2026-06-23

Tala de árboles: una bióloga advierte sobre la desconexión con la naturaleza

La especialista consideró que las decisiones sobre el arbolado urbano reflejan una creciente distancia entre las personas y la naturaleza.

La reciente tala de árboles en la costanera de Bariloche continúa generando repercusiones y alimentando un debate que trasciende el destino de unos pocos ejemplares. En ese contexto, la bióloga Marcela Ferreyra decidió compartir una reflexión personal que, lejos de plantearse como un documento técnico o una posición institucional, busca abrir interrogantes sobre la relación que la sociedad mantiene con la naturaleza y con los seres vivos que la rodean.

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La integrante de organizaciones ambientalistas y una de las voces que desde hace años sigue de cerca la situación del arbolado urbano de Bariloche, explicó que estas reflexiones nacieron como una necesidad íntima de expresar sentimientos e inquietudes que la acompañan desde hace mucho tiempo.

“Lo escribí de manera personal, porque es algo que pienso y que creo firmemente desde que soy chica. No soy la única que lo pienso, somos varios que pensamos así”, señaló durante una entrevista con El Cordillerano.

La profesional recordó que su formación académica se desarrolló en el ámbito de las ciencias biológicas y exactas, pero aseguró que esa experiencia no modificó una convicción que sostiene desde hace décadas.

“Me crié en el mundo de la biología, de la física y de la química, pero mientras más indago en el mundo natural, más siento que hay cosas que no podemos explicar completamente. Hay una inteligencia en la naturaleza que va más allá de lo que alcanzamos a comprender”, expresó.

Los árboles como seres vivos complejos

Uno de los aspectos centrales de su reflexión es la idea de que los árboles no pueden ser observados únicamente como elementos del paisaje o recursos naturales, sino como organismos que forman parte de complejas redes de relaciones dentro de los ecosistemas.

La bióloga sostuvo que existe abundante evidencia científica sobre los mecanismos de comunicación e intercambio que se producen entre los árboles y otros organismos vivos: “Siempre los árboles me parecieron criaturas maravillosas. Estoy completamente convencida de que tienen una sensibilidad, que se relacionan entre sí, que se relacionan con otros seres vivos y que crean una inmensidad de lazos dentro de los ecosistemas donde viven”, afirmó.

Incluso fue más allá y aseguró que, desde su mirada, los árboles son seres sintientes cuya experiencia de vida todavía no puede ser comprendida completamente por los seres humanos.

Estoy convencida de que sienten y de que sufren de alguna manera, aunque nosotros no sepamos exactamente cómo ocurre eso. Nuestra capacidad de comprensión es muy limitada frente a todo lo que sucede en la naturaleza”, manifestó.

Los trabajos en la costanera

La polémica por las esculturas

La referente ambiental también cuestionó la decisión de transformar algunos de los troncos de la costanera en esculturas, una iniciativa que fue celebrada por algunos sectores de la comunidad pero que despertó rechazo en otros.

Según explicó, su principal objeción no está vinculada al trabajo de los artistas ni al valor cultural de las obras, sino a la condición biológica de los árboles sobre los que se está interviniendo.

“No quiero culpar al artesano. Mi cuestionamiento va más allá de eso. Lo que me impactó fue escuchar que el propio escultor decía que el árbol todavía estaba verde, que seguía sacando savia y que había que esperar para realizar determinados trabajos”, señaló.

Para Ferreyra, ese dato resulta fundamental porque considera que los árboles aún atraviesan procesos vitales incluso después de haber sido talados: “Sinceramente creo que ese árbol todavía está vivo. Estoy segura de eso, entonces me parece muy cruel trabajar sobre él cuando todavía está en ese proceso”, sostuvo.

El tronco que se convertirá en un "nahuelito"

Una preocupación que viene de hace más de una década

Ferreyra recordó que comenzó a involucrarse activamente en la defensa del arbolado urbano hace más de diez años, durante una serie de intervenciones que generaron polémica en distintos sectores de la ciudad.

Desde entonces, considera que la situación no ha mejorado.

Si miro hacia atrás, los árboles urbanos hoy están muchísimo peor que hace diez años. En aquel momento ya nos preocupaban ciertas situaciones, pero ahora uno recorre la ciudad y observa ejemplares cada vez más deteriorados”, afirmó.

Entre los ejemplos que mencionó figuran las podas intensivas, la extracción de ejemplares añosos y distintos proyectos que implican la remoción de árboles consolidados para reemplazarlos por especies jóvenes.

A su entender, todas esas decisiones responden a un mismo fenómeno: la creciente desconexión entre las personas y el mundo natural.

Hay una especie de locura. Se ha perdido la conexión con la naturaleza. Lo que veo es una falta de empatía, una falta de respeto y una enorme desconexión con todo lo que nos rodea”, expresó.

Otro sector con pinos recortados

El reclamo por una discusión más amplia

Más allá de las diferencias que puedan existir sobre cada intervención puntual, Marcela considera que el debate debería incluir más voces y generar instancias de participación antes de adoptar decisiones sobre el patrimonio natural de la ciudad.

“Hay muchísimos vecinos que piensan de esta manera. A veces se instala la idea de que todos quieren sacar los árboles, pero no es así. Hay mucha gente que siente otra cosa y que también merece ser escuchada”, señaló.

En ese sentido, remarcó que los árboles que forman parte de plazas, parques y espacios públicos pertenecen simbólicamente a toda la comunidad, por lo que entiende que las decisiones sobre su destino deberían construirse mediante consensos más amplios.

“Lo que más duele es sentir que no existe una instancia donde esas opiniones puedan ser consideradas. Los árboles públicos son de todos y por eso creo que las distintas miradas deberían formar parte de la conversación”, concluyó.

 

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