El obispo Juan Carlos Ares habló de la visita de León XIV, la "crisis de sentido" y el legado de Francisco
El obispo de la diócesis de Bariloche, monseñor Juan Carlos Ares, destacó la importancia de la próxima visita del papa León XIV a la Argentina y consideró que la presencia del pontífice puede ser una oportunidad para volver a poner en el centro cuestiones como la dignidad humana, el diálogo y la construcción comunitaria.
León XIV visitará el país entre el 8 y el 11 de noviembre, con actividades previstas en Buenos Aires, Luján y Córdoba. Ares explicó que no tiene un rol específico en la organización de la visita, que está a cargo de las diócesis involucradas, aunque los obispos participarán conjuntamente de los actos masivos.
Además, señaló que están previstos algunos encuentros vinculados con áreas pastorales específicas. Entre ellos mencionó una actividad en Cottolengo Don Orione de Claypole, que brinda hogar y asistencia integral a unas 400 personas con discapacidad en situación de extrema vulnerabilidad, y un posible encuentro en el penal de Devoto, en el marco de la Pastoral Penitenciaria, comisión de la que forma parte.
Para Ares, la llegada de León XIV tiene una relevancia que trasciende a la comunidad católica. “Es el sucesor de Pedro, que confirma a todos en la fe”, explicó al referirse al significado que tiene la visita para los católicos. Pero también destacó que el Papa puede ser escuchado más allá del ámbito religioso.
Valoró que la Argentina reciba al pontífice con apertura y recordó que en otros países, incluso con una presencia importante de otras religiones o de personas agnósticas, los papas también son recibidos como líderes espirituales con algo para decirle a la sociedad.
La preocupación por una sociedad sin sentido
Durante la entrevista en el programa Chocolate por la Noticia de El Cordillerano Radio 93.7, Ares fue consultado sobre las características de la época actual y aquellas cuestiones que más le generan preocupación. Su respuesta fue contundente: la crisis de sentido.
“Me preocupa más el tema de la crisis de sentido. Eso llega a todos, tanto a los más grandes como a los más jóvenes", señaló.
El obispo vinculó esa crisis con la dificultad que muchas personas encuentran para proyectar su futuro. "Cuando uno no tiene perspectiva de trabajo, de cómo formar una familia o qué objetivo tener en la vida, hay una crisis de sentido muy grande”, explicó.
Desde su mirada, ese vacío también tiene una dimensión espiritual. Algunas personas, dijo, buscan respuestas mientras que otras intentan simplemente “sobrevivir como se puede”. Y advirtió que, cuando aparecen las dificultades, la falta de un sostén puede hacer que “se caiga todo”.
A partir de esa crisis, Ares también identificó otros fenómenos que considera preocupantes, como el individualismo, las dificultades para afrontar los cambios y un proceso de transformación tecnológica que, en su opinión, avanza más rápido que la capacidad de la sociedad para poner a la persona en el centro. “Como dice el Papa León, no estamos firmes poniendo la humanidad en primer lugar”, señaló.
“Nadie se salva solo”
El obispo también se refirió a la dificultad creciente para establecer diálogos y construir espacios de encuentro.
Consultado sobre la utilización de discursos que pueden buscar la unión o, por el contrario, profundizar las divisiones, Ares consideró que se trata de una característica que existió en todas las épocas. “Siempre estuvo el que construye y el que destruye”, afirmó.
Sin embargo, sostuvo que actualmente está “acentuado” el no diálogo y la falta de búsqueda de instrumentos de cercanía. Para explicar su mirada, recuperó una de las frases que caracterizó al pontificado de Francisco, “nadie se salva solo”.
El recuerdo de Francisco
La llegada de León XIV también tiene para Ares un componente inevitablemente emocional. El obispo reconoció que sintió tristeza cuando se confirmó que Francisco no podría regresar a la Argentina.
El vínculo con Jorge Bergoglio se remonta a la época en que era cardenal en Buenos Aires. “Lo conocí como cardenal ahí en Buenos Aires, fue mi obispo y aprendí mucho de él”, recordó.
Al hablar sobre su legado, Ares eligió destacar una característica que, según contó, pudo observar personalmente, su capacidad para prestar atención a los detalles y acercarse a las personas.
Recordó, por ejemplo, una anécdota relacionada con su padre. Cuando presentó a Bergoglio a su papá, el entonces cardenal supo que era español. Tiempo después, al recibir una caja de vinos españoles, decidió regalársela para que se la llevara.
También recordó que Francisco tenía la costumbre de llamar personalmente a personas que sabía que necesitaban una palabra de aliento. “Él estaba en los detalles”, sintetizó Ares.
Una vocación que nació en la adolescencia
Durante la entrevista, el obispo también contó por primera vez cómo descubrió su vocación sacerdotal.
Fue durante su adolescencia, cuando ya participaba de la vida religiosa junto a sus padres. En una de sus peregrinaciones a Luján, la tercera según recordó, se encontró con una joven que conocía de la parroquia y que le contó que al año siguiente ingresaría para hacerse monja.
Ares comenzó a preguntarle sobre esa decisión y continuó la peregrinación junto a ella. “Y dije: Dios me está pidiendo que sea cura”, recordó.
Tenía entonces alrededor de 16 o 17 años y cursaba cuarto año de la escuela secundaria. Ese fue, según definió, su “primer sí”.
A partir de entonces comenzó a tomar seriamente la posibilidad del sacerdocio y, desde aquel momento, su vida quedó vinculada al camino que finalmente lo llevaría a convertirse en obispo de la diócesis de Bariloche.
Para Ares, aquella experiencia también ayuda a comprender que cada uno transita su propio camino y que la fe puede aparecer de maneras diferentes, especialmente frente a las crisis. “El camino de Dios es insondable”, sostuvo. “Dios va haciendo su propio camino en cada una de las personas misteriosamente”.