Un apicultor de Bariloche que encontró en las abejas una pasión y una forma de enseñar
Hace casi diez años, una simple invitación de su suegro cambió por completo el rumbo de Jorge D’Ottavio. Lo que comenzó como un curso de apicultura en la Municipalidad de Bariloche terminó convirtiéndose en una pasión profunda, una actividad productiva y también en un camino ligado a la docencia y al estudio del cambio climático.
Es una buena oportunidad para compartir la historia de Jorge en el día Mundial de las Abejas, que se celebra cada 20 de mayo. La fecha fue establecida por la ONU para crear conciencia sobre el rol fundamental que cumplen estos insectos y otros polinizadores en la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la producción del 75% de los cultivos mundiales.
“Me llamó la atención y dije: bueno, voy y lo hago”, recordó el apicultor barilochense durante una entrevista en el programa Chocolate por la Noticia de El Cordillerano Radio 93.7 en donde que repasó sus inicios y el vínculo que fue construyendo con las abejas. Después del curso, llegó el desafío de comenzar desde cero: comprar materiales, adquirir las primeras colmenas y aprender a trabajar con miles de insectos organizados en una estructura fascinante.
Con el paso del tiempo, D’Ottavio asegura que la relación con las abejas cambió por completo. “Uno tiene que pensar como abeja, no como ser humano”, explicó. Y agregó que existe un mito alrededor de estos insectos: “La abeja no te ataca, se defiende. Nosotros somos los que atacamos”.
Para Jorge, cada colmena es un universo. “Levantás un cuadro y te encontrás con un mundo adentro. Puede haber 20 mil abejas o más. Es algo apasionante”, describió y según contó, el estado emocional de quien trabaja con ellas también influye: “Tenés que estar bien, tranquilo. Ellas perciben los olores y cómo está uno”.
Durante la charla, el apicultor también destacó el ejemplo social que representan las colmenas. “Trabajan para el bien común. Todas tienen un rol y nadie se pelea con nadie. Qué lindo sería que nosotros como sociedad funcionáramos así”, reflexionó.
Pasión por enseñar
Además de producir miel, Jorge encontró otra vocación: la enseñanza. Desde hace tres años realiza charlas y talleres en escuelas, donde comparte conocimientos sobre el mundo de las abejas con estudiantes de distintas edades.
“Descubrí que me gusta la docencia”, contó. En cada visita lleva materiales de trabajo y hasta un cuadro demostrativo con abejas vivas para que los chicos puedan observar de cerca cómo funciona una colmena.
“El aula es como abrir una colmena. Yo transmito esto con pasión y cuando hacés las cosas así, no te puede ir mal”, afirmó.
Producción y estudio
D’Ottavio explicó que la producción de miel requiere paciencia y planificación. Según detalló, recién a partir del segundo año pueden obtenerse buenos resultados productivos, con rendimientos superiores a los 100 kilos de miel en algunas colmenas.
Actualmente también estudia cambio climático, una temática que considera fundamental para la apicultura. “Podés hacer apicultura, pero también tenés que entender cómo viene el clima”, señaló. El manejo de las colmenas depende de factores como la temperatura, la humedad y las floraciones.
En ese sentido, dedicó gran parte de su formación técnica a investigar problemas vinculados a la humedad y la mortandad de abejas en zonas templadas y frías. Ese trabajo terminó convirtiéndose en una tesis destacada académicamente, con una calificación sobresaliente.
“Estoy orgulloso. Siempre digo: Dios, mi familia y mis amigos de la facultad”, expresó emocionado al recordar que obtuvo un promedio de 9,38.
Las diferencias de la miel patagónica
El apicultor explicó además que el sabor, color y calidad de la miel dependen directamente de las floraciones y del entorno natural donde trabajan las abejas.
“La miel clara es la más valorada para exportación, pero a mí me gusta más la oscura porque tiene más nutrientes”, comentó. En Bariloche, explicó, las características cambian según la época del año y las especies vegetales disponibles para las abejas.
Para Jorge, la apicultura es mucho más que producir miel. Es aprender a observar la naturaleza, trabajar en comunidad y transmitir conocimiento. “Las abejas ya no son un hobby. Son pasión”, dijo orgulloso.