DESGARRADOR
Valentín Yankelevich reveló quién lo rescató de la violencia de su padre tras la muerte de Romina Yan
Pedir que no lo obligaran a volver a su casa marcó un antes y un después para Valentín Yankelevich. Al recordar su infancia tras la muerte de Romina Yan, el joven relató situaciones de violencia que atribuye a su padre, Darío Giordano, y explicó cómo consiguió salir de aquel hogar.
La Justicia terminó otorgando la tenencia de los hermanos a Gustavo Yankelevich, padre de Romina Yan. Según contó, Darío Giordano apeló durante el proceso, pero los chicos no volvieron a convivir con él desde la denuncia.
Sobre Romina Yan, fallecida cuando tenía siete años, expresó: “Yo tenía devoción por mi mamá. La amaba con todo mi ser... Era todo lindo, todo color de rosa. Pero cuando uno creía que eso era tocar fondo y la tristeza máxima que se podía experimentar, llegaron situaciones que hoy mirando para atrás fueron mucho peores”.
Valentín Yankelevich situó el comienzo de las agresiones hacia él y Franco alrededor de sus nueve o diez años: “Eran golpes, gritos, maltrato. A mí nunca me gustó estudiar. Ahora, las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa”. También describió: “Desde agarrarme de los pelos, llevarme por la escalera, pegarme, dejarme encerrado en el cuarto, traerme la comida cuatro horas después fría, apoyarla en el piso, 'tomá, comé'
Al explicar las secuelas, señaló: “El golpe físico tiene un dolor efímero. Te duele y ya está. Pero lo que te queda adentro es el maltrato psíquico y psicológico”. Sobre Darío Giordano, fue contundente: “Yo no le digo papá porque él no cumplió ese rol”.
Su abuelo les creyó y los acompañó a denunciar. Allí pidió: “'Por favor no nos manden de nuevo a mi casa. No podemos estar más ahí'. Se lo dije a dos chicas que nos tomaron la denuncia. Y gracias a Dios nos escucharon y ahí cambió mi vida”. El agradecimiento permanece intacto: “Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida... Nos dio lo único que necesitábamos que era amor”.
A los 18 años, Valentín Yankelevich decidió cambiar legalmente su apellido: “Del día uno quería cambiarme el apellido. Me hacía mal. Fue una gran decisión también en honor a mi abuelo, mi verdadero padre”.
Hoy, a los 23, puede hablar de otro presente: “De ese nene que no quería vivir a donde estoy hoy, con tener ganas de vivir ya es una victoria, imaginate. Y hoy todo lo que logré, mis amigos, mi novia, yo soy muy feliz”. Gustavo también lo acompaña en su actividad como piloto de TC2000 y está presente en cada carrera.