2026-07-09

La odisea del piano que cruzó los Andes para el baile de la Independencia Argentina

El instrumento musical fue trasladado minuciosamente desarmado y a lomo de mula por peones que desafiaron el crudo invierno andino para vestir de gala la noche patria de 1816.
La histórica declaración de la Independencia argentina, firmada en San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1816, no solo implicó tensas discusiones políticas y debates parlamentarios, sino también una trastienda social cargada de festejos populares y celebraciones de gala.

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Una de las anécdotas más curiosas y menos conocidas de aquella gesta patria fue la organización del gran baile oficial en el salón principal de la histórica casa de Francisca Bazán de Laguna. Los organizadores del evento deseaban agasajar a los congresales y a las familias patricias con la música más sofisticada de la época, pero se toparon con un grave inconveniente logístico, ya que en todo el territorio tucumano no existía un solo piano disponible para musicalizar la velada.
 
Ante la falta de instrumentos de teclado en el norte argentino, un grupo de vecinos y autoridades locales coordinó una verdadera hazaña de transporte que involucró cruzar la imponente Cordillera de los Andes. La solución llegó desde Chile, donde consiguieron un piano de cola que fue desarmado minuciosamente y embalado en pesados cajones de madera para proteger su delicada estructura y sus cuerdas.
 
El traslado terrestre se encomendó a un equipo de baqueanos y peones que debieron cargar las pesadas piezas del instrumento a lomo de mula, recorriendo cientos de kilómetros de senderos montañosos, cornisas peligrosas y temperaturas extremas bajo cero en pleno invierno andino.
 
La odisea de los peones se centró en evitar que los movimientos bruscos de los animales o las inclemencias climáticas de la alta montaña desafinaran de forma permanente o rompieran el mecanismo interno del piano. Tras semanas de una caminata lenta y sumamente peligrosa por los desfiladeros, la caravana logró descender hacia los valles calchaquíes y arribar finalmente a San Miguel de Tucumán pocas jornadas antes de la fecha patria.
 
En el Gran Salón de la jura, donde días antes se había debatido la soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un artesano local se encargó de rearmar pieza por pieza el mueble, ajustar el teclado y poner a punto las cuerdas para la noche más esperada.
 
La noche del 10 de julio, durante la gran fiesta de celebración por la naciente soberanía nacional, el piano se transformó en el centro absoluto de las miradas y los oídos de todos los asistentes al evento. Las crónicas de la época relatan que los congresales, gobernadores y los principales jefes militares bailaron minúes, gavotas y danzas criollas al ritmo de las melodías que brotaban del exótico instrumento musical rescatado de la cordillera.
 

 
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