2026-11-01

Vendiendo churros en la jornada electoral: una forma de ganarse la vida a pura dulzura

Una tentación que llevaba a depositar el voto con una sonrisa.

La zona de ingreso a la Escuela N° 71 Don José de San Martín, ubicada en Marchiori 1750, pleno corazón del barrio Ñireco, en el marco de la jornada electoral destinada a escoger a los convencionales constituyentes que definirán la próxima Carta Orgánica de Bariloche, tuvo la característica de contar con una cuota de dulzura particular. Gracias a Paula Brand, el sector de la entrada a la institución escolar mostró una estampada tentadora para aquellos que llegaban al lugar. Su canasta con churros con dulce de leche hacía que cada persona que ingresaba girara de inmediato la cabeza. La azucarada atracción propiciaba que varias de ellas, tras emitir el voto, a la salida, se detuvieran para comprar algunos.

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Paula había llegado temprano, a las siete y media de la mañana. “Primero estaba bastante tranquilo, ahora (el reloj marcaba que nos estábamos acercando al mediodía) se empezó a ver más movimiento”, dijo la joven.

Dulce tentación.

La vendedora comentó que los churros conformaban sólo una de las opciones con las que se lanza a diario a la calle, como forma de ganarse la vida. “Vendo tortas, panes, churros… Mi marido da clases de guitarra… Hacemos de todo”, contó.

La joven indicó que no se limitaba a la zona del barrio Ñireco, donde se encuentra la institución escolar que la tuvo en su entrada como efigie dulcemente tentadora, sino que, habitualmente, recorría diversas partes de la ciudad: “Ando por todos lados”, sonrió. “Los sueldos están bastante bajos, por eso, en este momento, me está sirviendo más vender de este modo que estar en relación de dependencia”, sostuvo Paula, quien explicó: “Soy administrativa contable, aunque ahora no trabajo de eso”.

Simpatía para pararse frente a la gente: una característica esencial en Paula a la hora de ofrecer los producos que vende.

Es la segunda ocasión en que la joven optó por vender sus productos durante un acto eleccionario. La anterior vez, también estuvo en la Escuela N° 71. 

La vendedora, al mediodía, aún no había votado. Pensaba cumplir con la obligación cívica, aunque, para trasladarse al barrio Nuestras Malvinas, donde tenía que hacerlo, esperaba despachar lo que le restaba de churros. Y lo cierto es que las ventas, aunque no con tanta rapidez como la vez anterior, iban a buen ritmo. Quienes compraban una unidad solían reincidir. El precio servía como incentivo, porque era económico (mil quinientos pesos cada churro; tres por cuatro mil), y su simpatía terminaba de definir la voluntad de quienes dudaban acerca de si caer o no en la tentación.

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