2026-09-16

Una lucha impensada: el abejorro nativo se enfrenta a invasores que lo tienen acorralado

Los insectos exóticos son originarios de Europa y llegaron a través de Chile.

En la naturaleza, las especies suelen librar a diario pequeñas luchas para sobrevivir, aunque algunas lo hacen en contextos particularmente difíciles. En la Patagonia, por ejemplo, un abejorro batalla por subsistir. La especie que ve su futuro en peligro se denomina “mangangá”. “Es como una abeja grande y peluda, naranja, que los barilochenses de más años observábamos por todos lados y ahora casi no se ve”, cuenta Marina Arbetman, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y docente en la Universidad Nacional del Comahue.

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Marina trabaja en “ecología de la polinización”, focalizándose en “invasiones biológicas y en la conservación del único abejorro nativo de la Patagonia, que se encuentra en peligro de extinción”, según detalla.

“Los que predominan ahora son negros y amarillos, con la ‘colita’ blanca. El origen es europeo. Chile los importa para polinizar distintos cultivos, porque son eficientes en invernaderos y también en los campos, para los arándanos, tomates, paltas y distintas frutas finas”, explica, y suma: “Van llevando polen de una flor a la otra, haciendo que se reproduzcan y surjan los frutos”. Pero advierte que ese panorama conlleva un problema: “Aumentar la productividad a costa de traer insectos de afuera tiene su contracara”, dice, exponiendo que “los insectos se naturalizaron, es decir, comenzaron a reproducirse en la naturaleza y se establecieron fuera de las cajitas/nidos en los que los traen”.

“Cuando empezaron a traerlos —actualmente continúan haciéndolo—, hace unos diez años, ya habían cruzado la cordillera y los veíamos de este lado”, cuenta.

Además, resalta que “en Argentina está prohibido importar abejorros” y detalla: “Eso, justamente, tiene que ver con que un insecto de otro ambiente puede generar lo que está sucediendo en este momento, con esta invasión de abejorros”. 

“Al traer un organismo de otro lugar, no se sabe cómo se va a comportar en el nuevo ambiente”, subraya, para luego indicar: “Estamos investigando que, al haber introducido este abejorro exótico, el nativo empezó a declinar, o sea, a desaparecer de algunos lugares”.

Sobre las causas que provocan la disminución de la cantidad de ejemplares del insecto local, señala: “Una de las hipótesis es la transmisión de enfermedades, ya que pudimos comprobar que, antes de la llegada de este abejorro exótico, había algunas enfermedades que acá, en la Patagonia, no existían en los abejorros y ahora sí están”. En tal sentido, puntualiza que la sintomatología no se detecta al observarlos. “No te das cuenta de que están enfermos, porque tienen parásitos intestinales. Cuando un abejorro va a una flor a tomar el néctar, también hace caca, que es como un liquidito que ha pasado por su intestino y está lleno de distintos parásitos que, cuando otro insecto visita la flor, puede adquirir”, desarrolla.

Igualmente, aclara que esa no es la única causa de que el abejorro local esté en peligro: “A eso se le suma, por ejemplo, el cambio climático”, dice, considerando, asimismo, que “la competencia por los recursos hace que las poblaciones bajen”.

Además, menciona que el insecto foráneo ha causado otras complicaciones: “Paradójicamente, trajeron al abejorro para mejorar la agricultura, pero las especies invasoras se comportan de maneras particulares”, menciona Marina, quien cita el trabajo de un colega, el investigador Agustín Sáez, donde se demuestra que “tanto van a las flores, y en tanta cantidad, que las terminan rompiendo”, lo que, por ejemplo, provoca que “baje la producción de frambuesas”.

“Aparte, tienen la lengüita más corta, y como en algunas flores, por su forma, no llegan a tomar el néctar, van por afuera, le hacen un agujero y lo sacan, pero no se llenan de polen, entonces polinizan menos o directamente no lo hacen”, describe Marina, explicitando: “Hay algunas plantas típicamente de la Patagonia que son tubulares, donde, para llegar al néctar, se necesita una lengua larga, como la que tiene el abejorro nativo, pero, al estar en disminución, esas flores también sufran el reemplazo por el exótico”.

La investigadora sostiene que hay una “cascada de problemas” a partir de esta situación.

“En algunos lugares, como por ejemplo en el Valle del Challhuaco, el abejorro nativo desapareció. En otros sitios, donde todavía se lo ve, como Puerto Blest, la proporción es aproximadamente de cien invasores a un nativo”, referencia.

En cuanto a la manera en que se podría resolver la problemática, apunta: “La primera solución sería que Chile prohibiera la importación de los abejorros, que, por otra parte, ya no les resultan necesarios”.

En cuanto a los motivos de que esos insectos sigan arribando al país trasandino, la investigadora considera que prácticamente se trata de una cuestión marketinera: “Han convencido a los agricultores de que sí o sí necesitan traer más polinizadores para sus campos. Tal vez en algunos casos puntuales puede ser que los precisen, pero quizás habría que buscar la manera de suplementar la polinización con polinizadores nativos, no exóticos”.

En cuanto a los lugares de procedencia de los abejorros invasores, cuenta que “los traen de Eslovaquia, Israel y Bélgica”.

Marina Arbetman, especialista en "ecología de la polinización".

¿LOS ABEJORROS PICAN?

Más allá de la problemática de la especie exótica, refiriéndose a las características generales de los abejorros, Marina Arbetman —a quien su trabajo la llevó a ser reconocida como exploradora del National Geographic— relata: “Son insectos sociales. Tienen una reina que produce obreras hembras y, al final de la temporada, machos. Los machos, precisamente, son los únicos que no pican, porque tienen modificado el aguijón como parte del sistema reproductor”.

Igualmente, aclara que “los abejorros no son agresivos” y detalla: “Si no los molestan, no pican, y como toman néctar no son como las chaquetas amarillas, que si estás con un sándwich vienen a comértelo”.

Por otra parte, destaca que “los abejorros si pican no se mueren, no son como las abejas melíferas”, y bromea: “Pueden picar varias veces, así que sentarse arriba de un abejorro no es una buena idea”.

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