Muerte de Graciela Narváez: el cariño que recibió durante la presentación de su libro
Graciela Narváez, en los últimos años, tuvo homenajes públicos que destacaron su labor y forma de plantarse ante la vida. Por ejemplo, en junio de 2019, el Concejo Municipal la distinguió como periodista decana (“Por su amplia trayectoria como comunicadora, su rol docente y su esfuerzo y desempeño ejemplar en los medios de comunicación locales y nacionales”, detallaba la resolución). El mismo cuerpo legislativo, en 2025, declaró de interés municipal su libro Al límite (“Por su valor cultural y social en el marco de la producción literaria local y patagónica”). Pero uno de los momentos más emotivos en materia de reconocimientos fue el que vivió hace once meses, de la mano de la presentación de aquella obra donde reunió cuentos sobre personas a las que la existencia puso al borde de diversos precipicios.
La mujer, que falleció el sábado (13 de junio, Día del Escritor), una tarde de julio de 2025, en Casa Macacha, el centro cultural ubicado en Pasaje Gutiérrez 890, sentada junto a las periodistas Soledad Anselmi y Soledad Maradona, que la acompañaron y también oficiaron de canalizadoras del cariño de la gente, tuvo la alegría de ver el interés que causaba su palabra en un espacio colmado por personas que se acercaron a acompañarla en la botadura de su barquito de papel.
Había muchos exponentes del periodismo barilochense (con varios había trabajado) y gente que la conocía de otros ámbitos. Incluso, profesionales de la salud que la acompañaron a franquear situaciones complejas.
Graciela, el día de la presentación de su libro, observando una de las ilustraciones de Gilabert, autor de la imagen que integra la portada de Al límite.
También se encontraba presente Marcelo Gilabert, autor de la imagen de portada y de otra ilustración interior del libro. El artista —y también arquitecto— compartió con el público el modo de generar sus obras, además de dialogar con la propia Graciela acerca de lo que se ve en la tapa, donde se refleja una mirada particular que remite a la etapa siniestra de la última dictadura, tema que también es tocado en los cuentos de Al límite. En este punto, debe recordarse que la escritora llegó a Bariloche con su marido en 1979, como una forma de liberarse del avasallamiento que se vivía en su Córdoba natal, donde la represión se llevaba adelante con singular fiereza. “Considero que aquí nací de nuevo”, le dijo a este cronista durante una entrevista.
Trío de periodistas en la presentación del libro de Graciela: Soledad Anselmi, la autora y Soledad Maradona.
“Córdoba me dolió… Daba una pena enorme lo que sucedía. Cualquiera podía caer en una trampa”, señalaba, para luego contar que tres años antes había acudido al sitio donde funcionó el centro clandestino de detención La Perla: “No pude ir antes; emocionalmente, no me sentía habilitada… Ahí quedaron varios de mis compañeros de cursada de Ciencias de la Información. En ese lugar pasaron cosas que jamás deberían haber ocurrido”.
Al límite, una obra con textos fuertes, con historias de personas que se ubican frente a diversos abismos.
“Me fui de una Córdoba que estaba lastimada; borboteaba sangre de sus heridas. Me dolía mucho como para quedarme; no tenía sentido”, explicaba la comunicadora, en una conversación mantenida días antes de la presentación de su libro.
Durante aquella charla, evocó imágenes vinculadas a los años de plomo que quedaron grabadas en su memoria: “Estaba con una compañera, en el hall de entrada de la facultad, y paró un Ford Falcon verde en la puerta. Bajaron dos hombres; otros quedaron en el vehículo. Vestían camisa, corbata, traje negro… Subieron por las escalinatas hacia las aulas. Después bajaron, sosteniendo cada uno de un brazo y una pierna a un compañero. Lo pasaron delante nuestro. Nos quedamos paralizadas, mientras veíamos cómo la cabeza del chico iba pegando en cada escalón hasta llegar a la vereda. Abrieron la puerta del Falcon, lo tiraron adentro y… desapareció”.
“Después una se preguntaba qué hubiese pasado si hubiera dicho algo… Pero, seguramente, si lo hubiese hecho, hoy no estaría acá. Esas cosas no las tenemos que vivir más”, reflexionaba.
En familia.
Sobre el porqué de la elección de Bariloche como destino para alejarse un poco de una barbarie que estaba en todos lados pero en Córdoba se vivía con particular fuerza, Graciela contaba: “Mi marido es un hombre que adoraba este lugar desde hacía mucho tiempo; el escenario, con la montaña y el lago, lo seducía de una manera impresionante. Yo me sumé a ese sentimiento y dije: ‘Bueno, vamos’. Así llegamos acá, con un bebé en mi vientre, y aquí hicimos una familia y nos desarrollamos. Bariloche nos permitió crecer. Por eso estoy muy agradecida a esta ciudad, donde conocí gente muy valiosa”.
“Acá vivo con la naturaleza; me apasiona la montaña, estar con los árboles y el agua cercana”, señalaba, destacando la necesidad de “tratar de reconstruirse después de haber visto tantas cosas”.
En compañía.
Graciela, aquella tarde de la presentación de su libro en Casa Macacha, más allá de hablar de los relatos que integran la obra, como así también recordar episodios transitados en diversas etapas de su carrera (varios protagonizados junto a algunos de los presentes), vivió una jornada donde el amor se pudo palpar. Quienes asistieron quisieron hacer explícito el cariño. La abrazaban, le brindaban palabras tiernas… El afecto desbordaba.
De algún modo, la “periodista decana” cosechaba lo sembrado.
Reccibiendo el cariño de la gente.
Descanse en paz.