Alumnos de Pichi Leufu descubrieron los secretos del cielo en una noche inolvidable
La estepa patagónica tiene un cielo limpio, inmenso y profundo, de esos que obligan a mirar hacia arriba. Pero para los alumnos de la Escuela N° 231 de Pichi Leufu, ese mismo cielo dejó de ser un paisaje cotidiano para convertirse en un mapa de misterios y leyendas. En una salida pedagógica que quedará guardada en la memoria del paraje, los chicos visitaron el observatorio astronómico de Astropatagonia, que desde hace poco funciona en el campo de la familia Hernández.
La aventura, bautizada con el nombre de “Somos polvo de estrellas”, nació con un propósito que late con fuerza en el suelo sureño: cruzar la rigurosidad de la ciencia con la sabiduría de la tierra.
Previamente y para sumar aún más identidad, contaron con la presencia del grupo Pu pichike choike, liderado por Yanina Llancaqueo, aportando el sentir del pueblo originario.
“La idea era entrelazar el conocimiento de Daniel Chiesa, como aficionado a la astronomía, con la cosmovisión mapuche; que los estudiantes pudieran rescatar los saberes de sus propias familias sobre los cielos de la Patagonia”, relató con emoción la docente Verónica Navarro a El Cordillerano.
Señales de luz en la inmensidad de la estepa
La noche ya traía el condimento de lo extraordinario. Salir de la escuela a oscuras rompió la rutina y encendió las risas. A lo lejos, rompiendo la negrura del campo, Daniel Chiesa los esperaba haciendo señas de luces para marcar el camino.
Antes de entrar a la cúpula, el grupo se paró a cielo abierto. Con un láser que parecía tocar el infinito, Daniel fue dibujando las constelaciones. Se armó un diálogo circular y cálido: los chicos contaban las historias que escuchan en sus casas, los mitos populares de la región, y el astrónomo los ayudaba a descubrir qué había de ciencia y qué de hermosa fantasía en esos relatos.
Luego llegó el momento cumbre. El ritual de subir una pequeña escalera para pararse, de repente, frente al telescopio. Al poner el ojo en la lente, las nebulosas y los cúmulos de estrellas dejaron de ser fotos de manual: estaban ahí, vivas, brillando para ellos.
Un orgullo que brilla con luz propia
El frío de la noche en la estepa no pudo con la calidez de una jornada donde hubo tiempo para las bromas, las preguntas curiosas y un afectuoso abrazo de despedida a un anfitrión que los hizo sentir como en casa. Las familias ya pueden espiar la felicidad de los chicos a través de las fotos que inundaron el Facebook de la escuela.
Para lograr esta noche mágica, la comunidad educativa destacó el apoyo de la intendenta de Pilcaniyeu, Daniela Cornejo, quien garantizó el transporte.
El observatorio funcionaba en Ñirihuau y se mudó entre fines de febrero y comienzos de marzo. Chiesa encontró en Pichi Leufu algo más que un suelo alto y despejado, encontró una comunidad lista para abrazarlo. Los chicos volvieron a sus casas con los ojos encandilados y el pecho inflado por un orgullo compartido: el universo, ahora, se mira desde su propio hogar.