Alas de Amor organiza una barrileteada para honrar a sus hijos
La agrupación Alas de Amor está integrada por familias que, a partir de la muerte de sus hijos durante el embarazo, parto o al poco tiempo de nacer, decidieron unirse con el fin de transformar el dolor en esperanza. La entidad inició su camino hace diez años y, desde hace cinco, cuenta con una plaza frente a la zona de ingreso del barrio Las Victorias, donde, precisamente, el domingo a las 16, sus integrantes realizarán una barrileteada, a manera de abrazo colectivo, conmemorando la década de existencia.
“Alas de Amor surge a partir de la búsqueda de respuestas a tanto dolor”, explica Adriana Chieyssal, impulsora del grupo, quien expresa que, cuando sucede algo así, “duele el cuerpo, el alma y es necesario buscar formas de seguir”.
A Adriana, el 30 de noviembre de 2015, le hicieron una cesárea. Ya sabía que, en su interior, el corazón de Iñaki (así había llamado a su hijo cuando aún estaba en su vientre) no latía. “Muerte súbita intrauterina”, le dijeron.
Tras aquello, decidió buscar “personas que ‘hablaran el mismo idioma’, el que sólo quien vive la muerte de un hijo puede entender”, tal como ella misma manifiesta.
“Al unirnos vamos transformando ese dolor en amor, en acciones”, asegura, añadiendo: “Uno imagina una vida entera con ese hijo o hija y de pronto ya no los tenemos más físicamente y ese futuro y todo ese amor es necesario ponerlo en movimiento”.
La barrileteada se realizará en la plaza de la agrupación. Imagen de archivo.
“Nadie quiere pertenecer a un grupo de estas características; es el club al que nadie desea entrar”, metaforiza Adriana, aunque aclara: “Pero cuando la muerte te golpea, estar rodeado por quienes ya caminan ese dolor es el único refugio que te salva”.
Si bien el grupo está destinado a quienes pasaron por la muerte de un hijo durante el embarazo, parto o poco después del nacimiento, Adriana comenta que, en la actualidad, “muchas familias se sienten cómodas aunque el hijo fallecido sea más grande”, ante lo cual explica que la entidad “está abierta a todas las personas que necesiten sentirse acompañas en esta clase de duelo”, ya que “el objetivo es que ninguna familia pase por esta situación en soledad”.
Nombre en los árboles de la plaza. Imagen de archivo.
“El duelo es como una onda expansiva, afecta de frente a la pareja, pero el resto de la familia muchas veces no sabe cómo gestionar el dolor”, sostiene.
Cuando, precisamente, se le consulta por lo que conlleva el rol que la agrupación tiene en Bariloche: “Alas de Amor se ocupa de tema tabú e incómodo dentro de la sociedad. A nadie le gusta hablar de muerte, y menos cuando se trata de niños o hijos. El duelo gestacional, perinatal y neonatal es invisibilizado, no sé toma importancia de las consecuencias para las familias que no encuentran una contención adecuada”.
Nombres que peranecen en el recuerdo. Imagen gentileza.
Adriana indica que no tiene conocimiento de que existan otros grupos como Alas de Amor —es decir, formados por familias que atraviesan ese tipo de duelo— en la Patagonia, aunque sí en el resto del país. “Mantenemos contacto con uno Santa Fe particularmente, y también con”, señala.
Al preguntársele por el comportamiento que suelen mostrar quienes se acercan a la entidad, dice: “El proceso de duelo es particular en cada persona, algunas se comunican y, luego de un tiempo, incluso años, se animan a acercarse de manera personal. Otros necesitan el contacto enseguida”. Cabe apuntar que quienes integran Alas de Amor están unidos a través de WhatsApp, algo que, en cierto modo, permite, como Adriana explica, “respetar los tiempos de cada uno”.
Los primero momentos de la plaza. Imagen de archivo.
En cuanto a los orígenes de la plaza ubicada en el este de la ciudad, recuerda: “Era una especie de utopía. En 2017 se modificó la ordenanza que establecía que, por cada niño nacido, las familias podían solicitar un árbol autóctono, y se incluyó a Alas de Amor dentro de esta reglamentación. A partir de ahí, la idea de tener el espacio donde plantar estos árboles empezó a nacer”. En tal sentido, rememora que una de las integrantes del grupo planteó la solicitud en el área municipal de Parques y jardines. La respuesta fue positiva. “Pudimos elegir el espacio y comenzamos a limpiar y acondicionar el lugar. Hoy tenemos cien árboles plantados. Nosotros decimos que el Amor los hace florecer, porque no contamos con riego, ni acceso a llave de agua; regamos con bidones que llenamos de un solo tanque”, cuenta.
“Recién hace poco pudimos realmente tomar dimensión de lo que la plaza genera. Es sentir magia, paz y amor en cada uno de esos árboles”, afirma, detallando que se trata de “un lugar que demuestra que la vida se abre paso y trasciende al dolor”. Asimismo, remarca que, en varios casos, al tratarse de pérdidas prenatales, sus hijos no pudieron recibir un nombre legalmente (“Sólo tenemos un certificado con las siglas NN”, suspira), por lo cual, ese espacio de la localidad sirve, también, para “visibilizar la identidad”. En tal sentido, suma: “Por eso cada árbol tiene una piedra con el nombre”.
Ante hechos de vandalismo (por ejemplo, rompieron un banco del que luego, de a poco, se fueron llevando sus partes; también suelen sacar las piedras que están pintadas), colocaron un cartel explicando el significado que tiene la plaza, con la esperanza, como recalca Adriana, de que “sirva para concientizar”.
De a poco, la plaza fue llenándose de árboles. Imagen gentileza.
—¿Se puede resignificar la vida ante la pérdida de un hijo, ya sea que haya ocurrido durante el embarazo, el parto o tras su nacimiento?
—Es un camino doloroso que nos va a llevar toda nuestra vida, pero se logra a través de acciones, brindando un poco de alivio a otros, pudiendo nombrar a nuestros hijos desde el amor y así sonreír. Se consigue, poco a poco, viendo crecer los arbolitos, entendiendo que el amor que nos dejaron no lo puede apagar la muerte.
—Yendo estrictamente a lo personal, ¿qué ha hecho en vos la agrupación?
—A mí, Alas de Amor me salvó. El dolor era demasiado. Comencé a buscar personas que estuvieran pasando por lo mismo y encontré a Laura y Claudia, que son quienes llevamos el grupo adelante. Gracias a cada persona que forma la agrupación, pude encontrar la manera de poner en acciones el amor que había quedado sin sentido después de la muerte de mi hijo.
Recordando para seguir adelante. Imagen gentileza.
EL DOMINGO, BARRILETES
La propuesta de Alas de Amor para el domingo es honrar, con una barrileteada, la memoria de los seres que perdieron. “Con los barriletes queremos poner en lo alto el nombre de nuestros hijos, afirmar sus existencias. El tiempo breve de vida no les quita el derecho de que esos nombres que se pensaron con amor e ilusión sean respetados”, expone Adriana, para luego agregar: “Será un acto simbólico donde toda la familia podrá participar”.