ESCÁNDALO
El comentario de Gabriela Sari que detonó el conflicto entre Facundo Arana y María Susini
María Susini venía sosteniendo un perfil bajo tras la separación de Facundo Arana, pero en las últimas horas un detalle volvió a mover el tablero. No fue una foto ni un comunicado, sino una palabra suelta pronunciada en público que rebotó como una piedra en el agua y generó interpretaciones.
El nombre que quedó asociado a ese gesto fue el de Gabriela Sari. En “Mitre Live”, Juan Etchegoyen dijo que María Susini estaría incómoda con la cercanía entre Facundo Arana y Gabriela Sari, vínculo que ellos presentan como amistad. En ese marco, cualquier señal mínima suma ruido.
Etchegoyen aseguró que el corte en la pareja no habría sido un acuerdo liviano. “Escuché de todo con respecto a la ruptura pero nadie según mi información dijo lo que realmente sucedió acá”, dijo al aire, dando a entender que el trasfondo es más complejo de lo que se contó públicamente.
En esa misma línea, el periodista deslizó que la decisión de terminar la relación habría salido de María Susini y que el conflicto real no se reduce a desgaste cotidiano. “Acá hay algo íntimo que ninguno de los dos pudo superar”, lanzó, sin avanzar con detalles, pero instalando la idea de una herida que sigue abierta.
Con ese clima, apareció la frase que encendió las miradas. Gabriela Sari definió a Facundo Arana como “bombón” y el timing fue lo que más llamó la atención, porque ocurrió cuando el tema de la separación todavía estaba fresco en la conversación mediática.
Etchegoyen fue directo sobre el efecto de ese comentario. “A mí me dicen que María Susini tiene serias dudas de la relación de Facundo con Gabriela Sari”, afirmó, y planteó dos hipótesis: que Susini haya visto algo antes o que el elogio reciente haya reforzado sospechas. “Es por lo menos extraño que Gabriela defina como bombón a Arana en este contexto”, agregó.
Facundo Arana y María Susini comparten tres hijos y, hacia afuera, intentaron sostener un tono respetuoso. Pero cuando una palabra queda escrita en la memoria pública, ya no importa si fue chiste, halago o impulso: el daño, si existe, no necesita pruebas.