¿Es normal el nivel alto que se observa en el lago Nahuel Huapi?
Ante el nivel de agua que se observa en el lago Nahuel Huapi, notoriamente alto, el investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) Nicolás Martyniuk, biólogo especializado en limnología (estudio de los lagos y lagunas), indicó que, de acuerdo con lo que se detecta en la medición que realiza la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas en una estación ubicada en la zona del Puerto San Carlos, en ese sector se aprecia un nivel de 2,30 metros. “Doce días atrás, en ese mismo lugar, estábamos en 1,60”, expuso, detallando: “Eso significa que, durante ese poco tiempo, subió 70 centímetros, principalmente por todas las lluvias que cayeron”.
Para analizar el panorama actual, Martyniuk recurrió al contexto histórico: “De 2007 hacia atrás, las crecidas grandes eran frecuentes, pero en otoño, no tanto en primavera. Desde aquel momento en adelante, en tanto, las precipitaciones fueron cada vez más bajas. El año pasado tuvimos 450 milímetros en un año, pero ahora ya llevamos 800 en lo que va de 2026. Entonces, el cambio climático, con las variaciones de los patrones de precipitación y temperatura, hacen que se produzcan eventos que no eran frecuentes en septiembre”.
De tal forma, consideró que lo que sucede en la actualidad “es algo bastante atípico y está afectado por el Súper Niño”, en alusión a un fenómeno climático que ocurre cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se calientan mucho más de lo normal y alteran el clima en todo el planeta, cosa que este año se produjo de manera intensa, por lo que a la expresión que se suele utilizar, “niño”, se le sumó, precisamente, lo de “súper”.
“En algunos lados va a haber más lluvias y en otros, más sequías, porque el cambio climático, a partir del Súper Niño, provoca una redistribución de la humedad. Acá, en la Patagonia Norte, tenemos mayor cantidad de precipitaciones, pero, por ejemplo, en toda la Patagonia Sur habrá lluvias normales o incluso por debajo de lo habitual. El Súper Niño afecta de forma diferente las condiciones de temperatura y precipitación a lo largo de Sudamérica”, desarrolló el biólogo.
“No recuerdo, históricamente, esta cantidad de lluvia en septiembre”, indicó Martyniu, quien advirtió que las condiciones que imperan por el Súper Niño continuarán hasta febrero de 2027. De tal forma, apreció: “El último trimestre de este año estará marcado por un clima inestable y con bastantes precipitaciones, incluso en diciembre”.
En ese sentido, explicó que el nivel del lago “seguirá creciendo”, ahondando: “Además, todavía queda nieve en las montañas, con lo cual falta que eso se deshiele”.
Asimismo, manifestó que “el Servicio Meteorológico Nacional hizo previsiones, teniendo en cuenta el Súper Niño, y se esperan mayores cantidades de precipitaciones en el norte de la Patagonia”.
Igualmente, señaló: “No está mal que el nivel del lago suba, porque eso nos da seguridad hídrica a todos los barilochenses y también provee de energía a las centrales hidroeléctricas”.
En ese punto, detalló que “el agua después se usa en el Valle, porque va para el río Limay, que subió 70 centímetros —su caudal aumentó casi un cuarenta por ciento—; es decir, beneficia a todas las ciudades que están abajo de Bariloche”.
Más allá de lo positivo, aclaró que, obviamente, existen sectores de la sociedad a los que la situación les genera problemas diversos: “Hay personas que no pueden tener una casa con un techo digno, calles que no tienen desagotes y se inundan… O sea, se ve mucha diferencia económica en Bariloche. Se trata de una ciudad muy heterogénea”, consideró. De tal manera, apreció que la problemática que suele generarse con las lluvias intensas, mayormente, se vinculan a cuestiones relacionadas con la infraestructura.
Por otra parte, expuso que, durante el verano, se contará con menos cantidad de espacio para disfrutar en las playas, precisamente, por la crecida del lago.
En lo referido a lo que implica la cantidad de agua que ha caído —y la que aún se espera— con respecto a la probabilidad futura de incendios, Martyniuk también diferenció entre lo positivo y negativo. Así, por un lado, expuso que “el agua mantiene la humedad alta y entonces la combustibilidad de todo lo vegetal disminuye, ante lo cual la probabilidad de que haya un incendio también se reduce”. Pero, por otra parte, manifestó: “Si caen muchas precipitaciones durante la primavera, por ejemplo, en lugares donde normalmente llueve poco, se genera vegetación y, si esa vegetación luego no se sigue regando a través de lluvias, se seca y queda un montón de combustible para que, en algún momento, pueda generarse fuego ante algún fenómeno, como un rayo”. En ese último punto, citó el trabajo de un colega del Conicet, el biólogo Thomas Kitzberger, quien señaló que las tormentas eléctricas, en las cercanías de Barilochese, se incrementaron en un gran porcentaje, ante lo que Martyniuk reflexionó: “Tener más vegetación seca y mayor probabilidad de rayos puede provocar que en cualquier lugar se produzca un incendio”.