vigencia de la Convertibilidad.

Al tanto de la situación, el ministro Dujovne quiso establecer que la coyuntura presente no tiene que ver con aquella y que su administración negocia “financiamiento preventivo”. Como ya dijimos columnas atrás, los funcionarios de Cambiemos explican las corridas cambiarias de las últimas semanas por la situación internacional. Desde ya, el frente externo siempre incide en la marcha del interno, pero no alcanza a justificar el desbarajuste cambiario e inflacionario argentino.

Fronteras afuera, es verdad que Estados Unidos se propuso atraer fondos que, hasta fines del año pasado, estaban en otros países. Al pagar más sus bonos del Tesoro a través de incrementos en las tasas, para los grandes especuladores del mercado financiero global, resultan menos atractivos otros activos menos “seguros”, entre ellos, los argentinos. La tasa en cuestión superó el 3 por ciento a 10 años, valor que no alcanzaban desde 2014.

Son títulos de deuda pública que se venden en subastas (mercado primario) y ofrecen un interés nominal fijo, pero su cotización varía según las oscilaciones de la oferta y la demanda. Entonces, el interés efectivo es variable.

Cuando sus tenedores esperan un crecimiento de la inflación –como en la actualidad-, tienden a desprenderse de esos papeles y se pasan al dólar que, en consecuencia, se revaloriza. La demanda internacional de billetes verdes es mayor y aumenta su cotización.

La suba internacional se produjo porque se estima que la Reserva Federal aumentará las tasas de los bonos de corto plazo en junio. La determinación implicará un encarecimiento del dinero después de casi una década de tasas muy cercanas al cero. La decisión se producirá en un contexto de alto endeudamiento público y también corporativo. Al interior de Estados Unidos, la reforma impositiva que impulsó su presidente obliga al sector público a tomar más deuda.

El fortalecimiento de la moneda norteamericana actúa en detrimento de las monedas de otros países. Como país dependiente de las finanzas internacionales en condición de emergente, la Argentina deja de recibir la entrada de capitales de corto plazo. Durante los dos primeros años del gobierno actual, ingresaron al país 30.000 millones de dólares, en su mayoría para adquirir Lebacs, incursionar en la Bolsa y, en muchísima menor medida, para inversiones productivas. La friolera sólo compensó en parte la fuga de capitales.

Al volverse los “inversores” más cautos, hay menos fondos para los “emergentes”, hecho que motivó devaluaciones en Brasil, Perú, Chile, Colombia y demás países, pero donde pegó más fuerte fue en la Argentina y en Turquía.

La combinación de factores hace que se encarezca el crédito internacional; muy mala noticia para el gobierno argentino, aunque ya se venía venir. Por eso, en los primeros meses de 2018, desde el Ministerio de Finanzas, se impulsó la emisión de 10.000 millones de dólares a tasas de “sólo” el 6 por ciento.

Los movimientos en la escena internacional expusieron la fragilidad del esquema argentino. El problema no data de las dos últimas semanas: si bien el presidente y sus ministros se esfuerzan por sonreír en cada foro del que toman parte, en noviembre último, la célebre Standard & Poor había ubicado a la Argentina en el “selecto” grupo de los cinco países más vulnerables si cambiaban las condiciones globales. Y bueno, cambiaron…

Como ya dijimos en esta columna, la debilidad argentina no se explica tanto por la importancia relativa de su deuda: si bien creció a una velocidad que marea desde que asumió el actual gobierno, la que se contrajo con el sector privado en dólares ronda el 30 por ciento del PBI… La preocupación es precisamente el ritmo al cual se contrajo. Y, también, el déficit de cuenta corriente que se tiene que financiar: el déficit del comercio exterior y el peso de los intereses que se deben cancelar. En conjunto, representan el 5 por ciento del PIB, es decir, 30.000 millones de dólares por año.

Hasta el momento, el staff gobernante solventó los agujeros con endeudamiento y con estímulos a la entrada de capitales. Respecto al primer rubro, en dos años, las emisiones de deuda pública en dólares totalizaron 75.000 millones y, en relación al segundo, se dispuso la liberalización del mercado. El aperturismo del que hizo gala desde que se instaló en la Rosada ahora se está cobrando con creces su precio.