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11/05/2018

Al gran pueblo argentino, ¿salud?

Aunque utilicen otras palabras, incluso los más altos funcionarios del gobierno nacional admiten que el país se aproxima a ceder soberanía. Los préstamos del FMI siempre incluyen condicionamientos que se relacionan con la política económica y no hace falta hacer demasiada historia: en la última revisión que prevé el Artículo IV, el organismo solicitaba persistir en el ajuste fiscal y mantener una política monetaria restrictiva.

Cuando se concrete el acuerdo, la Argentina se comprometerá a cumplir una serie de metas en los rubros monetarios y presupuestarios, que se transformarán en exigencias. El jefe de Gabinete fue muy explícito: “nos van a mirar más, nos van a pedir más, nos van a exigir más”. En consecuencia, hay que admitir que dentro de 34 días –más o menos-, cuando se venga una seguidilla de interpretaciones del Himno Nacional a raíz del Mundial, seremos muchos los argentinos y argentinas que encontraremos aquellas estrofas un tanto huecas. Por decirlo elegantemente…

Una vez que se supera la escuela, apenas si se entona cuando la gente asiste a actos oficiales. Sólo en ocasión de competencias deportivas internacionales su evocación alcanza carácter masivo, aunque quizá, no sean los grandes estadios los lugares más apropiados para reflexionar sobre contenido. Nadie se ofenderá si afirmamos que, en la mayoría de los casos, se repiten sus estrofas de manera maquinal.

Cuando hoy se entone el Himno Nacional se tenderá a pensar el pasado, pero el propósito de sus autores en pleno transcurso de la Revolución de Mayo fue otro. “La marcha patriótica” que le dio origen tuvo como finalidad influir sobre aquel presente de convulsión e incertidumbre, pero también de grandeza y perspectivas. Como se sabe, su letra se debe a Vicente López y Planes y desde el 11 de mayo de 1813, es la Canción Patria.

La determinación corrió por cuenta de la Asamblea Constituyente que deliberaba por entonces. Se le asigna a Mariquita Sánchez de Thomson la primera interpretación en público que precisamente, tuvo lugar en su casa. Pero también se afirma que después del pronunciamiento, se escuchó el Himno en un teatro de Buenos Aires gracias a “una comparsa de niños ricamente vestidos al traje indiano”. Suponemos que en la segunda ocasión se pudo contar con más público.

En la letra de su primera versión, es elocuente la influencia del ideario que animó a la Revolución Francesa. El grito de libertad corona su arranque y enseguida, se invoca a la igualdad, bandera de lucha de todas las causas republicanas. Por otro lado, si bien no se menciona explícitamente a la fraternidad -la otra integrante de la tríada- los expertos sostienen que aflora en la utilización de la primera persona del plural, cuando se jura “con gloria morir”.

A pesar de tanta distancia temporal, todavía cumple la Canción Patria su cometido original: la propaganda. Si inclusive en la actualidad puede emocionar y movilizar, ¡qué sensaciones provocaría al entonarse cuando el enemigo estaba a la vuelta de la esquina! Al fundamentar su elección como enseña sonora de las Provincias Unidas, se buscó “inspirar el inestimable carácter nacional” y “que ninguno viva entre nosotros sin estar resuelto a morir por la causa santa de la libertad”.

El autor no era un compositor de canciones de amor… López y Planes se doctoró en Leyes en la Universidad de Chuquisaca, actual territorio boliviano. En aquellas lejanías, la impronta de Tupac Amaru y demás líderes de insurrecciones indígenas estaba muy presente e incidió en la voluntad política de varios de los futuros revolucionarios. Durante las invasiones inglesas a Buenos Aires, López y Planes se desempeñó como capitán en el  Regimiento de Patricios y ya entonces comenzó a dar noticias de su vocación, ya que escribió un poema al que tituló “El triunfo argentino”. La música tuvo como autor a Parera, hombre oriundo de Murcia.

En conmemoración de la decisión de la Asamblea, que tuvo lugar el 11 de mayo de 1813, se instituyó el Día del Himno Nacional. La versión original era bastante más extensa que la actual y además, antes del recorte sufrió otra mutación, ya que en 1860, el maestro Juan Esnaola realizó algunos ajustes, los que basó en viejos manuscritos de Parera. Esos arreglos se convirtieron en versión definitiva a partir de 1944, a raíz de una decisión del Poder Ejecutivo.

Durante el segundo gobierno de Julio Roca, el Poder Ejecutivo dispuso que sólo correspondía cantar la primera y última cuarteta, además del coro y esa es la versión que todos conocemos. ¿Qué pensaría de ese recorte Blas Parera? El músico murió en absoluta miseria, a tal punto que sus restos se enterraron en una fosa común. ¿Cuándo iremos a recuperar el orgullo al entornar sus estrofas?