2026-03-11

La historia del chico cuyo corazón late al ritmo de la solidaridad de Bariloche

Cada vez que debe viajar para atenderse en el Garrahan, la población colabora, y ahora necesita que lo ayuden una vez más.

Valentín Balmaceda disfruta de vivir. Mucho. 

Tiene quince años y le gusta la música. Intensamente.

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Toca la guitarra. Incluso tiene su propia banda con un grupo de amigos. Se llama Preludio, y con ella se presentará el domingo en San Martín y Pagano, dentro de un cartel que incluye a varias agrupaciones, en una jornada ideada para reunir fondos para que él pueda desplazarse a Buenos Aires y así concurrir al Hospital Garrahan. 

Porque, desde que nació, debido a un inconveniente en el corazón, su existencia ha transitado por un sendero de algodones y visitas médicas.

Valentín y su guitarra.

Con cuarenta y ocho horas de vida, estaba en un avión sanitario. “Viajó en una incubadora, todo entubado”, recuerda Rosa Ávila, su mamá.

Había llegado al mundo el 24 de abril de 2010, en el Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo" de Bariloche.

A las veinticuatro horas del parto, durante un control, los médicos notaron algo raro. “Dijeron que tenía un problema en el corazón”, dice Rosa, quien, al evocar aquello, suspira: “Se me cayó el mundo”.

De inmediato, los profesionales consideraron que convenía trasladarlo. Primero pensaron en llevarlo a Neuquén; luego determinaron que el mejor destino era Buenos Aires.

Ya en el Garrahan, tras una jornada repleta de estudios médicos, los doctores explicaron que Valentín padecía tetralogía de Fallot, un defecto cardíaco congénito que implica cuatro anomalías en el corazón y sus vasos sanguíneos: comunicación interventricular (orificio entre los ventrículos izquierdo y derecho); estrechamiento de la arteria pulmonar (la válvula y la arteria que conecta el corazón con los pulmones); cabalgamiento o dextraposición de la aorta, que se traslada sobre el ventrículo derecho y la comunicación interventricular, en vez de salir únicamente del ventrículo izquierdo; engrosamiento de la pared muscular del ventrículo derecho. La malformación puede hacer que se reduzca la cantidad de oxígeno de la sangre que va hacia el resto del cuerpo.

“Lo podemos estabilizar, o se nos muere”, anunció una médica. “En ese momento, resultó horrible, chocante, pero fue sincera y nos dijo las cosas como eran… ahora lo agradecemos”, relata Rosa, quien recuerda que, al oír aquello, se descompuso. La misma doctora le soltó: “O te tranquilizás y ves a tu hijo, o venís mañana; hay que tratar de no llorar, porque él necesita fuerza”.

Desde entonces, Rosa le ha prestado particular atención a la mirada de Valentín, y siempre la ha encontrado “llena de esperanza, con ganas de salir adelante”.

Rosa, mamá de Valentín (foto: Eugenia Neme).

El chico, desde pequeño, habla mucho. “No para”, sonríe Rosa.

Curiosamente, la primera palabra que se le escuchó decir no fue “mamá”, sino el nombre de un integrante de la banda One Direction, seguramente influenciado por sus hermanos mayores.

Su mamá recuerda un momento particular, cuando, con apenas cinco meses, emitió otra palabra. Habían viajado nuevamente a Buenos Aires, para revisar cómo seguía, y los médicos decidieron que no se podía esperar, que había que operarlo. Tras la intervención, cuando salió de la anestesia, vomitó. Fue entonces que balbuceó: “Perdón”. (Ya con ocho años, le realizaron un cateterismo cardíaco y, nuevamente, al salir de la anestesia, las náuseas le jugaron una mala pasada; la enfermera que lo acompañaba le contó a Rosa que Valentín, todo un caballero, con el pensamiento puesto en los demás, más allá de su propia situación, no paraba de disculparse).

En aquella primera operación, cuando era bebé, le cerraron la comunicación interventricular con un parche, pero los médicos advirtieron que había quedado una pequeña fuga.

Continuó yendo al Garrahan cada año, pero también debió atravesar un parate obligado.  En 2019 no fue debido a la falta de disponibilidad de turnos, y en 2020 la pandemia le impidió viajar.

Valentín, de bebé, a pura sonrisa (imagen gentileza).

Se sabía que tendrían que volver a intervenirlo, pero los profesionales aguardaban, en lo posible, a que tuviera dieciséis años, para que su cuerpo se encontrara más desarrollado. Sin embargo, en 2023, una resonancia mostró complicaciones que llevaron a operarlo antes de lo pensado.

El 12 de septiembre de aquel año, le realizaron una intervención a corazón abierto. Cuando llegó el momento de ponerle la anestesia, le consultaron si quería escuchar música. Respondió que sí. Pidió un par de temas de Luis Alberto Spinetta. Uno de ellos, Rezo por vos, junto a Charly García. Ambos son sus músicos preferidos.

De pequeño, siempre mostrando las ganas de superar cualquier obstáculo (imagen gentileza)

La operación, en esencia, salió bien. “Dejó de agitarse tanto”, dice Rosa. Debe tenerse en cuenta que, antes, sólo caminar algunas cuadras implicaba, para él, un cansancio extremo.

Pero, más adelante, durante un control, se percataron de que “una de las dos válvulas que le cambiaron estaba tapada y no funcionaba bien”, según explica la mamá.

Eso llevó a la necesidad de realizar una resonancia. “Viajamos el año pasado, para poder hacerla, pero, cuando llegamos al Garrahan, los cardiólogos estaban de paro”, apunta Rosa, quien detalla que tienen un nuevo turno para el 19 de marzo.

Una vez que se cuente con los resultados, se sabrá cómo seguir (entre las posibilidades, está la de una nueva operación).

Durante uno de sus estadías en Buenos Aires (imagen gentileza).

La situación económica de la familia dista de ser la mejor. Por ejemplo, Rosa, en este momento, se encuentra sin trabajo. Y, claramente, cada viaje a Buenos Aires implica gastos importantes. Además, nunca se sabe la fecha de regreso, porque en caso de necesitar otros estudios o alguna acción médica puntual la estadía se extiende, como les ha sucedido en varias ocasiones. Por eso, como en veces anteriores, a partir de la colaboración de amigos, se organizó una jornada plena de recitales bajo el nombre Valentín Fest.

La mamá de Valentín junto a la rapera Urraka Negra y Lautaro Navarro, de la productora Patagonia Aukan, quienes, desde hace años, colaboran para organizar festivales de música para que la familia pueda viajar al Hospital Garrahan. “A Valentín lo queremos un montón, es un genio, un pibe buenísimo”, dice Lautaro (foto: Eugenia Neme).

El domingo, desde las 18, en San Martín y Pagano, diversos músicos convergirán para ayudar a que el chico pueda viajar.  Estará Santo Murgón del Frutillar, con su propuesta carnavalesca. Luego, de la mano de Kivuqui, la música electrónica dirá presente. También actuará la rapera Urraka Negra, quien presentará su nuevo trabajo, titulado Winka Trewa.  Después llegarán Preludio (con Valentín en escena), Patagonia Libertad y Nekrokiller. El cierre, en tanto, estará a cargo de los neuquinos de Serphika.

Las entradas anticipadas pueden conseguirse en la peluquería ubicada en Neuquén 268, o bien telefónicamente al 2944216463. Lo recaudado será enteramente destinado a ayudar a Valentín y su familia, para que puedan afrontar los costos del viaje a Buenos Aires.

Más allá del Valentín Fest, existe la alternativa de colaborar a través de depósitos (el alias es valucito.mp).

Mirando hacia el futuro (imagen gentileza).

Mientras espera debutar “oficialmente” con Preludio, y aguarda el próximo viaje a Buenos Aires, Valentín continúa poniéndole música a su vida. Escucha a Spinetta, a Charly, a Queen… También mira películas de los ochenta y los noventa (su actriz favorita es Winona Ryder).  Además, claro, recibe el cariño de la gente que festeja sus ganas de vivir. 

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