Tres nadadoras de Bariloche se destacaron en el Panamericano y sueñan con llegar al Mundial
La natación de Bariloche tuvo una destacada participación en el Campeonato Panamericano Máster que se desarrolló del 21 al 27 de octubre en el Parque Olímpico de Buenos Aires. Samantha Guiñazú, Carolina Maretto y Camila Pareja, integrantes del Equipo GONE, regresaron con mejoras en sus tiempos, posiciones destacadas y una medalla de bronce que ahora alimenta un nuevo objetivo: participar del Mundial Máster de 2027 en Budapest, Hungría.
Las tres nadadoras entrenan bajo la conducción de Federico Gonella en la pileta de Splash Fit. El Cordillerano dialogó con Samantha Guiñazú, quien consiguió el tercer puesto en los 400 metros combinados, el certamen significó su primera experiencia panamericana y la posibilidad de medirse con rivales de países con los que no suele compartir competencias.
“Para mí fue la primera vez que participé en un Panamericano. Venía participando de instancias sudamericanas en años anteriores y la verdad que estuvo muy bueno poder medirme con otros competidores”, contó en la entrevista.
Entre las participantes había nadadoras de Estados Unidos, Canadá, México y Jamaica, entre otros países.
Un podio y resultados destacados para las tres nadadoras
Guiñazú completó cinco pruebas y logró ubicarse entre las ocho primeras en todas ellas. Además del bronce en los 400 metros combinados, terminó quinta en los 200 metros combinados, sexta en los 200 metros libres, séptima en los 100 metros libres y octava en los 100 metros mariposa.
“Los resultados estuvieron muy bien por nuestra parte, logramos bajar los tiempos y entrar en el podio”, resumió sobre el balance del equipo.
Carolina Maretto también estuvo cerca de subir al podio. Consiguió el cuarto puesto tanto en los 100 como en los 50 metros espalda, en ambos casos a apenas unas centésimas de segundo de las medallas. Completó su participación con un noveno lugar en los 50 metros libres y un decimotercero en los 100 metros libres.
Para Camila Pareja, el Panamericano tuvo un significado particular: fue su primera competencia internacional. En ese debut consiguió el octavo puesto en los 800 metros libres, el noveno en los 200 metros libres, el décimo en los 400 metros libres y en los 100 metros mariposa, y el decimotercero en los 100 metros libres.
El equipo venía sumando experiencia en los Sudamericanos de Buenos Aires 2024 y Santiago de Chile 2025. En esta oportunidad, además de los resultados, valoraron la posibilidad de competir en un escenario continental y registrar marcas oficiales para proyectar nuevos desafíos.
Hungría aparece como el próximo gran objetivo
Después del Panamericano, el Mundial Máster de Natación de 2027 en Budapest comenzó a tomar forma como una posibilidad. Según explicó Guiñazú, los tiempos obtenidos permiten pensar en ese salto, aunque todavía resta resolver cómo afrontar el viaje.
“Hubo marcas que se lograron en el equipo que nos permiten pensar el año que viene en participar del mundial que va a ser en Hungría. Por supuesto que hay que tener en cuenta la organización y la forma de llegar hasta allá”, expresó.
La diferencia económica entre trasladarse a Buenos Aires y viajar a Europa es uno de los principales aspectos a evaluar. Por eso, la búsqueda de patrocinadores aparece entre las alternativas para intentar concretar la participación.
“No es lo mismo ir a Buenos Aires que ir a Hungría. Así que bueno, estamos evaluando posibilidades de conseguir algún esponsoreo o ver como enfrentamos los costos porque sentimos que nos puede ir bien”, sostuvo.
Guiñazú ubicó ese objetivo hacia fines de junio y la primera semana de julio del próximo año. Por el momento, se trata de una aspiración que deberá combinar preparación deportiva, organización y recursos económicos.
Volver a nadar después de 14 años y recuperar la competencia
Detrás del podio hay una historia que comenzó en la infancia y tuvo una extensa pausa. Guiñazú contó que nadó desde muy chica, pero que luego pasó 14 años sin practicar la actividad por distintos motivos. Hace cinco años decidió regresar.
“Cuando volví hace cinco años a nadar retomé una actividad que para mí siempre fue más disfrutable en aguas abiertas, pero hace dos años me entusiasmé de nuevo con pileta”, relató.
Desde entonces, combina ambas modalidades. Mientras sostiene los entrenamientos y las competencias en pileta, también se prepara para una nueva temporada de aguas abiertas.
Para ella, ese regreso tuvo una base construida durante sus primeros años de práctica. Aunque debió recuperar entrenamiento, sintió que la experiencia previa seguía presente.
“Cuando volví a nadar me di cuenta que el cuerpo se acuerda de toda la preparación anterior y fue cuestión de retomar un poco nada más”, explicó.
El acompañamiento familiar detrás de cada prueba
Aunque al momento de competir cada nadadora enfrenta su propia prueba, Guiñazú remarcó que el recorrido está lejos de ser individual. Su pareja y su hijo la acompañan en cada desafío y la alientan cuando aparecen dudas sobre una nueva carrera.
“Mi familia, particularmente mi pareja, mi hijo, siempre ahí acompañan en cada carrera y siempre están motivandome para que lo haga”, contó.
Ese respaldo es fundamental para compatibilizar el deporte con el resto de la vida cotidiana y afrontar los gastos que implica participar de una competencia.
“Tiene que haber ahí como un apoyo porque si no después es difícil”, explicó. En ese sentido, destacó la importancia de poder decidir en conjunto un viaje, compartirlo y convertirlo también en una experiencia familiar.
“El acompañamiento es parte de lo más lindo y sobre todo en un deporte como la natación que si uno no tiene este tipo de acompañamiento todo se torna muy individual. Por eso siempre hay que tratar de hacerlo así como en equipo”, sostuvo.
La preparación también pasa por la cabeza
Guiñazú también marcó diferencias entre lo que ocurre mentalmente en una carrera de pileta y en una prueba de aguas abiertas. En las distancias más cortas, la atención está puesta en ejecutar lo entrenado y resolver cada momento de la competencia.
“En las carreras de pileta prácticamente no pienso en nada más que lo que tengo que hacer en ese momento, porque además son carreras cortas”, explicó.
En aguas abiertas, en cambio, la duración exige otro trabajo mental. Pasar horas nadando implica sostener la concentración y convivir con los pensamientos que aparecen durante el recorrido. Por eso, señaló que ambas modalidades requieren entrenamientos distintos, tanto físicos como de la cabeza.
Con el Panamericano terminado, el calendario inmediato incluirá la temporada de aguas abiertas para algunas de las integrantes del equipo. A la vez, comenzarán a evaluar las posibilidades de llegar a Hungría, con el impulso de los resultados obtenidos y la experiencia de haber competido frente a nadadoras de todo el continente.