La invasión silenciosa de los pinos: el problema ambiental que crece en Bariloche
La expansión de pinos sobre los ambientes naturales de Bariloche y sus alrededores constituye una problemática que combina pérdida de biodiversidad, cambios en la vegetación y mayores riesgos vinculados a los incendios forestales. Un estudio científico publicado en la revista Forests identificó 2.873 hectáreas invadidas por estas especies en el área analizada, aunque los investigadores advirtieron que la superficie real podría ser mayor.
Cecilia Nuñez, una de las autoras del estudio, referente de la Red Pinos y especialista de Parques Nacionales en el control de plantas exóticas invasoras, dialogó con El Cordillerano sobre los resultados y la necesidad de avanzar en estrategias coordinadas para abordar el problema.
La especialista aclaró que el objetivo de la red no es cuestionar la presencia de pinos en cualquier contexto, sino concentrarse en aquellos que se propagan sin control sobre los ecosistemas nativos. En ese sentido, remarcó que la problemática no se limita al área urbana consolidada, sino que se desarrolla principalmente en la interfaz entre las zonas habitadas y los ambientes naturales.
Casi 2.900 hectáreas invadidas y una superficie que podría ser mayor
El estudio analizó una superficie de 146.619,6 hectáreas que comprende Bariloche, Dina Huapi y sectores bajo distintas jurisdicciones. Dentro de esa extensión, los investigadores identificaron 6.886 hectáreas ocupadas por pinos, de las cuales aproximadamente 4.013 corresponden a plantaciones y 2.873 a áreas invadidas fuera de esos espacios de cultivo.
En otras palabras, la invasión representa alrededor del 2% del área total estudiada y el 41,7% de toda la superficie ocupada por pinos. La distinción es importante: no toda presencia de estas especies constituye una invasión, ya que el relevamiento diferencia las plantaciones de los sectores donde los árboles se expandieron hacia otros ambientes.
Además, el equipo científico advirtió que la metodología utilizada podría haber subestimado en aproximadamente un 25% la superficie invadida. La detección de árboles aislados, ejemplares pequeños y frentes de expansión incipientes representa una dificultad para las imágenes satelitales, por lo que el mapa elaborado constituye una estimación de la distribución del fenómeno y no un inventario definitivo de cada ejemplar.
La investigación identificó cinco focos principales de invasión: la península San Pedro y Circuito Chico, en el oeste; el lago Gutiérrez y el cerro Ventana, en el suroeste; y la cuenca del arroyo del Medio, en el sureste.
Los resultados también muestran que la expansión se produce en distintos tipos de ambientes. Los bosques nativos concentran 1.740,8 hectáreas invadidas, equivalentes al 61,2% del total detectado. La estepa reúne otras 721,5 hectáreas, el 25,4%, mientras que los matorrales representan 381,5 hectáreas, el 13,4%.
De esta manera, el fenómeno no se restringe a las áreas boscosas del oeste de Bariloche, sino que también alcanza ambientes de estepa, donde la presencia de pinos modifica la vegetación original.
Qué sucede cuando los pinos avanzan sobre los ambientes naturales
Núñez explicó que la Red Pinos concentra su trabajo en las especies de la familia de las pináceas que invaden la interfaz urbano-rural, es decir, aquellos sectores donde las áreas habitadas se encuentran con el bosque, los matorrales o la estepa.
“Uno son los problemas ecológicos que causan las invasiones biológicas en general, en este caso en particular los pinos, sobre los ambientes nativos que implica la pérdida de biodiversidad”, señaló.
La especialista agregó que la propagación de estas especies también modifica la percepción del paisaje natural. Según explicó "la presencia extendida de pinos y otras plantas exóticas, como las retamas y los lupinos, puede desplazar a la vegetación característica de la región y reducir la posibilidad de reconocer y apreciar las especies nativas".
El problema está relacionado, en parte, con las características que permitieron utilizar los pinos para la producción forestal: “Una de las propiedades que tienen las especies invasoras es el rápido crecimiento, con lo cual reemplazan, sombrean o desplazan a las especies nativas”, explicó Núñez.
Cuando las semillas llegan a sectores naturales, los ejemplares pueden establecerse y formar nuevos núcleos de vegetación que avanzan progresivamente sobre el entorno. En la estepa, además de modificar la composición vegetal, esa expansión puede ocupar superficies utilizadas para la ganadería.
La investigación también identificó un patrón de propagación asociado a las plantaciones existentes: "Los investigadores observaron que algunas áreas funcionan como fuentes de semillas desde las cuales los pinos se extienden hacia los ecosistemas circundantes", expresó la especialista.
Una de las actividades realizadas por la red pinos en la ciudad
El vínculo con los incendios forestales
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la relación entre las invasiones de pinos y el comportamiento del fuego, especialmente en las zonas donde las viviendas y otras construcciones se encuentran cerca de ambientes naturales.
“Los incendios forestales afectan construcciones, es decir, no sólo afectan el bosque nativo, sino que también afectan las zonas de interfase, junto a construcciones e incluso propiedades”, sostuvo Nuñez.
La referente de la Red Pinos mencionó como antecedente lo ocurrido en la zona de El Hoyo y en El Bolsón, donde los incendios afectaron áreas habitadas y propiedades: "Sobre Bariloche todavía no se registraron incendios de esa magnitud en el contexto al que hago referencia, aunque hay un elevado riesgo asociado a la expansión de estas especies".
El estudio científico también señala que los pinos invasores pueden modificar las características del combustible vegetal. La acumulación de biomasa y hojarasca, junto con la presencia de resinas y compuestos volátiles, puede favorecer la inflamabilidad y la continuidad del combustible.
Estas condiciones adquieren especial relevancia en la interfaz urbano-forestal, donde un incendio puede propagarse desde la vegetación hacia las viviendas o viceversa.
Por ese motivo, los investigadores plantearon que los mapas de distribución de pinos pueden servir para identificar sectores prioritarios y orientar las tareas de manejo de la vegetación, prevención de incendios y planificación territorial.
Nuñez insistió en que el problema debe analizarse a escala regional y no solamente desde la perspectiva del centro de la ciudad.
“El grave problema es que la invasión se esta dando en ambientes naturales, incluso en lugares donde no hay árboles, se está llenando todo de pinos”, expresó.
La especialista añadió que los cambios no se limitan a la presencia de árboles en espacios donde antes no había. También pueden alterar las características del suelo y desplazar las comunidades vegetales que forman parte de los ecosistemas originales.
De las plantaciones forestales a la expansión sin control
Para comprender cómo se llegó a esta situación, el estudio reconstruyó parte de la historia de las plantaciones de pinos en la región. Aunque algunos ejemplares fueron introducidos en el área de estudio durante las primeras décadas del siglo XX, la mayor parte de las plantaciones se estableció entre las décadas de 1960 y 1990.
En Río Negro se forestaron 9.681,5 hectáreas entre 1978 y 1990, de acuerdo con los antecedentes recopilados por los investigadores. Entre las especies utilizadas se encuentran el pino ponderosa, el pino contorta, el pino radiata y el abeto de Douglas.
Nuñez explicó que esas plantaciones respondían a un objetivo productivo: "disponer de madera en una región donde se esperaba desarrollar una actividad forestal capaz de generar recursos y abastecer distintas necesidades industriales, es decir, nosotros necesitamos la madera, el tema es qué pasa cuando esos pinos se van de las plantaciones”, planteó.
Según la especialista, el desarrollo forestal no estuvo acompañado en todos los casos por una estructura industrial regional capaz de procesar la madera producida.
“Una cosa es una plantación bien manejada, raleada, con cortafuegos, con sistema de prevención de incendios, con sanidad, podas, raleos, y todo el manejo que se hace para tener una buena calidad de madera. Si ese tratamiento no se hace, la plantación se abandona y se transforma en un gran problema”, advirtió.
El estudio coincide en que numerosas plantaciones antiguas se convirtieron en focos desde los cuales los pinos se dispersaron hacia la vegetación nativa. Los investigadores relacionan esa expansión con el abandono de áreas forestadas y la falta de prácticas de manejo adecuadas.
Qué propone la Red Pinos para frenar el avance
Frente a este escenario, la Red Pinos trabaja en la búsqueda de mecanismos de gobernanza participativa que permitan coordinar acciones entre instituciones, propietarios y vecinos.
Núñez remarcó que no existe una única solución aplicable a todos los sectores, debido a las diferencias en la extensión de las áreas afectadas, la accesibilidad, los costos y las condiciones de cada propiedad.
“Hay varios tipos de abordajes, pero sobre todo hay que generar conciencia del problema y analizar varias opciones”, señaló.
Entre las alternativas mencionó el control de los ejemplares que invaden ambientes naturales, la educación ambiental y el desarrollo de estrategias que faciliten el aprovechamiento de la madera. También consideró necesario "discutir qué herramientas puede aportar el Estado para incentivar el mantenimiento de las plantaciones y evitar que continúen generando nuevos focos de expansión".
En ese sentido, el estudio plantea que los incentivos económicos podrían contribuir a financiar la remoción de pinos invasores en las propiedades de mayor tamaño. Para los terrenos pequeños, en tanto, propone campañas de concientización que permitan impulsar intervenciones descentralizadas.
La investigación también destaca la necesidad de fortalecer la coordinación entre las distintas jurisdicciones involucradas, debido a que la invasión atraviesa tierras municipales, provinciales, privadas y sectores del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Núñez sostuvo que la Red Pinos busca precisamente construir respuestas colectivas ante una problemática que no puede resolver una sola institución.
“Nosotros no tenemos la solución, la tenemos que construir entre todos”, afirmó.
La especialista agregó que el trabajo requiere avanzar de manera gradual, priorizando aquellos lugares donde las tareas de control sean más accesibles y puedan generar resultados concretos.
Una de las imágenes del informe
“Los pinos no son el enemigo”
Sobre el cierre, Nuñez hizo hincapié en que el objetivo de la red no es promover la eliminación indiscriminada de estas especies, sino evitar que continúen avanzando sobre los ambientes naturales.
“La idea que la mayor cantidad de gente se vaya enterando y aprendan a reconocer cada especie. No podemos juzgar con nuestros ojos lo que se hizo en el pasado, o sea, con nuestros conocimientos y nuestros ojos de ahora”, explicó.
Y resumió el planteo de la organización con una aclaración: “Los pinos no son el enemigo, no es que nosotros no queremos a los pinos”.
La especialista distinguió entre las plantaciones manejadas con fines productivos y los árboles que se propagan fuera de esos espacios, desplazando a la vegetación nativa.
“Una cosa es un pino en una plantación bien cuidado, o en un jardín bien cuidado, y otra cosa es la invasión en el bosque, que a eso apunta la Red Pinos”, concluyó.
El relevamiento científico aporta una herramienta para dimensionar el alcance territorial de esa expansión y reconocer los principales focos de invasión. El desafío, a partir de esos datos, será traducir el diagnóstico en acciones sostenidas de prevención, control y restauración, con la participación de los distintos actores involucrados.