LA RAZÓN
Mario Pergolini confesó un robo que cometió y lanzó una profunda reflexión: “Faltaba…”
La madre de Mario Pergolini descubrió que su hijo tenía un billete de cincuenta pesos que no le pertenecía y tomó una decisión que él nunca olvidaría. Lo llevó personalmente hasta la casa de su vecina Elba para que devolviera el dinero, reconociera lo que había hecho y enfrentara la vergüenza de pedir disculpas.
Aquel episodio de su infancia reapareció durante una emisión de Otro Día Perdido, cuando el conductor conversaba con Evelyn Botto y Agustín Rada Aristarán sobre pequeños robos cometidos durante distintas etapas de sus vidas. Aunque el intercambio comenzó con humor, Mario Pergolini terminó compartiendo una reflexión íntima sobre la responsabilidad y las consecuencias de sus actos.
El recuerdo de tener que presentarse frente a su vecina todavía le provoca incomodidad. Su madre no se limitó a reprenderlo dentro de la casa, sino que lo obligó a reparar personalmente lo sucedido. Al revelar cuánto lo marcó aquella escena, Pergolini reconoció: “Me arrepentí toda mi vida”. Luego agregó, sin intentar justificar su comportamiento: “No tendría que haberlo hecho”.
La conversación también permitió conocer una travesura distinta del propio Mario Pergolini. El conductor recordó que, durante unas vacaciones en Villa Gesell en 1984, tomó junto a otros adolescentes una lata de tomate de un supermercado. Al repasar las historias compartidas en el programa, resumió la tendencia a minimizar esas conductas durante la niñez con una frase contundente: “Todo el mundo ha robado algo”.
Evelyn Botto aportó otra mirada al contar que, cuando era chica, salió de un local de ropa con uno de los bolsos grandes que el comercio facilitaba para trasladar las prendas durante la compra. Según explicó, en ese momento no comprendía completamente que debía devolverlo. “Ahí es cuando robás sin saber, porque te faltaba la información”, señaló. Sin embargo, remarcó que eso no convertía la acción en algo aceptable: “Está mal, está mal”.
Una revelación todavía más insólita llegó por parte de Agustín Rada Aristarán. El humorista relató que, durante un viaje a Estados Unidos, se llevó del estacionamiento de un parque temático un muñeco de Mickey Mouse de gran tamaño con el que previamente se había sacado una foto. Ante la sorpresa de sus compañeros, admitió: “Lo tengo en casa todavía”.
Más allá de las risas que generaron las diferentes anécdotas, el relato del billete mostró la huella que aquella enseñanza dejó en Mario Pergolini. La intervención de su madre transformó una travesura infantil en una lección que continuó recordando durante toda su vida: reconocer una falta implicaba también mirar a la persona afectada, devolver lo tomado y asumir las consecuencias.