Día de la Memoria en Bariloche: apoyo popular en una jornada con características particulares
Un pañuelo blanco con un ramillete colorido de flores en su interior. El dibujo como metáfora visual. Un texto acompañando la imagen: “Florecerán pañuelos”.
A unos metros, una mujer haciendo “carne” la consigna, con un pañuelo con flores de tela sobre su cabeza.
Y, a poca distancia, una ilustración con trozos delineando el rostro de Nora Cotiñas, histórica Madre de Plaza de Mayo (falleció en mayo de 2024), junto a la frase: “Del lado Norita de la vida”.
Apenas unas “postales” de la marcha del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Bariloche.
Lluvia de pañuelos.
Los cumpleaños de números “redondos” suelen involucrar festejos especiales. Si un niño alcanza los diez, por ejemplo, padres y abuelos ponen un esmero distintivo en el agasajo. Y si se trata de alguien grande (pongamos que una persona sopla sesenta velitas), el tema lleva implícito un sentimiento ambiguo, porque el asunto conlleva el saber se es cada vez mayor (con la sombra de la vejez dando vueltas). ¿Pero qué sucede cuando la cifra redonda se relaciona con la conmemoración de un hecho trágico?
Cincuenta años pasaron desde el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y, en la ciudad, miles de personas decidieron salir a las calles.
El "Nunca más" fue una constante.
El reloj marcaba las 16.20 cuando partió la marcha, desde Onelli y Brown.
Ya habían pasado varias horas desde la mañanera pintada de pañuelos en la plaza principal del Centro Cívico, con las idas y vueltas que suelen acontecer en ese momento (encontrar gasoil en el suelo, en un intento por entorpecer la acción; discusiones relacionadas tapar o no la estatua de Julio Argentino Roca, que finalmente quedó bajo un kultrún gigante).
Un pañuelo blanco y la bandera argentina.
La bandera de la organización Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.) encabezaba la caminata.
Detrás, la insignia de la Red por el Derecho a la Identidad Lagos del Sur.
Florecerán pañuelos...
Luego se ubicó una pancarta mapuche —curiosamente, delante de la perteneciente a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), muy identificada con la fecha—, equiparando lo que sucedió durante la Conquista del desierto con aquello sufrido en tiempos de dictadura. En este punto, hay que resaltar que, en la manifestación, se apreció una cantidad importante de banderas con identificaciones indígenas. Además, más tarde, en el escenario del Centro Cívico se escucharon varios reclamos de los pueblos originarios, así como un mini show de la rapera mapuche Urraka Negra, con dos composiciones que hablaban de la cuestión.
Por otra parte, más allá de esas referencias indígenas, hubo mucha cartelería política y sindical.
León Gieco estuvo presente a través de las letras de sus canciones, que fueron utilizadas en varios carteles.
A las 17.05, la manifestación —multitudinaria— llegó a la intersección de Onelli y Moreno, donde muchísima más gente aguardaba para sumarse a la columna popular.
Imposible calcular el total de participantes. Alcanza con decir que fueron cuadras y más cuadras de una masa humana que estallaba en el grito de Nunca más.
Las referencias en los carteles abundaban.
A las 18, la gente comenzó a ingresar en el Centro Cívico, que mostraba la bandera argentina a media asta, en alusión a la evocación de los años de plomo.
El monumento a Roca seguía tapado (desde el escenario dispuesto para la ocasión, junto al palacio comunal, apenas se distinguían, entre el perímetro del kultrún, las patas y la cola del caballo de la estatua ecuestre). En su base, un cartel equiparaba, con la palabra “genocidas”, a Jorge Rafael Videla con Julio Argentino Roca y Patricia Bullrich.
El kultrún que tapaba a Roca se divisaba desde lejos.
Sobre el tablado donde se colocaron los micrófonos, agrupaciones murgueras ponían música al frío —helado— atardecer, cantando acerca del actual gobierno argentino, pero, por ejemplo, utilizando como música de fondo la de la canción Bajo el sol de Bogotá, de León Gieco.
Tras las expresiones murgueras, llegó una versión colectiva de Los dinosaurios, el clásico de Charly García que, desde su publicación en 1983, ha sido identificado como una alusión al oscurantismo y la barbarie que reinaron durante el proceso.
"Que digan dónde están".
En un momento, en las arcadas del Centro Cívico se desplegó una bandera gigante con la exigencia “Digan dónde están”, en clara referencia a los desaparecidos.
Luego llegó el turno de los discursos.
Por un lado, Germán Schwartz, de H.I.J.O.S., recordó a su padre, Julio César, a quien vio por última vez cuando él tenía poco más de diez años, el 1° de abril de 1978, en El Bolsón.
Entre lágrimas, y un llamado levantar las consignas de la generación de la que su papá fue parte, gritó la guevarista: “Hasta la victoria siempre”.
Schwartz, de H.I.J.O.S., al frente de la marcha.
Después llegó el discurso central, a instancias de la APDH, en una colaboración de gran cantidad de asociaciones de diverso tipo que se sumaron a la propuesta.
Las palabras, claramente, apuntaron, más allá de al recuerdo de lo que sucedió hace cincuenta años, a la situación actual, tanto nacional como internacional, donde hubo innumerables dardos para el presidente Javier Milei y su gobierno, pero también expresiones a favor de Palestina, Venezuela y Cuba, por ejemplo, en oposición a la acción que lleva adelante el mandatario estadounidense, Donald Trump.
Hubo, también, pedidos de libertad para Cristina Fernández y Milagro Sala (cuestiones sobre las que se conversó bastante antes de incluirlas en la versión final del texto).
Un "mar" de gente.
Aunque estaba previsto que ese fuera un discurso unificado, tras su lectura, cuando gran parte de la gente estaba en retirada, subieron al escenario integrantes del Frente de Izquierda, quienes también leyeron algo. Si bien coincidieron en gran parte de las expresiones vertidas con anterioridad, difirieron al criticar a partidos y gremios por su papel en la aprobación de la reforma laboral (hablaron de “complicidad” y “apoyo”).
Ya eran cerca de las 20 y el frío iba en aumento.
Rostros de desaparecidos, en los carteles y en el alma.