La historia del técnico de Altec que recuerda a su padre en cada punto SOS en la Línea Sur: "No tenía límites"
El rescate de un poblador en la Ruta Provincial 5, que semanas atrás logró pedir ayuda gracias a un punto de conectividad instalado por Altec, volvió a poner en valor una obra tecnológica con una historia profundamente humana. Detrás de esa infraestructura está el trabajo de Gastón Cadenasso y de su padre, quienes construyeron juntos un proyecto que hoy es vital.
Cuando Gastón Cadenasso vuelve a recorrer la Línea Sur para realizar tareas de mantenimiento, no solo revisa antenas o equipos de comunicación. También regresa a los lugares donde trabajó junto a su padre, Fernando, con quien compartió la construcción de uno de los proyectos de conectividad más importantes para las comunidades aisladas de Río Negro.
Cada visita es un viaje cargado de recuerdos. Y hace pocos días, uno de ellos cobró un significado aún más profundo.
El 27 de julio, un joven que había sufrido un vuelco con su camioneta en la Ruta Provincial 5 logró sobrevivir gracias a uno de los puntos SOS instalados por Altec entre Maquinchao y El Caín. Tras quedar incomunicado, caminó alrededor de 17 kilómetros hasta encontrar cobertura y pudo pedir ayuda.
Aunque el episodio ocurrió días atrás, para Cadenasso la noticia tuvo un impacto mucho más íntimo que profesional.
“Para mí ese punto tiene un valor enorme porque fue el primero que armamos con mi papá. Lo llevamos adelante juntos, desde el principio hasta el final”, contó durante una entrevista radial.
Ese primer nodo de comunicaciones fue, justamente, el que permitió que el poblador pudiera dar aviso de su accidente y ser rescatado.
Una obra nacida del esfuerzo compartido
El proyecto comenzó en 2022, cuando la conectividad satelital todavía no estaba al alcance de las zonas rurales como ocurre hoy.
El desafío consistía en llevar comunicación a sectores donde una avería mecánica, un accidente o una emergencia sanitaria podían transformarse rápidamente en una situación crítica por la imposibilidad de pedir ayuda.
Gastón recuerda aquellos meses como una aventura permanente junto a su padre.
“Él era una persona que no conocía los límites. Si había que hacer algo, se hacía. Podía estar lloviendo, nevando o con un viento terrible. Siempre encontraba la manera.”
Esa determinación quedó resumida en una frase que todavía lo acompaña: “la nieve no es un impedimento”.
Fue lo que dijo su padre mientras ambos subían al cerro Aneken para instalar otro de los nodos del sistema, después de una caminata de casi una hora cargando equipos, cuando el invierno ya comenzaba a hacerse sentir en la región.
Aquella frase terminó convirtiéndose en un símbolo familiar. Con el tiempo, incluso eligieron ese mismo cerro para esparcir parte de sus cenizas.
Un técnico… y un vecino más
Pero si hay una imagen que mejor resume la personalidad de su padre no tiene que ver con antenas ni torres.
Gastón recuerda que, una vez terminada la instalación del servicio de internet en El Caín, cerca de la medianoche y después de casi dieciocho horas de trabajo, el resto del equipo solo quería regresar a descansar.
Su padre, en cambio, permaneció en el pueblo enseñándoles a los vecinos cómo instalar aplicaciones para acceder a televisión por streaming.
“No había forma de hacerlo subir a la camioneta. Iba uno por uno explicándoles cómo usar las aplicaciones para que aprovecharan la conexión”, recordó entre risas.
Ese compromiso con las personas era tan importante como la obra técnica.
El reciente rescate volvió a demostrar el valor de aquellas decisiones. La infraestructura fue diseñada para cubrir sectores donde prácticamente no existe señal de telefonía y donde el tránsito es muy escaso.
“Son lugares muy complicados. Hay barro, piedras, se rompen muchas cubiertas y, además, pasa muy poca gente. Si te accidentás de noche, las temperaturas bajan muchísimo y la situación puede ser muy peligrosa”, explicó Cadenasso.
Por eso, saber que aquel punto de conectividad construido junto a su padre terminó siendo decisivo para que una persona pudiera pedir ayuda representa mucho más que una satisfacción profesional.
Cada vez que vuelve a El Caín, los vecinos siguen preguntando por su padre. “Siempre lo recuerdan. Me dicen cuánto lo extrañan. Eso tiene algo mágico”, admite.