LA PASA MAL
La confesión más dura de Oriana Sabatini sobre su embarazo: “Pensé que era más lindo”:
El embarazo suele venderse como un estado de plenitud absoluta, pero Oriana Sabatini decidió correrse de ese relato edulcorado y contar lo que casi nadie dice. Sin maquillaje ni romanticismo sobre la “dulce espera”, la cantante habló del costado más incómodo, agotador y silencioso de la gestación, ese que no entra en las postales felices de redes sociales.
Desde el inicio, Oriana fue clara: su cuerpo no lo está viviendo como una experiencia idílica. El malestar físico se volvió una constante que condiciona su rutina diaria, sus ganas de salir e incluso su vínculo con la comida, algo que reconoció como uno de los golpes más difíciles de atravesar en este proceso que inició cuando se enteró que será mamá con Paulo Dybala.
“Levantarse casi todos los días sintiéndose mal, con náuseas que duran hasta la tarde, te cambia todo”, admitió la hija de Cathy Fulop y Ova Sabatini con una honestidad brutal. La frase resonó fuerte porque corre el velo de una vivencia que muchas mujeres atraviesan, pero pocas se animan a poner en palabras.
La incomodidad no es solo corporal. Oriana también habló del impacto emocional que tiene convivir con la culpa de no sentirse “agradecida” todo el tiempo. “Pensé que era más lindo”, lanzó, sintetizando en cuatro palabras una decepción íntima que suele vivirse en silencio mientras espera la llegada de su primera hija, que tiene fecha de parto para marzo.
Aun así, dejó en claro que no se trata de rechazo ni de falta de amor. Muy por el contrario, destacó la dimensión inmensa de llevar una vida dentro suyo, una experiencia que definió como increíble, poderosa y transformadora, aunque aclaró que ese milagro no viene sin costo físico y emocional.
El contraste es brutal y real: mientras algo crece, algo duele. Mientras hay ilusión, también hay cansancio extremo, angustia y una sensación de pérdida de control sobre el propio cuerpo. Una dualidad que existe, aunque incomode.
Con su testimonio, Oriana abrió una conversación necesaria sobre la maternidad real, lejos del mandato de la felicidad permanente. Su relato pone palabras donde antes había silencio y habilita a otras mujeres a no sentirse falladas por no vivir el embarazo como un cuento.