Un carpintero de Dina Huapi escribió una novela que se transformó en una grata sorpresa en el panorama literario de la región
Cuando lo conocí, Fernando Bercic estaba vestido de nazi. Y me asesinó. Ambos éramos extras en una película hollywoodense que se rodó en Bariloche (no pregunten… cosas de la vida). Apenas unas pocas jornadas compartidas bastaron para percatarme de que se trataba de un tipo sensible, por eso no me extrañó demasiado cuando, tiempo después, me enteré de que había escrito un libro. Lo que me asombró fue que se tratara de una obra tan original, tan bien escrita… En definitiva, tan buena. Porque Leona plateada es un gran texto.
Pero, decíamos, Fernando —que es carpintero— tuvo también una experiencia cinematográfica. El lo recuerda así: “Jamás imaginé ser parte de una película, menos en una producción internacional. Pero me enteré de que buscaban extras y, como el tema era referido a la Segunda Guerra Mundial, me interesó. Mis abuelos y mis padres habían llegado a la Argentina escapando de ese conflicto. Es más, mi abuelo paterno lo vivió como soldado. Así que era una buena chance para conocer desde adentro algo de lo que pasaron”.
“Por momentos, fue conmovedor. Disfruté muchísimo cada instante del rodaje y de la gente amiga que surgió de ahí”, apunta. Cabe resaltar que uno de los protagonistas de aquel film de la Metro-Goldwyn-Mayer era Ben Kingsley, quien obtuvo un Oscar por su papel en la película Gandhi, de 1982.
Yendo a lo que tiene que ver con lo literario, Fernando cuenta: “Mi vínculo con la literatura empezó promediando la secundaria. De chico me gustaba leer historietas o cuentos, pero me considero lector desde que leí una novela por decisión propia, cuando tenía dieciséis años. Fue El castillo, de Franz Kafka. A partir de ahí, no dejé de leer nunca. Y con respecto a la escritura, también se inició en aquellos tiempos, cuando escribía historias que involucraban a mis compañeros de clase y a los profesores, haciéndolos vivir situaciones irracionales, absurdas. Era muy divertido, me encantaba hacerlo y más me gustaban las reacciones que causaba en mis lectores”.
Fernando encontró en Dina Huapi su lugar en el mundo.
Sobre su origen, el escritor, que reside en Dina Huapi y tiene cuarenta y ocho años, bromea: “Nací en Avellaneda sólo para estar por un rato cerquita de la cancha de Racing, porque en realidad viví hasta los veintisiete en Lanús, zona sur del conurbano bonaerense”. Lo que sigue ya no es broma: “El barrio donde estábamos solía ser tranquilo, pero se fue poniendo cada vez más ‘picante’, así que, con mi mujer, decidimos venir a vivir a la Patagonia”, indica, y añade: “Estuvimos casi dos años en el centro de Bariloche, y buscábamos un lugar más tranquilo. Queríamos estar cerca del lago, pero también nos gustaba mucho la estepa y nuestras salidas solían ser para esos lados. Dina tenía lo que buscábamos”.
En esa parte del mundo, se ha dedicado a trabajar la madera. Al respecto, expresa: “La carpintería es mi trabajo, pero, a la vez, es un oficio que me permite crear. Un tirante o un tablón pueden estar muchos años tirados en un rincón, y de repente les llega su momento y terminan siendo parte de una mesa, una silla, una puerta… Esa transformación es hermosa y, cuando se hace con dedicación, el toque personal hace la diferencia”. De ese modo, reflexiona: “Con la literatura pasa algo parecido. Siempre ando con alguna idea en la cabeza, dando vueltas y vueltas hasta que le llega el momento y empieza a transformarse en una historia. En este caso, le agrego pasión, le pongo siempre algo de mí”.
Y, con ese sentimiento, abordó Leona plateada: “Nació de una serie de diálogos que empecé a escribir en 2008, muchos de los cuales quedaron en la novela. Los personajes que iba inventando empezaron a relacionarse entre sí. A eso le sumaba todas las vivencias de mis primeros tres años en este lugar maravilloso. Al ser todo nuevo para mí, era una fuente infinita de sensaciones que quería describir. Un día me di cuenta de que en mi cabeza ya estaban el principio y el final de la novela. Faltaba todo lo del medio, pero, a medida que avanzaba, se iban abriendo caminos que me convencían de que tenía algo muy consistente en mis manos”.
Leona plateada, un libro que sorprende.
“Eso sí, escribía unas pocas horas a la semana porque el trabajo no me permitía más”, aclara, sumando: “Tuve paciencia y constancia, pero lo más importante es que no pasó un solo día en el que no pensara en la novela”.
La trama, a pesar de su gran elaboración, es muy fácil de comprender y de muy rápida “digestión”. Tan es así que sus casi seiscientas páginas no resultan excesivas. Cada palabra tiene su porqué, y el interés obliga a una lectura rápida. Sin embargo, el argumento es complicado de explicar… Fernando lo intenta: “La historia gira principalmente alrededor de Nina, una adolescente que empieza a sospechar que la muerte de su padre quizás no fue como todos creen. A partir de ahí, se va metiendo en una búsqueda que la lleva a descubrir cosas de su pasado y, también, de las personas que la rodean. Pero Nina no está sola. A medida que avanza en su misión, va juntando adeptos a su causa que están dispuestos a ayudarla como sea. Cada personaje tiene lo suyo, con sus problemas, sus intenciones y sus secretos”. Así, continúa: “Roca Esteparia y Arrayania, la estepa y la cordillera patagónica, el pueblo y la ciudad, son los escenarios, el mundo, donde estas historias se van a entrelazar. Hay misterio, hay suspenso, hay amor…”.
Fernando imagina una continuidad en la literatura.
Leona plateada (que se puede conseguir en la librería El Profe, de Dina Huapi, y a través de Mercado Libre) se ha convertido en una pequeña revolución literaria dinahuapense. El boca a boca ha hecho que el libro se venda muy bien (quedan escasos ejemplares).
Ante ese éxito en el pueblo, ¿qué pasará con el carpintero? ¿Habrá más libros? “Siempre ando escribiendo cosas que, con el tiempo, aspiro a que lleguen a ser buenos cuentos o relatos”, señala Fernando, para luego acotar: “Después de la publicación de la novela, y teniendo las primeras devoluciones de los lectores, sentí que escribir una segunda parte no sólo era un deseo mío, sino que debía hacerlo realidad, y en eso estoy ahora”. Por lo tanto, a los que disfrutamos de Leona plateada, nos resta esperar para ver cómo han continuado la vida de sus personajes en la mente del escritor, quien, pensando en dicha continuación, sonríe y afirma: “Sólo espero que no me lleve tanto tiempo como la primera”. Fernando concluye: “La literatura es pasión. Es la emoción de leer una buena novela, un cuento, un relato. Es el motor que me lleva a transformar todas las ideas que vuelan en mi cabeza para convertirlas en historias. Y es también ese momento sublime en el que un lector te agradece por lo que escribiste”.
El carpintero y escritor ya trabaja en la continuación de Leona plateada.