2026-06-26

La docente barilochense que inspira con la ciencia: "Todavía vale la pena estar en el aula"

Su propuesta educativa la convirtió en la única semifinalista patagónica del concurso "Docentes que Inspiran".

Ser docente nunca fue un camino sencillo. Menos aún en tiempos donde la atención parece disputarse entre las pantallas, las redes sociales y la inmediatez. Sin embargo, para Priscila Edwards, cada clase sigue siendo una oportunidad para despertar preguntas, sembrar curiosidad y demostrar que la ciencia puede ser una herramienta para comprender (y transformar) el mundo.

Ese compromiso acaba de recibir un reconocimiento nacional: la docente barilochense fue seleccionada como una de las 24 semifinalistas del concurso "Docentes que Inspiran", convirtiéndose en la única representante de Río Negro y de toda la Patagonia que continúa en competencia.

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La noticia la tomó por sorpresa: "Veía este concurso y pensé: 'Mando lo que hago porque está buenísimo y funciona. Me encantaría que se difunda'. Me anoté sin ninguna esperanza y, cuando me llegó el primer mail diciendo que les había interesado mi perfil, no lo podía creer por lo que me siento muy feliz", contó.

Después de superar varias instancias en las que debió presentar evidencias de su trabajo, proyectos desarrollados y su forma de enseñar, quedó entre los 24 docentes elegidos de todo el país.

"Es un orgullo que les interese la forma en la que uno trabaja. Soy la docente más al sur del país dentro de los semifinalistas y me encantó que les haya interesado que traer la ciencia al aula pueda ser algo inspirador".

De la investigación científica al aula

Priscila no comenzó su carrera pensando en ser docente. Su formación es como bióloga y durante años estuvo vinculada al ámbito de la investigación científica.

Pero hubo un momento en el que descubrió otra vocación: "Venía de hacer el doctorado, de estar bastante sola investigando, y de repente encontré una nueva pasión: contarle algo a alguien y ver cómo se sorprende. Después son los propios alumnos los que vuelven y me dicen: 'Profe, ¿Sabés que vi eso que me contaste?'. Ahí te das cuenta de que algo quedó, de que esa curiosidad empezó a germinar"

Actualmente da clases de Biología en escuelas primarias y secundarias, además de coordinar el programa UPAMI de la Universidad Nacional del Comahue.

El desafío de enseñar en la era del celular

Uno de los mayores interrogantes de la educación actual pasa por captar la atención de estudiantes acostumbrados a convivir con las pantallas.

Para Edwards, la respuesta está menos en competir contra la tecnología y más en aprovechar la curiosidad natural de los chicos.

"La biología es fascinante si te la cuentan bien. En mi caso busco recursos todo el tiempo, me actualizo, uso inteligencia artificial, incorporo herramientas nuevas, pero lo importante es encontrar esos misterios interesantes. ¿Por qué los gatos tienen semejantes uñas y no se las vemos? Eso sucede porque las guardan y a partir de una pregunta empiezo a construir conocimiento."

Su metodología está basada en la indagación científica: partir de preguntas reales para que los propios estudiantes encuentren respuestas.

"Los chicos son curiosos por naturaleza. Lo que hacemos es dirigir esa curiosidad. ¿Qué preguntas nos hacemos? ¿Cómo las respondemos? Ahí aparece el método científico, adaptado al aula, como una herramienta para responder casi todas las preguntas".

"No es magia, es ciencia" 

La inteligencia artificial como aliada

Lejos de ver a la inteligencia artificial como una amenaza para la docencia, la docente destacada sostiene que puede convertirse en una herramienta valiosa.

Aunque advierte que nunca reemplazará el rol humano del docente.

"La inteligencia artificial puede ayudar muchísimo, pero no sabe leer las individualidades del aula. No conoce las emociones de los estudiantes, no sabe cuándo alguien necesita otra explicación o simplemente ser escuchado. Esa parte siempre va a ser del docente".

También destacó la importancia de enseñar pensamiento crítico.

"Nosotros trabajamos mucho la idea de la evidencia. Está buenísimo opinar, pero siempre preguntándonos: ¿en base a qué estoy diciendo esto? La ciencia invita justamente a cuestionar, pero con conocimiento".

Uno de los alumnos trabajando en clase

"Nadie elige ser docente para hacerse rico"

Durante la charla también apareció una realidad que atraviesa a miles de educadores: las dificultades económicas de la profesión.

Priscila no esquivó el tema y reconoció que la vocación convive con esa realidad cotidiana.

"Tengo tres trabajos. Doy clases en colegios, clases particulares y además coordino UPAMI. Pero hay algo que supera todo eso. Es la vocación. Nadie está en esta profesión para llenarse de plata. Todos los que estamos acá es porque realmente amamos enseñar".

Para ella, la mayor recompensa llega cuando los estudiantes incorporan lo aprendido a su vida cotidiana.

"Cuando un alumno vuelve y te cuenta algo que vio fuera del aula gracias a lo que aprendió, entendés que esa curiosidad ya empezó a formar parte de él. Eso me fascina".

Una ciudad que enseña ciencia todos los días

Priscila considera que vivir en Bariloche representa una ventaja enorme para enseñar ciencias naturales.

La naturaleza, asegura, se convierte en un laboratorio permanente.

"Acá mirás por la ventana y tenés un fenómeno para explicar. Los colores del lago, la bruma, las plantas, los animales... Todo el tiempo hay algo que despierta ganas de saber más."

Ese entorno también le permite vincular la escuela con investigadores de distintos organismos científicos.

"Siempre tratamos de invitar científicos al aula y trabajar junto a ellos. La ciencia deja de ser algo lejano y pasa a formar parte de la vida cotidiana".

Una de las salidas con los alumnos

Una educación que despierte ganas de aprender

Para Priscila, el gran objetivo no pasa por memorizar contenidos sino por lograr que los estudiantes quieran seguir aprendiendo una vez que termina la clase.

"Cuando las materias tienen sentido para ellos, dejan de tener miedo. La matemática, por ejemplo, deja de ser un problema y pasa a ser una herramienta para responder preguntas. Eso cambia completamente la forma de aprender".

Ahora espera conocer si logra avanzar a la instancia final del concurso nacional, donde seis docentes serán seleccionados como finalistas.

Mientras tanto, asegura que el verdadero premio ya llegó.

"Ojalá este reconocimiento sirva para que más docentes se animen a trabajar de esta manera, para hacer redes con colegas de todo el país y seguir mostrando que la ciencia puede ser cercana, interesante y transformadora".

Y, pese a todas las dificultades que atraviesa la educación argentina, mantiene intacta la convicción que la llevó a descubrir su vocación.

"Vamos, vamos... que todavía vale la pena estar en el aula".

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