2026-04-01

Hora por hora, cómo se dieron los sucesos en Malvinas el histórico 2 de abril

El clima desfavorable atrasó en cuatro días los planes iniciales de los militares argentinos. Capturar la pista de aterrizaje demandó una hora y 15 minutos desde el desembarco.

Cuando la mayoría de la población encendió las radios el 2 de abril de 1982 antes de afrontar la jornada laboral, se encontró con una noticia inesperada primero y emotiva inmediatamente después: tropas argentinas habían desembarcado en las Islas Malvinas. Aquel viernes insólito quedó en la historia e inició el breve período durante el cual el país recuperó soberanía sobre el atribulado archipiélago. Por la tarde, columnas espontáneas se dirigieron a la Plaza de Mayo para brindar su apoyo, pero recién con el paso de las horas e inclusive los días se supo qué había pasado en el lejanísimo sur. Recuérdese que por entonces no solo Internet era una quimera, los canales de TV abiertos ni siquiera transmitían las 24 horas.

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Las primeras informaciones que llegaron a imprimirse o a irradiarse confiaron que la Operación Rosario había llegado a buen término. Se utilizó esa denominación a instancias del Ejército, cuyos conocedores de la historia recordaron que al repeler las Invasiones Inglesas de 1806-7, los contingentes rioplatenses se pusieron bajo la advocación de la Virgen del Rosario. En consecuencia, aquel nombre prevaleció sobre el de Operación Azul, que había sugerido la Armada.

El despliegue argentino había comenzado el 28 de marzo, cuando efectivos de las dos fuerzas se embarcaron y pusieron rumbo a las islas. Comandaba el operativo el general Osvaldo García, con el objetivo improbable apenas unos meses antes de desembarcar en la Isla Soledad en cercanías de Puerto Stanley, denominación británica para el poblado que días después comenzó a llamarse Puerto Argentino. La ocupación británica del archipiélago se remontaba a 1833.

Puntualmente, efectivos del Comando de la Brigada de Infantería IX y de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 pusieron en marcha la Operación Rosario, al embarcarse en el destructor “Santísima Trinidad” y en el rompehielos “Almirante Irizar”. Por otro lado, la sección transporte del Regimiento 25 y tropas especiales hicieron otro tanto en el transporte “Cabo San Antonio”. Las últimas unidades tenían a su cargo la faceta anfibia de la ofensiva.

Anfibio argentino y prisioneros ingleses.

Por entonces no existían las herramientas que hoy permiten anticiparse a los vaivenes del clima. De hecho, el 29 de marzo la agitación del mar impidió las reuniones de comandantes y jefes, de forma que los fundamentos de la operación se impartieron por radio. Según se conoció después de los sucesos, la intención consistía en no causar bajas entre la guarnición británica, aunque se recibiera su fuego con chances de bajas propias.

Blancos precisos

La fecha que inicialmente se había fijado era el 30 de marzo, pero los vientos a más de 70 kilómetros por hora que señoreaban en el Atlántico Sur obligaron postergar los planes hasta el 2 de abril. Las tropas del Ejército debían tomar la residencia del gobernador británico y el cuartel de los Royal Marines, pero como la continuidad del clima adverso dificultó la operación de helicópteros, se les asignó sumarse a la vanguardia de la fuerza anfibia para controlar la pista de aterrizaje con que contaba el poblado y adecuarla para el aterrizaje de los efectivos que llegarían vía aérea. El mando argentino suponía que la infraestructura estaría defendida con armas pesadas.

Alrededor de las 21 del 1° de abril se hicieron al mar los comandos anfibios desde el “Santísima Trinidad” y alcanzaron la costa a las 23:45. A esa misma hora, 10 buzos tácticos que habían llegado al teatro de operaciones en el submarino “Santa Fe” se desplegaron para colocar balizas de radionavegación y ocupar el faro sito en el Cabo San Felipe. A las 6:15 de la jornada histórica, los anfibios blindados llegaron a tierra, con efectivos de Infantería de Marina y parte de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25.

Debían tomar el aeropuerto y remover obstáculos de la pista para permitir que a partir de las 8:30, aterrizaran los “Hércules” C-130 de la Fuerza Aérea, que traerían al grueso del Regimiento 25, proveniente de Comodoro Rivadavia (Chubut). A las 7:30 de la mañana, es decir, una hora y 15 minutos después de pisar las Malvinas, el jefe de la operación informó que el aeropuerto estaba en manos argentinas. En consecuencia, el primer “Hércules” aterrizó a las 8:45.

El desarme de la guarnición colonialista.

Quince minutos más tarde, después de ofrecer una fugaz resistencia en cercanías de la Casa del Gobernador, Rex Hunt, las tropas del ocupante colonial se rindieron, al advertir que eran superadas ampliamente en número. No obstante, el fuego inglés se cobró la vida del teniente de navío Pedro Giachino. Cuando intentó sacarlo de la línea el segundo al mando, teniente de fragata Diego García Quiroga, también resultó gravemente herido. El acta de defunción del marino dice que falleció en Puerto Rivero, denominación que en honor al célebre gaucho se utilizó durante los primeros días de la recuperación, hasta que luego se determinó usar la de Puerto Argentino.

A las 12:30, cuando ya el país y buena parte del mundo estaban conmocionados por la audaz decisión de la Junta Militar que gobernaba en la Argentina, se produjo en el poblado recientemente conquistado una curiosa e inédita ceremonia: se arrió la Union Jack, es decir, la bandera británica, y por primera vez en casi un siglo y medio, se izó la celeste y blanca. El 2 de abril de 1982 había ingresado para siempre en la historia.

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