Alerta por una medusa invasora en lagos de Bariloche: cuáles son los riesgos
Tras la reciente confirmación de la presencia de la medusa de agua dulce en lagos de la región, investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) avanzan en una nueva etapa del estudio: reunir información aportada por la comunidad para conocer el alcance real de la especie en la zona.
El hallazgo de la Craspedacusta sowerbii, originaria de Asia, fue registrado semanas atrás en el Parque Nacional Nahuel Huapi, a partir de investigaciones realizadas en los lagos Escondido y El Trébol, y en la laguna Huillines. Ahora, el foco está puesto en determinar su distribución y el impacto ecológico que podría generar.
Las especialistas que integran el Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a escala de Paisaje (Gesap), del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inbioma - Conicet), advirtieron que los registros actuales son escasos, por lo que consideran clave la participación ciudadana para ampliar la información disponible.
“La medusa de agua dulce es invasora en todos los continentes, menos en la Antártida. Viene de China y se registró primero en Europa, después en Norteamérica y se fue expandiendo. Se adapta fácilmente a nuevas condiciones e invade nuevos ambientes rápido y fácil porque es fácil que la transporten aves, embarcaciones y peces”, explicó Mariana Reissig, una de las investigadoras.
En la misma línea otra de las investigadoras, Patricia García subrayó la importancia de profundizar el relevamiento: “Tiene gran capacidad de dispersión y es posible que su registro esté subestimado. Una vez que se establece, técnicamente es imposible erradicarla porque tiene una fase muy pequeña que es casi imposible de eliminar. Se puede hacer un esfuerzo en evitar una mayor dispersión”.
Cómo colaborar con la investigación
Desde el equipo científico remarcaron que cualquier persona puede aportar información sin necesidad de ser especialista. En caso de detectar ejemplares, se solicita tomar una fotografía y enviar la ubicación geográfica a la cuenta de Instagram del grupo (@fotolab.gesap). También se pueden cargar registros en la plataforma iNaturalist, donde especialistas verifican los datos.
El objetivo es construir un mapa más preciso de la presencia de la especie en la región, lo que permitirá evaluar su grado de establecimiento y diseñar estrategias de monitoreo.
Riesgos para el ecosistema
Aunque todavía no se ha determinado con exactitud la magnitud de su impacto, las investigadoras ya identificaron posibles alteraciones en la dinámica de los ecosistemas acuáticos. La medusa compite por alimento con peces pequeños, lo que podría modificar la cadena trófica y afectar a especies de mayor tamaño.
Además, su ciclo de vida —que incluye una fase microscópica difícil de detectar— facilita su dispersión. A esto se suma la influencia de factores ambientales, como el aumento de la temperatura del agua, que favorece su aparición en forma visible.
Recomendaciones para evitar su propagación
En paralelo a la convocatoria, las científicas difundieron una serie de medidas preventivas para reducir el riesgo de expansión. Entre ellas, evitar el traslado de agua, plantas o animales entre distintos ambientes, drenar embarcaciones luego de su uso y desinfectar equipos con agua caliente o soluciones adecuadas.
También recomiendan dejar secar completamente botes y elementos antes de trasladarlos de un cuerpo de agua a otro.
La participación de la comunidad aparece, en este contexto, como una herramienta clave para avanzar en el conocimiento de esta especie invasora y su posible impacto en los lagos de la región.