El Museo de la Patagonia abre sus puertas a propuestas de arte visual contemporáneo
Dos muestras de artistas plásticos, una individual, de Gustavo Viozzi, y otra colectiva, de Sandra Guerrero, Diego Sánchez Borda y Milagro Torres, coindicen en la sala Chonek del Museo de la Patagonia, en el Centro Cívico de Bariloche, a partir de la curaduría de Claudio Zuperovich, quien, precisamente, destaca la decisión de la institución de impulsar “una apertura tendiente a acompañar proyectos de artes visuales”.
Zuperovich, además de ser él mismo un artista visual, se define como “una persona interesada en gestar proyectos para acercarlos a la comunidad”.
De esa manera, señala que acompaña los procesos de diversas personas comprometidas con una búsqueda artística. “Es algo que me motiva mucho”, señala.
Originalidad en el Museo de la Patagonia (foto: Facundo Pardo).
PRESENTACIÓN COLECTIVA
Al ingresar en la sala Chonek, el primer espacio presenta una muestra denominada “Espíritu, razón y mirada”, donde convergen trabajos de tres autores.
Las obras que allí se ven, según aprecia el curador, Claudio Zuperovich, son de “artistas bien diferentes entre sí”.
“Esa característica ayudaba a situar a cada uno de ellos en su propio proceso de investigación y búsqueda, y eso creo que es lo más valioso”, dice.
Sandra Guerrero, delante de sus creaciones (foto: Facundo Pardo).
En lo que hace puntualmente a Sandra Guerrero, el curador cuenta que es una mujer que estudia Ciencias Antropológicas en la Universidad de Río Negro, y que ya ha colaborado con ella en exposiciones individuales.
En esta ocasión, forma parte del sector colectivo, con hojas que presentan trazos rectos que se van hilvanando. “Explora la cuestión de las estructuras, desde un lenguaje despojado, trabajando con fibras, fibrones y resaltadores”, apunta Zuperovich, quien resalta: “Me interesa el artista en su integridad, porque no está separado de las otras órdenes de su vida, y ella está terminando la carrera de Antropología, y de ahí sale esa mirada reflexiva sobre las estructuras, los mandatos, y acá, en vez de explorar eso desde la palabra, lo investiga desde el discurso visual”.
“Procesa cosas vinculadas a lo que estudia, pero desde otro lugar, abriendo otra espacialidad. Creo que ella me motivó a incluir la palabra ‘razón’ en el nombre de la muestra”, apunta, y reflexiona: “El arte como forma de seguir investigando”.
Diego Sánchez Borda y una especie de collage formado por varias piezas (foto: Facundo Pardo).
Diego Sánchez Borda, en tanto, el año pasado había pasado por otro espacio del Museo de la Patagonia, la sala Girgenti, con una instalación denominada Bruma, donde en el techo se veía un entramado de papel y, debajo, desde una máquina de escribir Remington ubicada sobre un pequeño banco salía una hoja que parecía no tener fin.
Ahora, en la sala Chonek, varias acuarelas sobre papel de mezclan sobre la pared conformando una figura única.
Entramado a manera de una instalación hecha de acuarelas (foto: Facundo Pardo).
“Es un artista multifacético”, lo define Zuperovich. “En este caso, aparece su labor con acuarela, pero también surgen las tensiones sobre las que le gusta trabajar. No es una obra para exponer de manera prolija, sino que se busca mostrar la conflictividad en un proceso de búsqueda, por eso aparece una determinada composición”, añade.
Milagro Torres, junto a sus cuadros de miradas especialmente expresivas (foto: Facundo Pardo).
Milagro Torres, por su parte, presenta dos pinturas en óleo (“Como una decisión estratégica”, según indica Zuperovich). En una obra se ve el rostro de una mujer; en otra, el de un hombre. Ambas figuras, cargadas de expresión. El curador resalta que se trata de un trabajo de mucho tiempo de elaboración. “Esta es su primera exposición. Los cuadros traen escenas que condensan una historia, ya que recupera personajes de textos que escribió en su época universitaria, a los que ahora les dio imagen”, explica. Más allá de esa referencia a una inclinación literaria, Milagro es bióloga y se desempeña en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y de la Universidad Nacional del Comahue).
Rostros que hablan... (foto: Facundo Pardo).
MUESTRA INDIVIDUAL
En el segundo espacio de la sala Chonek, se encuentran, bajo la denominación “Naturaleza humana”, las creaciones de Gustavo Viozzi, biólogo y profesor en la Universidad Nacional del Comahue, además de investigador del Conicet, especializado en parasitología de animales silvestres, quien ha desarrollado un camino en el arte a partir de “un proceso híbrido”, según define el curador de la muestra, Claudio Zuperovich.
Gustavo Viozzi, un biólogo artista... o un artista biólogo (foto: Facundo Pardo).
“Es muy interesante la manera en que cruza su mirada biológica con lo artístico y luego la expande a la poesía, que también se presenta”, apunta el curador, y la referencia alude a que, en una de las paredes del Museo de la Patagonia, se esparcen versos que, de algún u otro modo, se vinculan con las creaciones. Por ejemplo, un texto dice: “Después de tanto/ olvidé el brillo de tu mirada/ por eso te pido/ descuidar por un rato la lucha/ y a la cuenta de tres/ dar media vuelta/ para volver a reconocernos”. En cualquier caso, a los versos, si bien nacieron acompañando sus obras, se optó por no colocarlos al lado de aquella a la que corresponden, sino situarlos a un costado, todos juntos, para que el propio observador delinee hacia donde apuntan las palabras allí esparcidas, en diálogo con su imaginario.
Como forma de exhibir plenamente su sendero vivencial en al arte más allá de las pinturas, a los lados del sector donde se ubican sus obras, hay dos vitrinas. En una se presentan dibujos de su etapa como estudiante de Biología, donde se presentaba el germen cultural que luego afloraría con mayor determinación. En la otra, hay una colección de invertebrados, vinculada a sus intereses de investigador.
Arte y ciencia (foto: Facundo Pardo).
“A lo largo de sus pinturas, colocó emojis, que son una especie de testigos que no pertenecen directamente a las historias que relata”, aprecia el curador, quien señala que, de esa manera, luego surgió la idea de “materializar” esos símbolos, lo que ha llevado a que, más allá de su ubicación en las pinturas (representados en forma muy pequeña), salgan de las hojas y aparezcan como bolas amarillas con ojos en distintas partes de la sala.
Un emoji, como testigo de la obra (foto: Facundo Pardo).
EL CURADOR
Claudio Zuperovich ha trabajado con diversos modos de expresión, por ejemplo, a partir del videoarte, el dibujo, la escritura (“Pensada a partir de mi perfil de artista visual, no como escritor”, aclara). Además, brinda talleres y, también, es arteterapeuta.
Nació en 1974 en Córdoba, donde realizó sus estudios en Arte, y lleva veinticuatro años en Bariloche (“Ya me siento barilochense”, afirma).
Los últimos años lo han encontrado muy activo en lo que hace a la curaduría de exhibiciones. “Al rol de curador lo pienso como un mediador entre los artistas y la gente, en diálogo con la institución que cobija una muestra”, explica.
“Para mí, es importante hacer algo pulido, cuidado, para que aquello que presentan los artistas puedan llegar mejor a la comunidad”, añade, aunque aclara: “Siempre sin subestimar a los observadores, porque la gente hace sus propias lecturas, y lo lindo del arte es que nos expande”.
Claudio Zuperovich, el curador de las muestras que pueden disfrutarse en el Museo de la Patagonia (foto gentileza).
HORARIOS
Tanto la muestra colectiva —“Espíritu, razón y mirada”— como la individual —“Naturaleza humana”— podrán visitarse hasta el 13 de marzo, en la sala Chonek del Museo de la Patagonia, de lunes a viernes, de 10 a 12.30 y de 14 a 17.
Los artistas, unidos (foto: Facundo Pardo).