Cannabis medicinal: la historia de la primera variedad argentina desarrollada por el INTA y una ONG
A lo largo de los años, la construcción del cannabis medicinal en la región ha sido un proceso colaborativo, impulsado por familias, cultivadores, organizaciones, profesionales e instituciones públicas que trabajan para garantizar el acceso y reconocer el valor terapéutico de la planta.
Para Gabriela Calzolari, licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora del INTA Alto Valle e integrante de la Asociación Civil Ciencia Sativa, el camino comenzó como usuaria. En 2013 se incorporó a la Organización Cannábica Bariloche (OCB), donde participó activamente de la iniciativa por el acceso al cannabis y, en 2018, junto con otras personas, fundó Ciencia Sativa, que obtuvo su personería jurídica ese mismo año.
Uno de los nombres que marcó su recorrido es el de María Eugenia Sar, referente de la lucha por el cannabis medicinal en Río Negro. Vecina de Las Grutas, comenzó su militancia a partir de la búsqueda de alternativas terapéuticas para su nieto, quien tenía síndrome de Tourette. Su trabajo fue clave para impulsar regulaciones locales vinculadas al cannabis medicinal, incluso antes de la implementación del REPROCANN.
“Más allá de su rol como militante, para mí fue una amiga. Compartimos innumerables conversaciones sobre cultivo, preparación de aceites y uso medicinal del cannabis”, cuenta Gabriela. En homenaje a su compromiso, una de las variedades que actualmente desarrolla Ciencia Sativa llevará su nombre.
Una variedad de cannabis es un grupo de plantas que comparte características específicas, como su perfil de cannabinoides y la concentración de compuestos como THC, CBD o CBG. En 2023, Ciencia Sativa logró el registro de la primera variedad de cannabis medicinal de la Argentina desarrollada entre el INTA y una ONG, llamada “Cannawine INTA-ACCS”, caracterizada por su alto contenido de CBD y su bajo nivel de THC.
“Nosotros consideramos que todas las variedades de cannabis son medicinales porque cada una tiene un efecto diferente en el organismo e, incluso, la misma variedad puede actuar de forma distinta en diferentes personas. No es cierto que solo las plantas con CBD sean medicinales; el THC también tiene muchos efectos y propiedades medicinales documentadas”, explica Santiago Juárez, biólogo, investigador e integrante de Ciencia Sativa.
No existe una única característica que determine si una variedad es medicinal: su utilidad depende de las necesidades y condiciones de salud de cada persona. El desarrollo de una nueva variedad es un proceso complejo que requiere de la colaboración conjunta de biólogos, cultivadores, ingenieros agrónomos y especialistas en genética. Además, se realizan análisis de laboratorio para conocer las características de cada planta y verificar la estabilidad de sus rasgos.
María Eugenia Sar y su nieto (2018).
“Cuando comenzaron a generarse las condiciones normativas que habilitaban este tipo de desarrollos en Argentina, le propusimos al INTA Patagonia Norte trabajar de manera conjunta en el avance del registro de Cannawine”, explica Calzolari. El proyecto, aprobado por el Ministerio de Salud de la Nación, permitió articular la experiencia acumulada por las organizaciones sociales con la infraestructura y las capacidades técnicas del sistema científico público.
Cada institución cumple una función complementaria. El INTA aporta investigación, evaluación agronómica, desarrollo tecnológico y generación de conocimiento aplicado a la producción. El INASE cumple un rol central en el registro, la evaluación y la protección de nuevas variedades, garantizando estándares de calidad e identidad genética. El sistema de salud, por su parte, resulta fundamental para generar evidencia clínica, acompañar a los pacientes y construir estrategias terapéuticas seguras y accesibles. La experiencia de los últimos años demuestra que los avances más importantes se producen cuando estos actores articulan con organizaciones de usuarios y pacientes.
“La sociedad civil aportó conocimientos, materiales genéticos y vínculos con pacientes. Las instituciones públicas sumaron infraestructura, equipos técnicos y capacidades científicas. Cannawine no es el resultado del trabajo de una sola institución ni de una sola persona. Es el resultado de muchos años de militancia, investigación, articulación y construcción colectiva”, sostiene Calzolari.
Actualmente, Cannawine está disponible como clon o plantín. “Gracias a herramientas como el REPROCANN, las personas pueden optar por el autocultivo mediante la adquisición de plantines legales o solicitar que una ONG cultive por ellas. Nuestro objetivo es democratizar el acceso y brindar herramientas para que cada persona pueda cultivar sus propias plantas si así lo desea”, explica Juárez.
Para quienes impulsan estos proyectos, desarrollar genética nacional significa avanzar hacia la soberanía tecnológica y sanitaria. Las variedades locales pueden adaptarse mejor a las condiciones ambientales de cada región y responder a necesidades terapéuticas específicas. Además, fortalecen la investigación, reducen la dependencia de materiales importados y consolidan capacidades científicas y productivas.
Aunque los avances han sido significativos, todavía persisten desafíos vinculados al acceso, la continuidad de las políticas públicas y la eliminación del estigma asociado al cannabis. Muchas personas siguen encontrando obstáculos económicos, burocráticos o relacionados con la disponibilidad de productos de calidad. Además, continúan existiendo situaciones de estigmatización y, en algunos casos, formas de criminalización vinculadas al cultivo.
La investigación científica, el desarrollo de variedades, la formación de profesionales y la construcción de sistemas de acceso seguros son procesos de largo plazo que requieren recursos y acompañamiento institucional sostenido. “El desafío hacia adelante es consolidar lo logrado y seguir construyendo un modelo que combine derechos, salud pública, evidencia científica y desarrollo productivo nacional.” concluye Calzolari.
La historia del cannabis medicinal en Río Negro demuestra que la innovación puede surgir del encuentro entre la sociedad civil, la ciencia y el Estado. Y que detrás de cada variedad hay mucho más que una planta: hay personas, experiencias y años de trabajo colectivo.