Advierten por el avance de los jabalíes en Bariloche y el riesgo sanitario: "Alberga muchísimos patógenos"
El avance del jabalí hacia zonas urbanas y periurbanas de Bariloche se volvió cada vez más visible en los últimos años. La especie exótica invasora no solo incrementa su presencia y amplía su territorio, sino que también encuentra en los ambientes modificados por las personas una fuente constante de alimento y refugio.
Así lo explicó Sebastián Ballari, investigador del CONICET e integrante del programa de Estudios Aplicados a la Conservación del Parque Nacional Nahuel Huapi (CENAC), quien advirtió que el fenómeno requiere una estrategia de manejo adaptada a las características particulares de cada lugar.
“El jabalí, como especie exótica invasora, tiene como característica que se reproduce y se dispersa de gran manera, con gran éxito”, señaló Ballari. Según explicó, la especie cuenta con pocos depredadores naturales y, además, no existen planes de control a gran escala que permitan limitar su expansión.
En ese contexto, el investigador indicó que el jabalí está creciendo en distintas regiones del país y conquistando nuevos territorios. Una de las claves de su éxito es su capacidad para adaptarse a diferentes ambientes.
“El ambiente urbano o periurbano, o ambientes modificados como pueden ser ambientes agrícolas o ganaderos, también forman parte de su elección, sobre todo por la presencia de refugio y alimento”, explicó.
Un problema que depende de cada lugar
Ballari remarcó que no existe una única estrategia que pueda aplicarse de manera indistinta en todos los territorios donde está presente el jabalí. El manejo debe contemplar las características sociales, productivas y ambientales de cada zona.
“Nosotros hablamos de contexto dependiente la situación con el jabalí”, explicó. En ese sentido, mencionó como variables la actividad productiva y el uso de la tierra, la cantidad de habitantes, la densidad de jabalíes y las características específicas del lugar donde se pretende intervenir.
Por eso, consideró que las experiencias desarrolladas en otros países pueden aportar información, pero no necesariamente pueden trasladarse de manera directa a Bariloche.
Australia y Estados Unidos, señaló, cuentan con una experiencia y recursos muy superiores para afrontar el problema. Sin embargo, incluso allí el manejo del jabalí continúa siendo complejo.
En las áreas urbanas, además, cualquier estrategia debe priorizar especialmente la seguridad de las personas. “Las estrategias de manejo que se quieren aplicar en lugar urbano tienen que ser obviamente pensadas en función de la seguridad de las personas, de la logística que se pueda llevar a cabo en un ambiente urbano”, sostuvo.
Entre las herramientas disponibles mencionó las trampas, los cercos y, en determinadas circunstancias, la utilización de perros para ahuyentar a los animales. Sin embargo, remarcó que cada método debe evaluarse de acuerdo con las condiciones del sitio donde será aplicado.
Las trampas: una herramienta, pero no la solución
En Bariloche ya se implementaron trampas en algunos sectores de la ciudad para intentar capturar ejemplares. Ballari señaló que, de acuerdo con la información que pudo obtener, se produjeron capturas, aunque aclaró que no conoce la existencia de un informe oficial de evaluación de la estrategia por parte del municipio.
Para el investigador, las trampas pueden ser una herramienta adecuada en determinados sectores urbanos porque constituyen, en principio, una alternativa relativamente segura. Sin embargo, presentan una limitación fundamental.
“No está mal la implementación de las trampas en este caso. Es una estrategia dentro de todo segura para llevar adelante en un ambiente urbano, pero es reactiva a la aparición de animales en ciertos lugares”, explicó.
Y allí ubicó el principal problema: capturar algunos ejemplares no elimina las condiciones que favorecen la llegada de nuevos animales. “El problema de fondo es que esta especie va a seguir apareciendo”, advirtió.
Si el ambiente urbano continúa ofreciendo alimento y refugio, sostuvo, los jabalíes seguirán llegando aunque se capture un grupo de animales.
“Uno puede capturar un grupo de animales, pero si el ambiente urbano sigue proveyendo de alimento y refugio, los animales van a seguir apareciendo porque la especie va a seguir aumentando en número y en territorio”, señaló.
Por eso, consideró que una política de manejo debería abordar no solamente la presencia puntual de ejemplares, sino también las causas que favorecen su expansión.
La falta de un registro formal
Ballari también puso el foco en otro aspecto: la necesidad de contar con información sistematizada sobre la presencia del jabalí en la ciudad.
Actualmente, explicó, gran parte de los registros que permiten conocer la aparición de animales en distintos sectores de Bariloche provienen de medios de comunicación, redes sociales y publicaciones digitales.
“Hasta el momento no hay ni comunicación ni un registro formal de lo que está pasando con la especie a nivel Bariloche”, sostuvo.
Para avanzar en una estrategia de manejo, contar con datos precisos permitiría conocer dónde aparecen los animales, con qué frecuencia, qué sectores utilizan y cuáles son las principales vías de acceso a la ciudad.
La preocupación por el riesgo sanitario
Más allá de los posibles encuentros entre personas y animales, Ballari destacó que uno de los principales riesgos asociados con la presencia del jabalí en ambientes urbanos está relacionado con los patógenos que puede portar.
En ese punto, mencionó especialmente la presencia del vertedero como un posible foco de atracción para fauna silvestre.
“El vertedero sin duda es un foco de atracción no solo para jabalíes, sino para todo tipo de animal silvestre”, explicó.
La disponibilidad de residuos y alimentos puede favorecer que los animales se acerquen a sectores urbanos, incrementando las posibilidades de contacto con personas y animales domésticos.
Pero además existe una preocupación sanitaria vinculada con las enfermedades que puede transmitir el jabalí. “Esta especie alberga muchísimos patógenos”, afirmó Ballari, y mencionó entre ellos la brucelosis, la leptospirosis y la triquinosis, además de tuberculosis y otras enfermedades.
Algunas son zoonóticas, es decir, pueden transmitirse entre animales y seres humanos, mientras que otras también pueden afectar a animales domésticos.
Por eso, para el investigador, el riesgo sanitario adquiere una importancia mayor cuando los jabalíes comienzan a utilizar ambientes urbanos. “Ese creo que es el punto más importante cuando hablamos de animales silvestres en zonas urbanas”, sostuvo.
Ballari aclaró que, aunque los posibles ataques suelen ser una de las primeras preocupaciones cuando se habla de fauna silvestre dentro de las ciudades, no constituyen necesariamente el problema más frecuente.
La cuestión sanitaria, en cambio, requiere una mirada más amplia y preventiva.