SORPRESA TOTAL
Damián Betular recordó la propina que le dejó Roger Waters y en qué la gastó
Antes de convertirse en una de las figuras más populares de la gastronomía argentina, Damián Betular tuvo un encuentro que todavía recuerda con una mezcla de sorpresa y gratitud. El pastelero contó cómo una noche de trabajo en un restaurante terminó marcada por Roger Waters y por una propina que no fue una más.
La anécdota apareció durante su paso por Perros de la Calle, el ciclo que conduce Andy Kusnetzoff por Urbana Play. Allí, entre recuerdos de sus primeros años dentro del rubro gastronómico, Damián Betular volvió sobre una experiencia que vivió cuando trabajaba en un restaurante ubicado en la zona del Bajo Belgrano.
El lugar tenía una dinámica habitual para ese tipo de servicios: las propinas solían reunirse en un fondo común y luego se repartían entre quienes habían trabajado durante la jornada. Sin embargo, aquella noche se salió por completo de lo esperado cuando Roger Waters llegó al restaurante acompañado por su comitiva.
Lo que más sorprendió al pastelero no fue únicamente la presencia del fundador de Pink Floyd, sino el gesto que tuvo al final de la velada. El músico decidió entregar el dinero de manera personal a cada empleado que había estado trabajando esa noche, algo que rompió con la modalidad habitual del local.
En medio de la charla, Damián Betular reveló qué hizo con ese dinero y dejó a todos sorprendidos: “Con la propina que dejó Roger Waters, yo me compré un teléfono celular en aquel momento”. La frase le dio a la historia un detalle concreto, porque convirtió aquella noche de trabajo en el recuerdo de una primera compra importante.
El pastelero también remarcó que no se trató de una propina entregada de forma general, sino de un gesto directo hacia cada integrante del equipo. “Nos dio uno por uno a los que trabajaban ese día”, detalló, dejando en claro que el músico se tomó el tiempo de reconocer a quienes habían participado del servicio.
Con los años, la escena quedó guardada como una de esas historias que unen mundos muy distintos: una estrella internacional, un restaurante porteño y un joven cocinero que todavía estaba construyendo su camino. Para Betular, aquella propina terminó siendo mucho más que dinero, porque quedó ligada para siempre a su primer celular y a una noche imposible de olvidar.