2026-05-07

Hace cinco años la operaron de cáncer de mama y ahora es maquilladora terapéutica

La historia de una mujer que ayuda a los pacientes oncológicos desde su propia experiencia.

“Hoy hace cinco años que me operaron de cáncer de mama”. El calendario marca 7 de mayo de 2026, y esa frase es lo primero que sale de la boca de Julieta Reisfeld al comenzar a hablar.

Julieta es parte —junto a la mastóloga Florencia Costantino— de la organización local del primer “Congreso federal de pacientes con cáncer de mama” ideado por la asociación civil sin fines de lucro Enlazadas, que se desarrollará el viernes 8 de mayo en el auditorio de la Cooperativa de Electricidad Bariloche (CEB), John O'Connor 56, de 14.30 a 19 (el encuentro es gratuito, pero necesita inscripción previa ingresando en el link https://forms.gle/qQM6zfjSfnaN5LjPA).

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Más allá de colaborar en distintos detalles durante toda la jornada, Julieta brindará una charla de maquillaje terapéutico, una actividad que comenzó a hacer luego de la experiencia que le tocó vivir con la enfermedad.

Explicando técnicas.

Así, a la hora de narrar su historia con el cáncer de mama, dice: “Soy una persona muy metódica y cuidadosa. El único control anual que me salteé fue en 2020, porque era el momento del covid, pero al año siguiente lo hice, con todo el miedo que tenía, porque la pandemia seguía. Así que, usando barbijo, fui… Y ahí saltó todo”.

“Me salvó la vida la técnica que hizo la ecografía y la mamografía. Ella vio algo que le llamó la atención y decidió mandarme a hacer otros estudios”, señala, para luego afirmar: “Gracias a eso, lo detecté a tiempo”. 

“Yo no lo sentía, estaba encapsulado en el conducto de la mama”, detalla, reconociendo que enterarse resultó “absolutamente inesperado”.

 

En plena tarea.

“Uno no sabe cómo puede reaccionar ante una situación así”, advierte.

En su caso, debido a los consejos de personas cercanas, actuó con rapidez.

Julieta comenta que “en Bariloche, en aquel momento, todavía no existía la infraestructura que hay en la actualidad, así que a los quince días estaba en Buenos Aires”.

“La reacción, entonces, fue rápida, pero la crisis vino después”, advierte, y remarca: “Algo así te destruye emocionalmente. Más allá de que ya me había operado, fue un golpe muy duro. Cuando sucede una cosa como esta, te replanteas todo lo que te pasa en la vida”.

Una tarea que realiza con cariño.

“Tras la operación no me hice la reconstrucción mamaria; yo simplemente quería curarme y volver a mi casa”, recuerda.

Pero, frente a esa huella que presentaba su cuerpo, empezó a esquivar la mirada del espejo. “Con el tiempo, Florencia Costantino, mi doctora, me fue convenciendo de que era importante que me realizara esa reconstrucción, porque no tenía por qué vivir mutilada habiendo opciones estéticas al alcance de la mano”, indica. De tal manera, encaró ese proceso (que contó con cinco intervenciones) en Intecnus.

Poniendo atención en los detalles.

Julieta es diseñadora de indumentaria y maquilladora.

Su mastóloga, que siempre había destacado el modo en que se maquillaba cada vez que acudía al consultorio, cierta vez le propuso brindar una clase de maquillaje en Intecnus. “Acepté, y cuando vi las reacciones en las chicas me di cuenta de la potencia que encerraba ese momento; comprendí que tenía que hacer algo con eso”, rememora.

“Me puse a investigar y me contacté con gente del Hospital de Oncología Marie Courie, de Buenos Aires, donde hay un programa de maquillaje terapéutico que funciona desde hace catorce años. Dan una formación multidisciplinaria online, muy completa, con profesionales de distintas áreas”, informa.

Una labor realizada con todos los cuidados.

De ese modo, expresa: “Me preparé para ejercer esta profesión con responsabilidad, porque a un paciente oncológico que está inmunodeprimido no se lo puede tocar con algo que no esté aprobado por Anmat (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), además de que debe cumplirse con un montón de normas de bioseguridad”.

Asimismo, explica que su tarea en ese campo “no tiene nada que ve con el maquillaje social”, sino que se trata de “acompañar al paciente para que pueda reencontrarse con su imagen desde un lugar amoroso”.

“Es un mimo”, considera, y amplía: “Cuando a una persona se le cae el pelo, por ejemplo, o empieza a perder sus rasgos característicos, en general, deja de mirarse en el espejo. La verdad es que no lo tolerás, porque perdés la identidad”, apunta, desde lo que le tocó transitar en carne propia antes de la reconstrucción mamaria. “Esta es una manera de que la persona pueda reencontrarse y reinventarse”, reflexiona, y afirma que, incluso, va más allá de lo estético, porque el sentirse mejor se vincula también con lo que sucede durante el proceso en el que la persona realiza la actividad.

Julieta maquilla a pacientes de oncología, pero, también, les da cursos de automaquillaje. En el último caso, existe la posibilidad de tomar clases de manera virtual. “A veces los pacientes no pueden tener contacto con otra gente, y esa es una forma de que igualmente aprendan, aun estando aislados”, detalla.

A cinco años exactos de su operación, Julieta afirma: “A partir del maquillaje terapéutico, le di un vuelco inesperado a mi vida; estoy muy feliz”.

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