2026-05-03

Antiguos Pobladores II: "Bariloche es lo más lindo que hay"

Antiguos pobladores compartieron relatos que muestran el cambio de la ciudad.

En el marco del 124° aniversario de la ciudad, el reconocimiento a los Antiguos Pobladores volcó historias de vecinos y vecinas que dejaron su huella bien marcada.  Hay mucho de esfuerzo y un profundo sentido de pertenencia. Todos los relatos hablan del claro amor por Bariloche. 

Fernando García, conocido cafetero de la ciudad, nació en 1953 y lleva 37 años vendiendo café. “Me gusta el clima”, resumió con sencillez. Recordó su infancia marcada por el contacto con la naturaleza y el gusto por acampar. Hoy disfruta de sus nietos y deja un mensaje: “Que nunca falte la moneda en el bolsillo, eso te da tranquilidad”.

Carlos Otto Frei, nacido en Buenos Aires pero criado en Bariloche, repasó su formación en instituciones emblemáticas como el Cardenal Cagliero, el Primo Capraro y el Colegio Industrial. Incluso realizó el servicio militar en Suiza, en el marco de un acuerdo de reciprocidad. Su historia familiar está ligada al trabajo: su padre instaló en 1950 un lavadero industrial que aún continúa en funcionamiento. “Me gustaría que Bariloche mantenga la esencia de los primeros pobladores”, comentó.

Mercedes Violeta Velázquez nació en Arroyo Blanco y su vida estuvo marcada por el esfuerzo desde muy joven. Trabajó como empleada doméstica y mucama. Llegó a la ciudad convocada por su hermano para pasar el invierno, en tiempos en los que en el campo “no tenían ni leña”. Hoy, ya sin poder trabajar, mira su recorrido con afecto: “Me gusta mi ciudad”.

Héctor Raúl Baffigi, nacido en calle Mitre en 1947, cuando Bariloche tenía pocos habitantes, lleva en su historia el legado pionero: su abuelo fue traído por Primo Capraro. Trabajó en la Municipalidad y dedicó parte de su vida al atletismo. “La infancia era linda, jugábamos al fútbol”, recordó. También destacó a su compañera de vida, con quien tuvo dos hijos.

A sus 87 años, Dominga Painehual resumió su historia en una frase: “Nunca me quedé con los brazos cruzados”. Nacida en el campo, trabajó como ordenanza en el Banco Sur y Comercio, además de realizar tareas domésticas durante toda su vida. Evocó los duros inviernos y la nieve, hasta que sus hijos le pidieron que dejara de trabajar.

Pablo Del Río recordó los orígenes familiares con una imagen clara: una cabaña de piso de tierra construida por su padre en cercanías de donde hoy está el colegio María Auxiliadora. Se formó en distintas escuelas de la ciudad y se convirtió en docente de educación física. También destacó su paso por el recordado programa radial “Tribuna Deportiva” y el vínculo con José Antonio Jalil, a quien definió como un padre.

María Luisa Pérez, conocida como “Yoli” Méndez, tiene una vida ligada a la educación. Fue maestra de primaria en la Escuela 16. Con raíces familiares profundas en la ciudad, hoy encuentra su mayor alegría en sus descendientes: “Mis bisnietos son mis luces, son el sol de mi vida”.

Fernando Segundo Huenelaf nació en Chubut y llegó a Bariloche como parte del servicio militar. Aquí encontró su camino laboral en la construcción, especialmente haciendo chimeneas, oficio que lo llevó incluso a Ushuaia. Hoy disfruta de su familia, especialmente de su hijo saxofonista: “Estamos entretenidos”, dijo.

Herodina Parada nació en Las Bayas, cerca de Pilcaniyeu, y llegó a Bariloche a los 7 años. Su historia está marcada por el trabajo desde muy chica, tras la enfermedad de su madre. A los 11 años ya trabajaba en un restaurante de calle Mitre. Lavaba y secaba platos. Luego tuvo la oportunidad en Cerámica Bariloche. “Le digo a la gente que disfrute la vida, que tenga alegría”, aconsejó.

Carlos Héctor Aroca, nacido y criado en la ciudad, fue testigo directo de su transformación. Recordó su infancia en el barrio Las Quintas, en condiciones humildes pero con “buena gente”. “No es lo que era, ha cambiado tanto”, reflexionó, aunque no pierde la admiración: “Bariloche es lo más lindo que hay”.

Las historias de vecinas y vecino que fueron reconocidos hablan del camino paso a paso. Es un cúmulo de emotivos relatos sobre la construcción paciente y esforzada de una ciudad que hoy brilla en su aniversario 124.

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