2026-05-18

Cuando la piel habla: desnudar el alma desde el arte

Tendrá continuidad un proyecto que hace tres años sorprendió por su audacia y concepto.

La vitralista Fer Ungar, en 2023, sorprendió a propios y extraños al presentar Piel umbral, un libro en el que, a través de fotografías de Jorge Piccini y Samantha Othheguy, ella misma y otras personas aparecían desnudas en imágenes donde también se veían vitraux —o sus reflejos—, en un trabajo acompañado por textos de su autoría, donde se ponía el foco en la epidermis a partir de una experiencia traumática que acababa de atravesar. Tras aquella obra cautivante en su belleza y profundidad conceptual, tres años después, en el marco de la Fiesta de la Palabra, en el Puerto San Carlos, donde varias de las imágenes del libro estuvieron expuestas y la temática fue disparadora de una intervención artística, Fer anunció que Piel Umbral tendrá al menos una continuación (porque incluso está la posibilidad de que se extienda en otra más).

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De tal forma, la artista plástica explicó que, si bien en Piel umbral ya había fotos de algunos hombres en una secuencia de la fotógrafa Samantha Otheguy, la intención, en los pasos que seguirán, es ampliar el elemento masculino, algo que, según indicó Fer, resulta complicado, porque, para ellos, resulta una especie de tabú el aparecer sin ropa.

La vitralista señaló que, en ese caso, quien retratará los cuerpos masculinos será Ana Escobar, mientras que Jorge Piccini continuará encargándose de los femeninos.

Lo que Fer aún no tiene en claro es si, de esa labor, saldrán uno o dos libros. Es decir, cuando las imágenes ya estén hechas, será momento de definir si lo femenino y lo masculino se integrarán en una obra, tal como pasó en Piel umbral, o si cada serie de fotografías y textos ganará un peso propio, diferenciado de la otra, para desencadenar dos obras.

Imagen masculina en Piel umbral.

Ahora bien, si habrá nuevos pasos en esta aventura es porque primero estuvo el inicial. Pero… ¿cómo surgió aquel bautismal Piel umbral en 2023? A la hora de contar la historia, Fer Ungar fue mucho más atrás en el tiempo.

De tal forma, primero explicó su relación con los vitraux: “Desde hace más de treinta años, trabajo con la materialidad del vidrio. Desde los diecisiete, vivo en Bariloche, y en un momento me fui a estudiar a Mar del Plata, a la Escuela de Cerámica Rogelio Yrurtia. Ahí incursioné con la vitrofusión”.

“Nuestra vida no es algo estático, sino que estamos en un cambio constante; y el vitral produce, precisamente, una transformación, a partir de los colores”, apunta la artista plástica, quien detalla que, al entrar en contacto con esa técnica, le vinieron a la memoria imágenes de su infancia: “Empecé a recordar cuando, de muy chica, iba a la Iglesia con mi abuela y me quedaba con la mirada suspendida en el polvo que había en el aire, bajo la luz que atravesaban los vitraux”.

Imagen femenina de Piel umbral.

Su vida, entonces, se encaminó por el trabajo en vidrio. Pero, en cierto momento de su vida, notó que la comodidad que le brindaba la labor en su taller provocaba una especie de incomodidad en el contacto con otras personas. No era que estaba recluida, porque incluso tenía trato con muchos alumnos en las clases que daba, pero prevalecía en ella cierta timidez, que incluso derivaba en que si montaba una obra pusiera sus creaciones y luego se retirara rápidamente.

Sin embargo, cierto día una alumna la invitó a participar de un taller de clown que estaba por realizarse. Aunque le costó, se animó y fue. “Ver el trabajo del clown resultó impactante, porque tiene que ver con la vulnerabilidad, pero también con el mostrarse y contar una historia”, indicó.

Tan impresionada quedó, que en 2019 decidió estudiar teatro en la Universidad Nacional de Río Negro. Ahora está en cuarto año. Cabe recordar que la pandemia ralentizó todo, y los estudios entraron en un impasse, pero, además, en ese período en el que el covid llamaba al encierro, el cuerpo de Fer tuvo una reacción extraña. “Se me disparó un problema en la piel, con picores, y sentía angustia. Estuve un año y medio así. Me encontraba preocupada. Hice distintos análisis y no hallaban nada. Entonces, fui a acupuntura y ahí me dijeron que mi energía circulaba bien, que lo mío tenía que ver con lo emocional”, cuenta.

Performance de Fer en el Puerto San Carlos. Foto gentileza de Ana Escobar.

De tal forma, decidió probar con la biodescodificación, una terapia alternativa basada en la creencia de que las emociones no procesadas adecuadamente pueden manifestarse como enfermedades o dolencias físicas.

“Así, me di cuenta de que me afectaban cosas que viví de chica. La pandemia me disparó el miedo de la época de la dictadura, cuando yo era muy pequeña, donde presencié algunas situaciones dentro de mi casa… Mi mamá se había juntado con alguien que estaba metido en el proceso… Vi armas en mi casa… La pandemia me llevó hacia eso, era como si sintiera que había un paralelo con aquella época… Y lo sentía en el cuerpo. No dormía por el picor… La biodescodificación me ayudó a entender del lugar del que venía todo eso”, describió.

El fotógrafo Jorge Piccini, en tanto, le había propuesto participar de un proyecto titulado Otras latitudes, integrado por fotografías donde se ven cuerpos femeninos sobre los que se reflejan mapas. Tras pensarlo mucho, ella le hizo una contrapropuesta. Le dijo al fotógrafo que, en lugar de cartografía, el elemento añadido a la desnudez estuviera conformado por su obra artística, además sumar más personas como modelos. “Quería cuerpos no hegemónicos, incluso de hombres”, apuntó ella.

De esa manera, nació Piel umbral, donde, a las fotos, sumó pequeños textos. En sus páginas, entonces, hay fotografías, literatura, también algo de lo que aprendió en teatro (las imágenes funcionan como puestas en escena) y arte en vidrio… 

Tan contenta quedó con el resultado que, como ya se dijo, el objetivo es extender la piel en páginas futuras.

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