"El pan de cada día": con 55 años de oficio, formó una panadería histórica y familiar de Bariloche
Este martes se celebra en Argentina el Día del Panadero, un oficio que comienza cuando todavía no salió el sol pero que tiene como punto cúlmine el pan en cada mesa de Bariloche, algo tan simple como esencial y que forma parte del día a día y la rutina barilochense. Detrás de cada hallulla o milonga, hay manos, paciencia, dedicación, madrugadas y una tradición que "se transmite de generación en generación", frase encarnada en la familia García, de Panadería Santa Teresita.
Armando García tiene 55 años de oficio y formó la histórica panadería. Su historia con el alimento más simbólico del mundo empezó casi de casualidad. "Fui ayudante de repartidor y coincidió que yo trabajaba en una parrilla a los 12 años, y cuando dejé de trabajar ahí, ayudé a un panadero a bajar un canasto y me ofreció trabajo como ayudante", recuerda.
Ese primer paso fue el comienzo de un camino que no soltó nunca más. "Desde los 14 a los 16 años estuve repartiendo, lavando las latas, limpiando, arrancando por afuera de lo que es la elaboración de los panificados, y a los 17 ya era panadero. Fui aprendiendo a usar las máquinas y quedé", comentó a Diario El Cordillerano.
En ese aprendizaje tuvo un maestro que marcó su oficio para siempre, "en ese momento estaba el panadero Honorindo Orellana, terrible panadero, fue uno de los principales que me enseñó a trabajar", señala García con gratitud.
Una panadería con más de 60 años de historia
El recorrido de Armando lo llevó a formar parte de una de las panaderías más antiguas de Bariloche que en la actualidad elabora más de 1.000 kilos de pan al día (entre las dos sucursales). "La panadería histórica es la de Onelli y Neuquén (Santa Teresita), con más de 60 años de vida y es la única que aún cuenta con horno de ladrillos para hacer la típica 'galleta'. Esa panadería tuvo muchos nombres, pero el dueño quería que fuéramos socios, algo que hoy en día no hace nadie. Costó, le pusimos el hombro y con mucho sacrificio logramos esto: concretar esta panadería de Diagonal Gutiérrez con mis hijos, que llevarán el legado", relata.
Un oficio de familia, de generación en generación
Hoy, esa tradición se sostiene entre sus hijos, cada uno con su lugar en el negocio familiar. "Ahora está Karina García, que era maestra jardinera y hoy es pastelera. Dejó ese trabajo para aprender panadería y se recibió de maestra pastelera. Oscar aprendió conmigo y maneja todo lo que es pan, prepizzas, pan de hamburguesa. Y Román, el menor, reparte con mi nieto", cuenta Armando, orgulloso.
Karina García, dejó su profesión de Maestra para dedicarse a la tradición familiar, en su caso, desde la pastelería
"El legado está, ahora lo tienen que cuidar ellos, si no son panaderos, les saco el apellido" manifestó entre risas.
Oscar, el encargado de elaborar 350 kilos de pan diarios en la sucursal de Diágonal Gutiérrez
Con más de medio siglo elaborando el sustento, Armando mira hacia atrás y no puede creer el camino recorrido y lo logrado, dos panaderías dónde sus propios hijos y hasta nietos son el pilar.
"No nos imaginábamos lograr esto, hoy en día lo pienso y es muy lindo. Para mí todo lo que hacemos es bueno. No soy un terrible panadero, pero aprendí un poco de pastelería, sé hacer facturas, de todo un poco", dice entre risas.
Para él, el pan no es un producto más: es parte de la identidad de cada barrio, en este caso el Alborada. "La panadería es infaltable, donde no hay una panadería es porque hay algo que no está completo. Esto requiere de mucho sacrificio y como siempre digo, el que no es responsable no es panadero, y un panadero que no es responsable dura bien poco", cierra Armando García, con la convicción de quien lleva más de la mitad de su vida amasando el pan de cada día.