Isla Huemul: de un científico que engatusó a Perón a un restaurante administrado por los veteranos de Malvinas
En diciembre de 2024, el intendente Walte Cortés, en su oficina del Centro Cívico, le decía a este cronista que su deseo era poner a la isla Huemul “en funcionamiento”.
En la actualidad, el jefe comunal no sólo mantiene la idea, sino que avanza respecto al proyecto y ya con fechas posibles para que ese pedazo de tierra al que rodea el lago Nahuel Huapi, con una historia muy particular relacionada con la energía nuclear, pueda ser visitado por barilochenses y turistas.
El subsecretario de Planeamiento, Alfredo Allen, es claro al respecto: “La isla tiene que quedar lista en diciembre; esa ha sido la orden del intendente”.
Huemul es un mojón de referencia cuando se habla de los orígenes del trabajo atómico en la Argentina, una cuestión que se trasluce en edificaciones derruidas que quedaron como testimonio de una época.
La vegetación se ha adueñado de las viejas construcciones. Foto Eugenia Neme.
En la isla, llevó a cabo sus experimentos Ronald Richter, un físico austríaco que, tras la Segunda Guerra Mundial, desembarcó en el país y en 1948 convenció a Juan Domingo Perón de que podía generar energía atómica de bajo costo (aseguraba que crearía "soles pequeños").
¿Pero cómo fue que el europeo terminó en tierra patagónica? Hace algo más de un año y medio, quien suscribe le hizo esa pregunta al físico Mario Mariscotti, autor del libro El secreto atómico de Huemul. Su respuesta fue: “Cuando llegó a la Argentina, Richter fue a parar a Carlos Paz, donde se encontraba Kurt Tank (ingeniero aeronáutico y piloto de pruebas alemán), porque él lo había recomendado. Estaba en un laboratorio dentro del predio que tenía Tank para el desarrollo del avión Pulqui II. Pero ahí eran todos nazis, y Richter no. Hay cartas suyas que demuestran que no se sentía cómodo en ese grupo. Fraguó una especie de sabotaje y dijo que no podía seguir trabajando en ese lugar. Perón ordenó buscar otro sitio. Primero pensaban en San Juan, pero a Perón le interesaba poblar la Patagonia. La idea era encontrar un sitio desértico, según la inspiración del laboratorio Los Álamos (Estados Unidos, donde se llevó adelante el Proyecto Manhattan que derivó en los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki). Cuando el avión llegó a la cordillera, y Richter vio el lago Nahuel Huapi y la isla, dijo: ‘Ese es el lugar’”.
Grafiti en una de las paredes que se mantienen en pie en la isla Huemul. Foto Eugenia Neme.
Con el tiempo, el científico fue considerado mayormente un fraude. Pero antes de caer en desgracia frente a Perón, logró que el entonces presidente anunciara: “En la planta piloto de energía atómica en la isla Huemul de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica”.
Debe recordarse cuál era el contexto histórico. En agosto de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, habían ocurrido los bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki. Desde entonces, todo lo que era acompañado de la palabra “atómico” llamaba la atención, a la vez que propiciaba inquietud. Perón, con aquella información que soltó a los periodistas el 24 de marzo de 1951, durante una conferencia de prensa en Casa Rosada, marcaba el supuesto ingreso de Argentina en la carrera nuclear. Luego se sabría, claro, que el dato era falso.
El grosor de algunas paredes resulta impactante. Eugenia Neme.
Richter había actuado como un encantador de serpientes, pero en 1952 una comisión fiscalizadora comprobó que lo dicho por el europeo no era cierto. De esa forma, finalizó el denominado Proyecto Huemul y toda la cuestión quedó bajo un halo de misterio.
Por un lado, resulta claro que a Perón no le debe haber gustado nada quedar expuesto en público al proclamar un avance que no fue tal. Es decir, no era cuestión de hacer difusión de un yerro (siendo víctima de otra persona, es cierto, pero error al fin).
Además, en 1955, con la llegada de la Revolución Libertadora, lo vinculado al peronismo pasó a ser mala palabra. Incluso existen relatos que apuntan a que gran parte de la maquinaria que había sido llevada a la isla se arrojó al lago, sin importar que pudiera seguir utilizándose.
Los "esqueletos" edilicios. Foto Eugenia Neme.
Si bien con muchos espacios en blanco, lo relativo a lo que se pretendió hacer en Huemul no quedó en el olvido gracias a que, a partir de aquella aventura, Argentina realmente activó un camino científico de relevancia. Algo que, por otra parte, en ese ámbito, hoy parece peligrar debido a las decisiones gubernamentales tomadas durante la gestión de Javier Milei respecto a estas temáticas.
Precisamente, recientes despidos en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) mantienen movilizado al sector. Por ejemplo, el martes de la semana próxima se prevé una acción en Intecnus, a las 15.30, para pedir por la reincorporación de quienes fueron desafectados, en un contexto que incluye otros reclamos.
Se anunció que, donde se encuentra Intecnus, se llevará a cabo una medida en reclamo por la gente que quedó sin trabajo en la CNEA. Imagen de archivo.
Hay que rememorar que la CNEA, de algún modo, fue creada por Perón para brindar un marco administrativo y de seguimiento al Proyecto Huemul. Y el nacimiento del Centro Atómico también se vincula con este tema, así como el Instituto Balseiro, que en principio fue denominado Instituto de Física Bariloche, para después rebautizarse en honor a José Antonio Balseiro, quien había formado parte de la comisión que demostró la falsedad de lo dicho por Richter.
Por todo eso —y más cuestiones, algunas con “aroma” a leyenda—, la isla resulta atractiva por lo histórico, mientras que, desde lo visual, la presencia de “esqueletos” de viejos laboratorios añaden un factor de interés para cualquiera que recorra el lugar.
El Instituto Balseiro, un eco de lo que se inició a partir de la experiencia en la isla. Foto Facundo Pardo.
También en la isla se ubica la tumba de Pedro Nolasco Güenul. La familia Güenul se estableció allí en 1894. Los pobladores de Bariloche se referían al lugar por el apellido de quienes residían en el lugar: “La isla de los Güenul”. La similitud fonética llevó a la denominación Huemul, en asociación al cérvido que, paradójicamente, nunca habitó ese espacio. El 21 de diciembre de 1904, a los ciento cinco años, falleció Pedro Nolasco, de estirpe araucana, que había llegado a la isla siendo ya anciano, y allí fue enterrado.
El actual subsecretario de Planeamiento tiene mucho que ver con la idea de revalorizar Huemul. Alfredo Allen asumió la titularidad del área en agosto de 2024, y fue él quien, al revisar en los archivos, se topó con el plan de manejo de la isla. Así, conversó con el intendente con el fin de avanzar en su recuperación. Cortés, entonces, fue al sitio y quedó convencido de que había que hacer algo para recobrar el lugar, al que halló abandonado.
Ese fue el puntapié inicial. Sobre el presente, a más de un año y medio del surgimiento del proyecto, Allen cuenta: “Se hizo la licitación de un lanchón para transporte de carga y de pasajeros. Salió adjudicado un astillero de Gualeguaychú”. En tal sentido, explica: “No funciona como si fuera un concesionario de autos, que tienen tres o cuatro y te lo mandan, sino que, cuando se les encarga uno, lo hacen. En este momento, la embarcación está en proceso de fabricación”. Y suma: “La construcción demora entre sesenta y noventa días, así que calculamos que entre fines de octubre y mediados de noviembre tendríamos el lanchón en Bariloche, y así podríamos disponer de movilidad propia”.
En referencia al modo en que, sin todavía aquella embarcación, se movilizan, dice: “Prefectura, muy amablemente, nos está ayudando a llevar al personal”. Y señala que, “depende de las condiciones climáticas”, trabajadores municipales desembarcan en la isla una o dos veces por semana.
Los senderos marcan el camino que deben recorrer los visitantes. Foto Eugenia Neme.
Respecto a las actividades que están desarrollando en Huemul en estos momentos, Allen indica: “Nos encontramos en una etapa en la que llevamos adelante labores de apertura de los viejos senderos”.
Por otra parte, informa que la intención es que, en el lugar, se disponga de una guardia permanente de guardaparques. Es decir, la idea es que las veinticuatro horas se mantenga esa labor de vigilancia. De esa forma, el funcionario detalla que habrá un sitio destinado a que el personal se establezca: “Tenemos que llevar materiales, con el lanchón que vendrá, para preparar una casa”.
“No existía ningún sitio para guardaparques, pero, entre las construcciones existentes, vimos una especie de confitería que había hecho el último concesionario. Nos pareció un espacio adecuado para poner la casa. Pero eso está bastante deteriorado y debemos repararlo para que sea habitable”, expresa.
Vista de la ciudad desde una embarcación, haciendo la ruta hacia la isla Huemul. Foto Eugenia Neme.
Para Allen, más allá de la historia concerniente al complejo de laboratorios de Richter, los turistas podrán apreciar el lugar también por lo paisajístico. En tal sentido, destaca que “el viaje hasta la isla ya resulta atractivo, porque se ve todo Bariloche desde el agua”.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que en la isla hay un mirador, al que se llega tras surcar una pendiente pronunciada y, luego, subir ciento dieciocho escalones. Allí se encontraba la oficina de Richter, y la vista de la ciudad es impactante.
Escalones que llevan al mirador.
En cuanto al modo en que se podrá acceder desde la costa de la ciudad a la isla, el intendente Walter Cortés manifiesta que “el puerto San Carlos será libre”. En ese sentido, profundiza: “Cada empresa turística que tenga un barco fijará su precio. Nos pagarán un canon por el ingreso a la isla; ese dinero quedará en la municipalidad”.
Cortés prevé que esas empresas que realizarán los traslados también cuenten con sus propios guías. Más allá de eso, su objetivo es colocar carteles con códigos QR para, a través de su lectura, acceder a audios en diversos idiomas que remitan a la información vinculada a cada una de las edificaciones que permanecen en Huemul.
Espacios en ruinas. Foto Eugenia Neme.
Además, desea poner en condiciones un espacio de los que quedaron de tiempos en que la explotación turística del lugar había sido concesionada, para que funcione un establecimiento gastronómico. El propósito es que, en forma similar a lo que sucede con el restaurante Costa 82, la administración quede en manos de los veteranos de guerra, con la intención de colaborar al sostenimiento del Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur.
La isla.